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El carbón, la industria que muere pese a la promesa de Trump de salvarla

Después de 65 años, la central eléctrica Mitchell, enclavada al sur de Pittsburgh, justo a orillas del río Monongahela, duerme el sueño eterno en espera de un día ser completamente demolida.

Dentro de la garita del único guardia que vela por esta enorme armazón de hierro hay una pequeña pizarra en la que varios trabajadores escribieron cuando hace seis años la central apagó definitivamente sus calderas.

“Que en paz descanses, Mitchell. Nos diste unos buenos años”, dice una de estas frases, según un reportaje de la CNN.

La planta de energía eléctrica producida por carbón de Longview, situada en Maidsville, West Virginia.. Foto: Spencer Platt/Getty Images.

Mitchell es tan solo un eslabón de la enorme cadena de producción de energía que ha ido quedando rezagada, desplazada además por la producción del gas natural fracturado y el auge de las energías renovables, como la eólica y la solar, mucho más baratas.

Junto con esta planta, en 2013 también cerró la cercana central de Hatfield’s Ferry.

El sector de la energía eléctrica es el mayor consumidor de carbón del país, ya que representa el 93% del consumo total de carbón de los EEUU.

La disminución del consumo de carbón desde 2007 se debe tanto a las jubilaciones de las centrales eléctricas de carbón como a la disminución de los factores de capacidad, o utilización, de las plantas de carbón, a medida que el aumento de la competencia del gas natural y las fuentes renovables han reducido la cuota de mercado del carbón.

2018 será el segundo año con más retiro de plantas de carbón. La producción de carbón descendió un 4% en relación con 2017, el nivel más bajo desde 1979.

En su momento, muchos le echaron la culpa a la administración Obama y creyeron en los cantos de sirena proferidos por el candidato llamado Donald Trump, cuando prometió ponerle fin a la llamada “guerra contra el carbón”.

Pero la realidad dice que a lo largo de estos dos primeros años de mandato del multimillonario neoyorkino, muchas más centrales eléctricas alimentadas por carbón han tenido que cerrar sus puertas, obligadas por la competencia y el libre mercado.

De hecho, con Trump se han cerrado más que durante los primeros cuatro años del gobierno de Obama.

Seguidores de Trump con un cartel en el que se puede leer: “Trump cava carbón”. El 21 de agosto de 2018. Foto: MANDEL NGAN/AFP/Getty Images.

Sin embargo, para un veterano minero como Art Sullivan siempre estuvo muy claro que Trump mentía. “Estaba tratando de obtener sus votos -asegura-. Les estaba mintiendo”.

Lo mismo pasó con Hillary Clinton, cuando en un acto de campaña en Ohio dijo -en un conocido traspiés electoral- que dejaría sin opciones laborales a miles de trabajadores del carbón, lo cual ensombreció una promesa anterior de destinar un paquete de ayuda de 30 mil millones para las comunidades que estuvieran en problemas.

De acuerdo con Blair Zimmerman, sus compañeros mineros en el Condado de Greene, Pensilvania, confiaron con naturalidad en Trump. “Si alguien que tiene una enfermedad o un cáncer y el médico dice ‘puedo curarlo’, claro que creerá. No puedo culparlos ni cuestionarlos por confiar en Trump”, señaló.

Ahora, como comisionado del condado, Zimmerman es parte de un grupo local que espera atraer a inversionistas de gas natural de Texas para que perforen en Pennsylvania, mientras se burla de los esfuerzos de la administración de Trump para desregular las centrales eléctricas de carbón.

Regulaciones medioambientales

Por orden de Trump, en diciembre pasado la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) decidió reconsiderar la normativa anterior sobre la emisión de gases tóxicos a la atmósfera, así como retirar la justificación de los requisitos. Con esta medida, las empresas de carbón podrían liberar mucho más mercurio y otras sustancias tóxicas, lo que les serviría como estímulo para relanzar su producción.

Para Trump y para el lobby del carbón, una menor regulación podría impulsar la industria del carbón y quizás conducir a generar una electricidad más barata, si bien no tuvieron en cuenta los informes que aclaran que estos cambios en la regulación podrían llevar a que se produzcan 1.400 muertes más prematuras por año, de aquí al año 2030.

Sin embargo, la misma EPA se unió a fines de noviembre en otras 11 agencias nacionales , entre las que se encuentran el Pentágono y el Smithsonian, para advertir sobre el futuro catastrófico que nos espera, a menos que se tomen medidas drásticas para frenar el cambio climático.

“Creo que hay suficiente resistencia en el sistema (de la Tierra) para que podamos soportar un período de cuatro años de Donald Trump -opinó Michael Mann, climatólogo de Penn State-. No estoy seguro de que podamos soportar dos años”.

Mann es uno más entre los investigadores del clima que sostienen que para salvar la vida en la Tierra como la conocemos, las naciones ricas como Estados Unidos necesitan cambiar a una electricidad que no provenga del carbono antes del año 2030.

Para este especialista, ello significaría que el 80% de las reservas actuales de carbón deberían quedarse donde siempre han estado, bajo tierra.

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