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El impacto económico de la inmigración venezolana a Colombia y Brasil

Una bandera de Venezuela durante una manifestación contra Nicolás Maduro en Caracas, el 7 de febrero de 2017 (AFP | Federico Parra)

Por Francisco Acosta Fragachan-. El mundo observa con atención el importante movimiento migratorio de los desplazados por la guerra civil en Siria y la inestabilidad política del medio oriente en general, movimiento que ha puesto en aprietos a potencias económicas europeas, particularmente a Alemania, y que, a su vez, sirvió como uno de los argumentos principales en la campaña por la salida de Gran Bretaña de la Union Europea.

Ahora bien, imaginemos que algo parecido ocurre en América del Sur, que millones en forma espontánea decidan emigrar e ingresar a cualquiera de los países del sur del continente. ¿Podría alguna de esas economías soportar tal presión migratoria sin sumergirse en una profunda crisis política, económica y social?

La respuesta es no, y lo peor es que tal escenario ya está en pleno proceso de gestación. La fuente de origen de tal corriente migratoria es Venezuela y los países objetivo de los emigrantes en esta segunda oleada son Colombia y Brasil.

¿Por que hablamos de una segunda oleada? En una primera oleada salieron, según cifra estimadas, un millón y medio de venezolanos, en su gran mayoría de las clases media y alta que eligieron como destino EEUU, Panamá y la Unión Europea, principalmente España, Portugal e Italia.

Todos con un alto nivel de educación, algo de ahorros y habilidades que les han permitido incorporarse a la fuerza laboral de los países receptores sin constituir carga. Esos han pasado inadvertidos y no han sido objeto de mayor preocupación.

Pero lo que se está gestando en estos momentos es otra cosa, hablamos de millones que de una forma u otra tienen nexos familiares con Colombia y de otros cientos de miles que por razones geográficas ven a Brasil como su destino natural.

Problemas por los que atraviesa Brasil

Por ejemplo, en el estado fronterizo del Roraima la presión se hace inmanejable.

Según datos de la gobernación de dicho estado, más del 75% de las camas en los hospitales públicos están ocupadas por venezolanos, las escuelas públicas registran cada día mas niños de familias inmigrantes del vecino del norte y el presupuesto estatal no soporta tal emergencia.

En la ciudad fronteriza de Pacaraima ya las cosas empiezan a salir del control de las autoridades. En septiembre del 2016, el Sistema Unico de Salud de Brasil visitó el lugar para evaluar la crisis y el congresista Hiran Comcalvez (PP) solicitó medidas federales de emergencia, según reseñó el diario brasilero Folha,

El mismo diario señala declaraciones de la senadora Angela Portela quien declaró a Folha, que ha pedido al Ministerio De Integración Nacional y al Ministerio de Justicia de esa nación “tomar conciencia” de la crisis humanitaria en Boa Vista y Pacaraima.

La Parlamentaria Portela también declaró a Folha que la inmigración de venezolanos a Roraima alcanzó niveles históricos y se puede considerar como la mayor migración internacional que se haya registrado en el estado desde su creación, por lo que exigió ayuda federal inmediata.

Según las autoridades brasileñas, las solicitudes de refugio de venezolanos crecieron cerca del 7.000% durante el 2016, en comparación de las cifras del 2015. Aun cuando todavía hablamos de unos pocos miles, la crisis ya se manifiesta en la incapacidad presupuestaria para atender el flujo de inmigrantes.

En las ciudades Colombianas que hacen frontera con Venezuela la situación no es distinta a las del Brasil. De hecho, en cierta forma, es peor. Miles empezaron a ir solo de compras en busca de artículos de 1ra necesidad que han desaparecido de los mercados venezolanos, pero cada dia son mas lo llegan para quedarse.

Impacto en Colombia

Las autoridades colombianas han estado estudiando la situación pero no han manifestado, a diferencia de Brasil, acciones concretas para atajar el problema. Lo que sí mencionan los medios de comunicación de la ciudad fronteriza de Cúcuta es el incremento de la prostitutas venezolanas en las detenciones que se realizan regularmente en operativos para controlar el tráfico humano, en donde se ha llegado a identificar que 8 de cada diez mujeres en custodia provienen de Venezuela.

Es indudable que de mantenerse la tendencia, muy pronto las ciudades colombianas y brasileñas cederán ante las presiones migratorias y podrá colapsar ante la incapacidad de atender a las decenas de miles que ven en la emigración una alternativa para poder sobrevivir a la hambruna y el crimen que azotan a Venezuela.

Según las autoridades colombianas entre lo años 2012 y 2015 se habían entregado mas de 58.000 cédulas de identidad a Venezolanos y el número de inmigrantes sube sin que en el inmediato plazo se plantee ninguna acción concreta para atender la situación.

Si analizamos los acontecimientos en Venezuela y analizamos la tendencia a emigrar que se registra cada vez con mayor fuerza en todas las capas de sociedad venezolana, se podría pronosticar una crisis sin precedentes con el potencial de desestabilizar la región.

¿Favorable para el gobierno venezolano?

Desde el punto de vista político el gobierno venezolano podría ver la emigración con buenos ojos: baja la presión pública, mejoran sus índices de empleo y el dinero que potencialmente podrían enviar en el futuro los emigrantes a sus familias en Venezuela siempre será bien recibido por una economía ávida de divisas con un desbalance inmenso en su balanza comercial.

Desde el punto de vista económico, para los países receptores ya se acabó el flujo de familias ricas y profesionales universitarios, lo que viene es mano de obra poco capacitada y desesperada por conseguir cualquier empleo. Al contrario de lo que ocurre en Venezuela, en los países receptores se incrementarían las presiones laborales y es muy posible que las estadísticas de empleos se vean afectadas negativamente.

Otro aspecto negativo relevante es el efecto que podría tener en las ya deprimidas economías locales. La exportación neta de capitales que podrían generarse como consecuencia de las remesas de los venezolanos inmigrantes a sus familiares en Venezuela. Recordemos que las economías de ciudades como Cúcuta en Colombia y Boa Vista en Brasil ya se ven seriamente afectadas por la drástica disminución de las corrientes de comercio con Venezuela como producto de la dramática disminución del tamaño de la economía del país petrolero.

Para concluir podemos decir que el impacto regional del éxodo de venezolanos a los países vecinos se presenta como una amenaza material que atentaría contra la relativa estabilidad que ha manifestado la región en los últimos años.