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La escuela católica: incisiva reconstrucción de un crimen que sacudió a Italia a mediados de los 70

La escuela católica: incisiva reconstrucción de un crimen que sacudió a Italia a mediados de los 70
La escuela católica: incisiva reconstrucción de un crimen que sacudió a Italia a mediados de los 70

La escuela católica (La scuola cattolica, Italia, 2021). Dirección: Stefano Mordini. Guion: Massimo Gaudioso, Luca Infascelli y Stefano Mordini, basado en una novela de Edoardo Albinati. Elenco: Benedetta Porcaroli, Giulio Pranno, Giulio Fochetti, Leonardo Ragazzini, Andrea Lintozzi Senneca, Guido Quaglione, Federica Torchetti, Luca Vergoni, Francesco Cavallo. Duración: 106 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena.

Todavía hoy los más memoriosos recuerdan la gran conmoción que provocó en Italia la masacre del Circeo. Hasta Italo Calvino y Pier Paolo Pasolini, dos respetados intelectuales de la época, mantuvieron una discusión pública por este caso que contaminó aún más el ya muy espeso clima de un país que vivía por entonces un brote de neofascismo y en el que también operaban las Brigadas Rojas, la organización clandestina que secuestró y asesinó al ex primer ministro Aldo Moro, figura relevante de la Democracia Cristiana italiana.

Además del espacio que ocupó en los medios, el hecho fue reflejado con muchísimo detalle en un libro de casi mil trescientas páginas que hace tres años publicó Edoardo Albinati, compañero de escuela de los tres involucrados en un crimen realmente espeluznante ocurrido el 29 de septiembre de 1975.

Convertido rápidamente en un suceso de ventas, el libro cuenta cómo Gianni Guido, Angelo Izzo y Andrea Ghira, veinteañeros de clase acomodada de Roma, engañaron a dos jovencitas de origen más humilde, prometiéndoles un paseo por la campiña (más exactamente por el Circeo, un parque nacional creado en la década del 40 por orden de Benito Mussolini) cuando en realidad el macabro plan que tenían en mente era otro bien distinto: drogarlas, golpearlas y violarlas sin pausa durante varias horas. Una de las chicas (Rosaria López) no sobrevivió. La otra (Donatella Colasanti), como cuenta esta película que se ha transformado en una de las favoritas de los usuarios de Netflix en la Argentina en los últimos días, logró mantenerse con vida en el baúl de un auto hasta que fue rescatada por la policía local.

El camino elegido por Stefano Mordini, un realizador con veinte años de trayectoria que incluso presentó uno de sus largometrajes en el Festival de Cannes -Pericle fue parte de la siempre interesante sección Un Certain Regard en 2016- fue el de la contextualización: el director se concentró en el caldo del cultivo de un hecho sorpresivo y aberrante que, desde la perspectiva del presente, obviamente puede analizarse con más precisión y agudeza que antes .

En la escuela católica del título -exclusivamente para varones y específicamente consagrada a la Virgen María-, la construcción de la masculinidad es claramente tóxica, pensada apenas como una performance estereotipada que finalmente termina fomentando la misoginia y la homofobia. En ese contexto represivo y turbio en el que las apariencias son solo eso -una simple simulación-, pero igual juegan un rol central, muchos chicos ven como una señal de rebeldía simpatizar con el fascismo; tanto como para que uno de ellos elija a Hitler como “el hombre más importante de la historia”. El dato adquiere especial significado a la vista de lo que acaba de ocurrir en Italia, con el triunfo contundente de la ultraderecha en las últimas elecciones.

El entorno familiar del que provienen estos jóvenes no es para nada saludable: la violencia como método para modelar conductas, los deseos sexuales reprimidos, las infidelidades ocultas… En esos problemas pone el foco Mordini, para armar un rompecabezas difícil de resolver. Su reconstrucción apunta sobre todo a las motivaciones, indescifrables si no se las entiende como corolario de un sistema ideológico perverso.

La escuela católica, de Stefano Mordini
La escuela católica, de Stefano Mordini

Presentada fuera de concurso en el Festival de Venecia, la película es eficaz en la pintura de ese micromundo -la Roma de los privilegiados, digamos- en donde las cosas claramente no funcionan como se proclaman: Edo, el narrador de la historia, subraya que en ese lugar donde se anuncia con pompa que se formarán hombres “puros, honestos, nobles”, en verdad se está escondiendo todo el tiempo “una montaña de polvo bajo la alfombra” .

El resultado trágico de un monoteísmo rígido, fundado en figuras puramente masculinas -el Padre, el Hijo, el profeta, el patriarca- es una espiral de locura también formateada por libros, películas y juegos que exaltan a la fuerza y la crueldad como herramientas para abrirse camino en la vida, como va revelando el desarrollo de la historia.

Si bien por momentos la narración se dispersa por la aparición de algunas líneas argumentales secundarias algo difusas encarnadas en una galería demasiado amplia de personajes, la tensión va creciendo a medida que vamos conociendo más de esos personajes cínicos y brutales que en más de un pasaje parecen poseídos por un espíritu maligno. Y ahí juegan un papel clave las actuaciones de los protagonistas, sobre todo la de Luca Vergoni, a cargo de la virtuosa interpretación de Angelo Izzo, uno de los tres criminales: un amoral que intimida con su mirada intensa y su sonrisa de psicópata, una especie de villano de Marvel transplantado en este drama marcado a fuego por los mandatos de clase. Para él, y lo dice explícitamente en una escena concreta, por si quedara alguna duda viéndolo actuar, las víctimas -dos chicas de la periferia- son apenas “un trozo de carne”. Con esa convicción es que procede.

¿Podría haberse evitado el desastre? La respuesta a ese interrogante no es segura ni concluyente, pero La escuela católica nos indica que vale la pena estar siempre prevenidos. Detectar a tiempo dónde anida el huevo de la serpiente es una estrategia posible, sugiere esta película que expande la mera recreación de un hecho policial para sumergirse en la profundidad del ensayo sociológico y que incluso puede recordar aquel doloroso extravío del protagonista de Las tribulaciones del estudiante Törless, la gran novela del austríaco Robert Musil llevada el cine por Völker Schlöndorff en 1966. La violencia velada en los menesteres de la vida cotidiana puede asomar de pronto con una furia incontenible. Hay que estar atentos a cada pista, advierte Mordini, para no tener que lamentar lo que, como mínimo, debería haberse sospechado.