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Estrenos de teatro: La vida sin ficción crea nuevas historias sobre las ya conocidas

La vida sin ficción, de Francisco Lumerman
La vida sin ficción, de Francisco Lumerman

La vida sin ficción. Dramaturgia y dirección general: Francisco Lumerman. Elenco: Francisco Lumerman, Esteban Masturini, Rosario Varela. Vestuario: Betiana Temkin. Iluminación: Ricardo Sica. Escenografía: Micaela Sleigh. Dirección de actores: Jorge Eiro. Movimiento: Manuel Attwell. Música original: Agustín Lumerman. Realización audiovisual: Nadia Benedicto. Realización avatares: Florencia Tutusaus. Producción ejecutiva: Zoilo Garcés. Asistencia de dirección: Manon Minetti. Función: el miércoles 7, a las 20. Sala: Fundación Sagai, 25 de Mayo 586. Nuestra opinión: muy buena.

La vida sin ficción es el título de una novela. Y de una película, también de una obra de teatro. Así, en ese desorden. Podríamos pensar que la vida sin ficción — no el título sino la afirmación -es definitivamente un error. Nueve personajes y tres actores. Sin demasiadas explicaciones, al principio, no hacen más que descolocarnos. Nos ubicamos en un lugar y nos corren. Así una y otra vez. Hasta que descubrimos que las historias y los personajes tienen algo en común que vamos reconociendo de a poco. Francisco Lumerman, Rosario Varela y Esteban Masturini construyen unos personajes con una densidad dramatúrgica que habilita un extenso puente de lo lúdico a lo conmovedor, en camino de ida y vuelta.

La vida sin ficción (¿la armadora del juego escénico?) es una novela inconclusa, publicada por el hijo de su autor como un homenaje luego de su muerte intempestiva. Abre camino a personajes, tiempos y relatos. Y en todos los casos lo hace de manera imprevisible. El libro opera como objeto y como relato. Como objeto es una cosa inanimada que puede ser percibida por los sentidos; en tanto objeto libro postula modos de leer, incluso, compartidos pero también es el premio en los juegos colaborativos en red. En tanto relato funciona, puesto que tematizan su contenido y van entramando en diferentes lenguajes lo que plantea. Es por supuesto, más difícil describir el funcionamiento de la propuesta que disfrutarla.

Hay un recorrido por los diferentes circuitos que se hacen cargo de la creación de la ficción y todos aparecen en el mismo nivel: la literatura, el cine, los videojuegos, el teatro. Hay frases para la mesita de luz: " La ficción nos inicia en el mundo antes que la experiencia ¿cómo serían los besos si no existiera la ficción?”. Lumerman sigue demostrando que es un gran dramaturgo. Pero además es capaz de jugar con lo verbal de manera poética sin olvidar que acciona en la escena.

Los actores devienen distintos personajes de manera poco oculta, somos testigos casuales de la transformación. Pero lo verdaderamente interesante es cómo se construye la permanencia. Lo que queda entre uno y otro, una escena y otra, un relato y el siguiente.

Son los intérpretes los que acomodan la escena, junto con la asistente de dirección, Manon Minetti, que además hace la técnica; organizan unos paneles que sostienen proyecciones, dividen ambientes, se convierten en ventanas con persianas y dejan vislumbrar algún que otro fantasma. Ahora bien, esos paneles que en los desplazamientos arman y desarman las imágenes, se convierten también en el entorno de los avatares que en los juegos en red funcionan como rompecabezas.

Los paneles, los personajes, los relatos se acomodan y desacomodan. Y cuando cambian su posición proponen “dibujos diferentes” en la escena. Lo que viene resignifica lo que sucedió previamente. Un personaje que escribe (es mejor no contar demasiado) dirá que cierto tiempo es mejor pensarlo no como línea recta sino como espiral.

La vida sin ficción está constituida por múltiples ficciones. Todas conmovedoras. Pero además plantea cuestiones súpercomplejas como si flotaran, sin demasiado esfuerzo: la actuación, la mentira, la ficción, la locura, la escritura.

Como además se dan (y nos dan) todos los gustos también hay canciones-homenajes. Y hay coreografías que funcionan descomprimiendo ciertos momentos de ¿nostalgia?

La propuesta implica varios desafíos en simultáneo: las construcciones sucesivas de escenas, con cambios espaciales, los personajes transformados, las proyecciones, los universos convocados. Para cuidar todos los aspectos convocaron a Jorge Eiro para que llevara a cabo la dirección de actores.

Vale describir un acto mínimo que funciona como síntesis de un armado complejo y maravilloso: en un momento, un personaje viene desde el pasillo que comparte con los espectadores y la asistente de dirección agita unas llaves y se las da. No es un gesto menor, es la articulación de todos los espacios y de todos los relatos.