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El lado gris del ‘verano azul’ de los profesores: despidos masivos que pasan desapercibidos cada año

Para los niños, las vacaciones son un alivio. Disfrutar del verano en libertad, sin clases ni deberes, es un descanso que se considera bien merecido. Sus profesores, en cambio, se enfrentan a una realidad bastante preocupante. En España, es muy común que los empleados interinos en el sector de la educación sean dados de baja a fines de junio o julio para luego ser recontratados en septiembre. A simple vista, quizá no parezca un problema, pero si consideramos lo que implica esta práctica, se puede ver el daño que hace.

Al no estar contratados durante ese periodo de vacaciones, los profesores no tienen el derecho de recibir el abono de las nóminas. Es un beneficio muy ventajoso para los empleadores, pero perjudica a más que sólo los docentes. La práctica afecta severamente también los ingresos para la Seguridad Social, así como la carga de la caja del paro, que debe lidiar con la situación de los desempleados del sector. En plena crisis, se reportaron casi 155.600 bajas de profesores en verano. Este año, han sido 221.669, un récord que también supera el del año pasado por más de 500 despidos. Estas cifras ayudan a dimensionar el impacto que tiene esta tendencia.

Profesor. Foto: Getty

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Y el gran problema es que es perfectamente legal. Brevemente, en el 2018, el Tribunal Supremo sentenció que la práctica se consideraría ilegal, advirtiendo a las comunidades autónomas que sancionarían a los centros escolares que la perpetuaran, sean públicos, concertados o privados. La sentencia, sin embargo, se vio desafiada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), el cual ha justificado reiteradas veces del despido de los interinos en la docencia, aunque les garantiza una compensación económica por las vacaciones.

Tanto es así, que uno de cada cuatro profesores en el sistema sufre esta precariedad. En el sector público las cifras no son mucho mejores, ya que uno de cada cinco despedidos de esta manera trabajan en la educación estatal. Además, ya no es sólo la traba y exasperación de ver cómo te contratan y despiden constantemente: a ello se suma la incertidumbre de no saber si verdaderamente volverán a ser contratados.

Ocurre con la educación, pero ¿en qué otros sectores podría comenzar a ocurrir con frecuencia también? No es que vaya a ocurrir, es que ya ocurre. Es muy común en la mayoría de las productoras y televisiones. Miles de periodistas, realizadores, cámaras, responsables de sonido y demás cargos asociados viven encadenando contratos y despidos cuando empiezan y acaban programas audiovisuales. Los trabajadores de televisión y radio son precarios absolutos. Siempre viven pendientes de que el programa para el que trabajan tenga buenas audiencias y sea renovado. Si no, sabe que le espera la cola del paro.

Sea como sea, los ciudadanos deberían exigir medidas para que esta práctica no sólo no se extienda, si no que se erradique. A todo el mundo le gusta disfrutar de vacaciones pagadas, pero que no sea sólo a costa de la hucha del paro. Y que el trabajador tenga la certeza de tener su puesto asegurado a la vuelta del verano.