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Espera, espera... todavía no... espera; está bien, deslúmbrame en este instante

·6  min de lectura
Simone Biles de Estados Unidos durante la final de gimnasia femenil por equipos en los pospuestos Juegos Olímpicos de Tokio, el martes 27 de julio de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
Simone Biles de Estados Unidos durante la final de gimnasia femenil por equipos en los pospuestos Juegos Olímpicos de Tokio, el martes 27 de julio de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

TOKIO — Los Juegos Olímpicos, con todo su encanto, son un acontecimiento bastante cruel.

Son una bomba de tiempo de cuatro años. A los mejores atletas del mundo se les asigna una fecha y una hora para desempeñarse. Se preparan, a menudo en soledad y anonimato, para un solo momento en el calendario. Se acerca cada vez más con cada movimiento de las manecillas del reloj.

A medida que la cuenta regresiva se aproxima al cero, un mar de extraños que esperan ser entretenidos fija su mirada colectiva en ellos, ansioso de repartir calificaciones aprobatorias o reprobatorias. Las reputaciones se forjan o se destruyen. La vida de estos atletas cambia.

Ningún evento deportivo lo hace como los Juegos Olímpicos.

“La escala de todo es un poco difícil”, dijo Naomi Osaka, después de perder un partido de tenis en la tercera ronda días después de encender el pebetero olímpico en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio.

Al calendario no le importa si estás listo. Adam Ondra, considerado como el mejor escalador del mundo, reconoce esto incluso antes de que llegue a su momento olímpico, cuando la escalada deportiva haga su debut la próxima semana.

“En los Juegos Olímpicos o en cualquier competencia, simplemente te dicen que escales en este instante”, dijo Ondra. “Y entrenas durante muchas semanas y meses previos, con el conocimiento de que tienes que estar listo para ese día”.

Katie Ledecky de Estados Unidos reacciona después de no conseguir una medalla en las finales femeniles de 200 metros libres durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en el Centro Acuático de Tokio, el miércoles 28 de julio de 2021. (Doug Mills/The New York Times)
Katie Ledecky de Estados Unidos reacciona después de no conseguir una medalla en las finales femeniles de 200 metros libres durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en el Centro Acuático de Tokio, el miércoles 28 de julio de 2021. (Doug Mills/The New York Times)

En su habitual reino de exteriores con grandes muros de piedra, la cultura funciona al revés. El objetivo es encontrar el momento, no que te lo asignen. Realizas la escalada a tu ritmo, en el horario de tu elección, un día en que las condiciones sean perfectas y tu cuerpo y mente estén en sincronía.

Si no está todo bien, si el momento se siente incorrecto, no lo haces.

En los Juegos Olímpicos, está programado que Ondra comience su participación el 3 de agosto a las 5 p. m. Tic, tac, tic, tac.

La diferencia no solo es concentrarse en el momento, sino también el público que espera.

“Genera la presión más grande que jamás había sentido”, dijo Ondra. “Porque normalmente, la única presión que siento proviene de mí mismo”.

Nada de esto es nuevo en los deportes, pero la dinámica se está desarrollando en tiempo real en los Juegos Olímpicos de Tokio. La gimnasta estadounidense Simone Biles es solo un ejemplo, el más grande entre muchos.

En la competencia por equipos la noche del martes, intentó un movimiento. No lo sintió bien. Se detuvo. El momento se sintió equivocado.

Fue impactante cómo ocurrió justo cuando el reloj llegaba a cero, cuando el mundo estaba atento para ver y juzgar.

Ella explicó más tarde que la alegría de competir fue remplazada por la presión de complacer a otras personas. Sin ella, el equipo de gimnasia estadounidense ganó la plata.

“Esperamos que Estados Unidos todavía nos ame”, expresó Biles.

Oculto en esa triste declaración hay un cambio (¿para quiénes son los Juegos Olímpicos?) y un eco de otros atletas que sienten el dolor de decepcionar a extraños.

No obstante, es una relación complicada. Ahora más que nunca, los atletas se sienten obligados a promoverse a sí mismos, a usar las redes sociales para atraer a fanáticos y complacer a patrocinadores, algunos de los cuales proporcionan gran parte del sustento de un atleta. Muchos deportistas en Tokio publicaron con frecuencia en las redes sociales para compartir su experiencia, mientras equilibraban su entrenamiento y concentración con publicaciones compartidas y cifras de me gusta.

Podría no ser una coincidencia que los temas de salud mental estén saliendo a la luz en una era de redes sociales.

No obstante, llevar con ellos a un público a los Juegos Olímpicos podría servir como un recordatorio de que esos fanáticos anónimos podrían esperar algo cuando el momento llegue. La nadadora australiana Ariarne Titmus, quien ganó medallas de oro en sus dos primeras finales olímpicas, dijo que eliminó todas las aplicaciones de redes sociales en su celular.

“En ocasiones puede ser un poco abrumador”, mencionó.

Alrededor de 11.000 atletas de más de 200 países compiten en Tokio. Todos sienten algún nivel de presión del exterior, especialmente si hay una expectativa de todo o nada para tener éxito. Un arquero de Corea del Sur, un clavadista de China, un judoka de Japón, hermanos de Croacia que participan en canotaje, una jugadora de futbol femenil de Estados Unidos. Todos están acostumbrados a ganar.

El margen de resultados se vuelve binario, por lo menos en la boleta de calificación del público: aprobado o reprobado.

Estos Juegos Olímpicos se volvieron incluso más crueles por el retraso de un año debido a la pandemia. Al principio, la cuenta regresiva fue suspendida; después, se le agregó un año entero al reloj. Además, los estrictos protocolos significaron que las delegaciones que viajaron a los Juegos Olímpicos fueron muy limitadas (ninguno de los familiares y amistades que solían proporcionar apoyo mental). Las personas que comúnmente comparten la experiencia, los creyentes y los abrazadores, están muy lejos.

Además, dado que los competidores tienen tiempo limitado en la villa olímpica (la mayoría de ellos no podían tener acceso hasta cinco días antes de su competencia y tenían que irse máximo un día después de su participación) y se restringe la interacción mientras están ahí, las redes comunes fueron cortadas. La ausencia de fanáticos en las gradas hace que la sensación de soledad sea más evidente. Nadie está aquí para aplaudir el esfuerzo, ganen o pierdan.

La tradición olímpica está llena de nombres de atletas que parecían imperturbables ante la presión de desempeñarse en el momento programado, desde Bonnie Blair hasta Michael Phelps, desde Shaun White hasta Chloe Kim, desde Carl Lewis hasta Usain Bolt.

Biles, hasta ahora.

Su decisión de abandonar el evento por equipos, seguida por una decisión al día siguiente de retirarse de la final individual de concurso completo, generó conversaciones inmediatas sobre salud mental, sobre el peso de las expectativas y acerca del aparato olímpico entero.

Los Juegos Olímpicos, como todos los eventos deportivos, crean más perdedores que ganadores y algunos de los atletas con mayores logros del mundo no pudieron cumplir con las expectativas de obtener medallas olímpicas de oro (desde Mary Decker hasta Tyson Gay, desde Michelle Kwan hasta Lindsey Jacobellis, desde Ivica Kostelic hasta el equipo varonil de baloncesto de Estados Unidos en 2004).

También está ocurriendo en Tokio. La mayor sorpresa de medalla de oro hasta el momento pudo haber sido la de tenis de mesa, cuando el equipo japonés de Jun Mizutani y Mima Ito dejó desconcertado al de China compuesto por Xu Xin y Liu Shiwen en dobles mixtos.

“Definitivamente, hay presión”, dijo Xu. “Cada pareja enfrenta presión, pero nuestras expectativas y objetivos son diferentes”.

Eso es cierto para muchos atletas olímpicos. La nadadora Katie Ledecky posee cinco medallas de oro y una de plata obtenidas en dos Juegos Olímpicos previos. En Tokio, consiguió la de plata en su primera carrera y ya había quienes se preguntaban si algo andaba mal con ella.

El miércoles, terminó en quinto lugar en una competencia y después ganó una medalla de oro en los 1500 metros. Perdió su momento, después aprovechó el siguiente, todo en alrededor de una hora.

“Las personas tal vez se sientan mal porque no gané todo, pero quiero que la gente se preocupe más por otras cosas que ocurren en el mundo. La mayor presión que siento es la presión que pongo en mí misma”, dijo Ledecky.

Eso es lo que dicen los atletas con frecuencia. Sin embargo, cada vez se vuelve más evidente que quizás eso no es lo que sienten.

© 2021 The New York Times Company

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