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Por qué la elección presidencial que empieza mañana es la más difícil de Italia

·5  min de lectura
Sergio Mattarella (izq.), el presidente saliente, y el primer ministro Mario Draghi (der.), uno de los favoritos para la elección
GUGLIELMO MANGIAPANE

ROMA.- Decir que Italia está en vilo es poco. Mañana a las 15 locales (las 11 de la Argentina), 1009 “grandes electores” –senadores, diputados y delegados regionales- comenzarán el ritual solemne para elegir al nuevo presidente de la República, el cargo institucional más importante del país, regido por una democracia parlamentaria. En medio de inmensa incertidumbre, lo único que se da por seguro es que habrá “fumata negra”, ya que se descuenta que en la única votación que tendrá lugar este lunes en el Parlamento –que es secreta-, ningún candidato logrará obtener los 673 votos necesarios para ser electo, es decir, una mayoría de dos tercios.

¿Por qué? Porque el Parlamento está totalmente dividido y ni la centroderecha ni la centroizquierda tienen los números para imponer su candidato. Justamente por esto y porque, debido al Covid y a la necesidad de desinfectar el hemiciclo después de la votación, se decidió que habrá un solo escrutinio por día. Por lo que se cree que el juego verdadero comenzará el jueves. Ese día tendrá lugar la cuarta votación, en la que ya no hará falta una mayoría de dos tercios, sino una mayoría absoluta, es decir, 505 votos.

En vísperas de una cita crucial para el futuro de Italia, pese al paso al costado que dio ayer el exprimer ministro y magnate, Silvio Berlusconi, “por responsabilidad nacional”, seguían en alta mar, sino estancadas, las negociaciones políticas para encontrar un candidato de consenso y alto perfil para suceder a Sergio Mattarella, cuyo mandato de siete años vence el 3 de febrero.

Berlusconi dio de baja su sueño presidencial
PIERO CRUCIATTI


Berlusconi dio de baja su sueño presidencial (PIERO CRUCIATTI/)

Aunque desde hace meses circulan nombres de todo tipo y el gran favorito es el del actual primer ministro, Mario Draghi, economista de inmenso prestigio y expresidente del Banco Central Europeo que hace menos de un año fue llamado al timón del país para salvarlo de la debacle provocada por la pandemia, nadie tampoco se atrevería a apostar por él. Una elección de Draghi a presidente, en efecto, significaría el fin de su heterogéneo gobierno de unidad e implicaría que las fuerzas políticas que hasta ahora lo apoyaron acordaran dar vida a un nuevo ejecutivo, algo aún más difícil.

La elección más complicada

¿Por qué es más complicada que nunca la elección del XIII presidente de Italia? Tal como explicó un editorial del diario La Repubblica, por tres motivos principales. El primero es porque por primera vez en la historia la elección parlamentaria del presidente se da en plena pandemia, es decir, en una situación de emergencia que ha golpeado como nunca a Italia, que enfrenta su mayor catástrofe desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El segundo problema es que la elección tiene como protagonista a un Parlamento lacerado, debilitado y difícil de gobernar. Un Parlamento nacido de las elecciones de 2018, en las que triunfó el anti-sistema Movimiento Cinco Estrellas (M5E), la fuerza política con más legisladores hoy, pero que ahora se encuentra en baja y desorientada.

El M5E al principio formó un gobierno contra natura con la derechista Liga de Matteo Salvini, junto a quien gobernó casi dos años de la mano del desconocido abogado, Giuseppe Conte. Al colapsar esa experiencia, el M5E se juntó con el Partido Democrático (PD) de centroizquierda, junto a quien gobernó hasta que el rebelde expremier Matteo Renzi le quitó el apoyo a Conte. Tras su caída, en febrero pasado llegó “súper Mario” Draghi, un técnico europeísta que logró poner en pie un gobierno de unidad para salvar al país que, con un estilo totalmente distinto, en menos de un año logró el “miracolo” de encarrilar a Italia en una senda de credibilidad.

Pero los cambios que hubo en el Parlamento en los últimos años provocaron una fragmentación inmensa y muchos caciques que ya no controlan su tropa y dominan el hemiciclo diversas corrientes.

El tercer motivo de por qué la elección presidencial es complicada tiene que ver con la posibilidad, ya mencionada, de que Draghi, desde Palazzo Chigi, sede del gobierno, salte al Palazzo del Quirinale, la presidencia. Al margen de que para algunos analistas semejante movida, que sería una novedad absoluta, podría marcar un giro hacia un sistema semi-presidencialista, implicaría la necesidad de una doble y delicada tratativa entre los partidos políticos sobre el eventual nuevo premier. Algo más que complicado. Y también abriría el escenario de posibles elecciones anticipadas, una hipótesis de todos modos considerada improbable.

Lo cierto es que, gracias a Draghi y al fondo extraordinario que la Unión Europea decidió a otorgarle a Italia para resucitar de una pandemia que aún no ha terminado, Italia el año pasado logró un milagroso crecimiento del PBI del 6%. Y recuperó una credibilidad internacional por la que muchos creen que Draghi debe quedarse, sí o sí, en uno de los dos cargos: al frente del gobierno o al frente de la presidencia. ¿Pero junto a quién y cómo?

Entre los varios nombres de candidatos de “alto perfil” para la presidencia, sonaba fuerte el de Pier Ferdinando Casini, expresidente de la Cámara de Diputados y político de centro que en un momento fue aliado de Berlusconi, pero que en la última elección fue votado junto al PD. Aunque la centroderecha parecía no estar dispuesta a darle sus votos. La centroizquierda, en tanto, a la espera de que realmente se abra el juego el jueves, apuntaba a proponer como “candidato de bandera” a Andrea Riccardi, fundador de la comunidad católica de San Egidio, que fue ministro en el gobierno de Mario Monti. Pero todo seguía en el aire.

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