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“La dama de la Cordillera”: es docente y se convirtió en la primera mujer en replicar la hazaña de San Martín

·10  min de lectura
Adriana Geymonat, una maestra sanmartiniana
Adriana Geymonat, una maestra sanmartiniana - Créditos: @Santiago Hafford

LA PLATA.- Adriana Geymonat tiene 53 años y es docente del área artística en colegios primarios y secundarios de esta ciudad. Desde pequeña desarrolló un particular interés por la historia argentina y sus próceres, en especial por la figura del general José de San Martín.

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Con indisimulado orgullo, esta maestra nacida en la capital bonaerense y que pasa la mayor parte de sus días corriendo de una escuela a la otra esgrime una proeza extraordinaria: es la primera mujer en replicar los seis pasos de la Cordillera de los Andes por los que San Martín y su ejército se aventuraron en su gesta por la independencia de Chile.

En septiembre de 2020, la Comisión de Homenaje a la Marcha de San Lorenzo le otorgó el título de “maestra sanmartiniana”, que desde 2004 distingue a educadores de todo el país por considerarla una “incansable difusora de la Patria Sanmartiniana, transcriptora infatigable de las actas de la Familia San Martín y eficaz colaboradora de nuestras instituciones”. En octubre de ese año, en reconocimiento a su esfuerzo y entusiasmo en la difusión de los valores sanmartinianos, Geymonat fue ungida como Granadera del Escuadrón de Granaderos Reservistas y Honorarios del General San Martín, galardón con el que marcó otro hito al ser la primera mujer civil en recibirlo. En marzo último, el Concejo Deliberante platense la declaró “vecina destacada” y hasta desde la oficina porteña de Naciones Unidas le mandaron un diploma para celebrar sus logros.

Todo comenzó en 2017 cuando se entusiasmó con la idea de ponerse en la piel de San Martín y su ejército y sumarse a una expedición que, para conmemorar el bicentenario del Cruce de los Andes, atravesaría a lomo de mula y caballo por el camino de Los Patos hasta los terrenos de la vieja hacienda de Chacabuco, al norte de Santiago de Chile, para revivir la batalla donde las fuerzas comandadas por el Libertador vencieron a los realistas. Se había enterado del viaje por su madrina, que fue quien la alentó a realizarlo. Desde entonces su vida dio un vuelco.

“Como docente siempre busqué la manera de poder enseñar a los alumnos de una manera de sembrar en ellos el amor por nuestro país y sus próceres”, señala
“Como docente siempre busqué la manera de poder enseñar a los alumnos de una manera de sembrar en ellos el amor por nuestro país y sus próceres”, señala - Créditos: @Santiago Hafford

Espíritu intrépido

Si bien siempre se caracterizó por su espíritu intrépido, hasta aquel día nunca se había subido a un caballo ni sabía de qué se trataba el montañismo, pero la emoción que la embargó durante la travesía fue tan fuerte que la llevó a pergeñar el impensado desafío de atreverse al resto de los pasos que usó el Ejército sanmartiniano para cruzar la cordillera. Desde entonces, ahorró durante el año y cada verano se entregó a una odisea que logró consumar en el último verano cuando pudo sortear el último y más dificultoso de los trayectos: el Paso de Guana.

Así, Geymonat erigió su propia gesta. “Me fascina la historia. De chica le pedía a mis padres que me llevaran a los lugares donde habían pasado cosas importantes”, cuenta la mujer, que recibe a LA NACION en su casa con un barbijo que lleva sobreimpreso el rostro de San Martín. Y agrega: “Como docente siempre busqué la manera de poder enseñar a los alumnos de una manera de sembrar en ellos el amor por nuestro país y sus próceres”.

A medida que iba compartiendo en las redes sus andanzas, se dedicó a profundizar sus conocimientos sobre la figura del Padre de la Patria. Se embarcó en la lectura de textos de historia, biografías y otros documentos y entró en contacto con miembros de asociaciones sanmartinianas e historiadores enfocados en su figura en el país y el exterior. También fue recuperando parte de la memoria oral que subsiste entre lugareños y baqueanos.

Aventurarse en la montaña implica soportar el rigor de un clima extremo y cambiante y exponer al cuerpo a jornadas agotadoras plagadas de riesgos y privaciones. De hecho, para realizar cualquiera de estos cruces es necesario firmar un deslinde de responsabilidades ya que, frente a una emergencia, no hay forma de garantizar la llegada de equipos de rescate en el corazón del macizo.

No obstante, hay algo que para Geymonat permite contrarrestar todas las adversidades y que surgió de una sensación solo experimentada en esas circunstancias. Allí, montada en una mula, en medio de un silencio solo quebrado por la ventisca, en la inmensidad desolada de la columna vertebral del continente, el paisaje se carga de simbolismos y “es posible sentir a la Patria”, afirma conmovida. Y señala: “Nada de lo que uno imagina previamente se acerca a lo que se vive en la Cordillera”.

Adriana Geymonat, en el camino de Los Patos, en 2017
Adriana Geymonat, en el camino de Los Patos, en 2017 - Créditos: @Gentileza de Adriana Geymonat

Para la maestra el primer cruce fue muy movilizador y disparó todo lo que vino después. Sufrió un esguince a poco de llegar al cruce y gracias a un preparado a base de hierbas que le proporcionó un baqueano logró seguir adelante. Cuando el contingente de 18 expedicionarios y ocho baqueanos con el que realizó la travesía llegó al límite con Chile, uno de los coordinadores reprodujo la arenga de San Martín a la tropa y le pidió a Adriana –que tiene estudios en canto lírico– que interpretara el himno al General San Martín. Fue para todos los presentes, pero especialmente para ella, un momento mágico, inolvidable. Ella solo había sentido ese cosquilleo sobrecogedor cuando en 2016 visitó las Islas Malvinas.

“Cuando volví de la Cordillera algo en mí había cambiado. Estaba decidida a intentar hacer las otras rutas para completar los itinerarios del Ejército sanmartiniano”, cuenta. Y cumplió: en 2018 hizo el cruce por el Paso de Portillo; al año siguiente por Comecaballos; en 2020 por Planchón; el año pasado por Uspallata; para terminar, en el verano último, con el de Paso de Guana. Así, a lomo de mula o caballo, junto a grupos de expedicionarios o solo acompañada por baqueanos al cabo de seis años logró recorrer los seis pasos.

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La sombra del Libertador

La última de las seis travesías realizadas por Geymonat, fue, sin dudas, la más difícil. Por el Paso de Guana cruzó la columna conducida por el teniente coronel Juan Manuel Cabot, un tucumano que, al mando de voluntarios sanjuaninos y chilenos, contribuyó a liberar el puerto de Coquimbo. Fueron once días –entre el 9 y el 21 de enero últimos– de lidiar con un terreno virgen, muy escarpado, casi vertical, y un clima hostil que incluyó fuertes tormentas eléctricas y de nieve y temperaturas que oscilaban de 40 a los 10 grados bajo cero.

“Tuve mucho miedo, al punto que creí que iba a morirme y entre sueños se me apareció una sombra del General”, confiesa. Durante el camino vadearon cursos de aguas caudalosos, tuvieron que hacer muchos tramos a pie al borde de precipicios, trepar con sogas, sortear zonas con riesgo de desmoronamiento.

En un momento, en medio de una lluvia helada, se escaparon los caballos espantados por los truenos y Geymonat tuvo que quedarse sola, mientras el baqueano Juan Felipe Aranda salió a buscar a los animales. El temporal arreciaba y no había dónde protegerse y ella se aferró a una estatuilla de la Virgen de La Merced que la presidenta de la Asociación Belgraniana de San Juan, Nicolasa Narváez, le había dado para que llevara al mojón fronterizo, junto a una réplica de la Bandera Ciudadana que enarboló la tropa comandada por Cabot. “Estaba sola en medio de la montaña y llevaba varios días mojada sin poder cambiarme y alimentándome solo con frutos secos. Lloré mucho y pensé lo peor. Entonces le pedí a la Virgen que si tenía que morir que me permitiera dormirme”, relata. Vencida por el cansancio logró conciliar el sueño. “De pronto se me apareció el rostro de la Virgen y la voz de una sombra que me llamaba y para mí era San Martín.”

El sonido de la tos del baqueano, que había vuelto con los animales, la devolvió a la realidad. Geymonat despertó con nuevos bríos, animada a cumplir el objetivo. “La subida final era muy empinada y la hice llorando de alegría y agradeciendo a Dios, a la virgencita y a San Martín que me habían dado el último empujón. Cuando llegué al hito se me fueron todos los dolores y la angustia y sentí una gran satisfacción por estos seis años de gran esfuerzo y preparación física y psicológica”, dice.

En enero pasado, hizo el cruce de el Paso de Guana
En enero pasado, hizo el cruce de el Paso de Guana - Créditos: @Gentileza de Adriana Geymonat

Hazaña

Geymonat, a quien en la zona de Cuyo la prensa bautizó como la “Dama de la Cordillera”, dicta materias vinculadas a Historia del Arte y Expresión Corporal y vive con su madrina. Fuera de su devoción por San Martín, su otra pasión es el fútbol. Sigue la campaña del equipo de sus amores: Gimnasia y Esgrima La Plata. En uno de los cajones del armario de su dormitorio guarda, junto a las remeras y buzos con motivos sanmartinianos, varias camisetas del Lobo.

En este tiempo se ha convertido en una importante divulgadora de la gesta sanmartiniana. Cada vez con mayor frecuencia recibe invitaciones para participar de charlas en escuelas e instituciones donde habla sobre San Martín, contar su experiencia y poner la voz para entonar las canciones patrias.

En esos encuentros destaca, sobre todo, los principios, la entrega y la destreza de San Martín como estratega militar, pero también le gusta explorar otras facetas no tan conocidas del hombre detrás del bronce.

“Al realizar los pasos que siguió el Ejército de los Andes, lográs captar la verdadera dimensión de la epopeya independentista y entender que se trató de una hazaña sin precedentes. El cruce te transforma y te ayuda a rescatar valores perdurables como el amor por la libertad, la tenacidad, el compromiso, la voluntad y la lealtad, así como la importancia del esfuerzo, el trabajo y el estudio que yo intentó transmitir a los demás”, afirma y reserva un consejo para quienes quieran seguir sus pasos: “La Cordillera te da todo, pero también te puede quitar todo. Los sanjuaninos dicen que a la montaña hay que respetarla siempre y tratarla de usted. Tienen mucha razón”.

Poco a poco el comedor de su casa ha mutado en una suerte de museo en el que atesora distinciones y souvenirs de sus viajes. Banderas, medallas, estatuillas y diplomas se mezclan con numerosos objetos característicos de cada punto del territorio nacional en los que estuvo. Uno de los presentes más preciados es un poncho hecho artesanalmente en Catamarca en base a un modelo que conserva el Museo Histórico Nacional.

Durante las últimas vacaciones de invierno, Geymonat estuvo en Yapeyú, donde visitó el templete que cobija los restos de la casa natal del Libertador. Allí, las autoridades locales le entregaron la bandera del municipio, una enseña concebida en 2011 en base a propuestas surgidas de instituciones de la comunidad en la que se resalta la impronta del vecino más notable que dio al mundo ese distrito correntino.

Nuevo desafío

La maestra sanmartiniana ahora va por más. El próximo verano se propone seguir los pasos del Libertador en Perú y llegar hasta el famoso balcón de Huaura, desde donde el 27 de noviembre de 1820 el militar argentino proclamó el primer grito emancipatorio de ese país. Pero eso no es todo: en 2024, proyecta viajar a Boulogne-sur-Mer, en el norte de Francia, donde se encuentra la casa museo en la que San Martín pasó sus últimos días.

Por momentos no puede creer todo lo que le pasó en la vida desde aquel primer cruce de 2017. A veces, cuando recibe un nuevo reconocimiento se sienta en un rincón del living junto a las fotos de sus travesías y la asalta un llanto emocionado. “Estoy profundamente convencida de los caminos de superación que se recorren con esfuerzo, trabajo y estudio”, dice y hace suya la frase sanmartiniana que en el último tiempo repite con tono enfático, casi como un sello de identidad: “Seamos libres lo demás no importa nada, ¡Viva la Patria!”.