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El poder político empieza a meter mano en las redes sociales para acabar con las fake news

Theresa May tiene en su punto de mira a las plataformas de Facebook y Google. Getty Images.

El contenido más corrosivo que circula por internet podría tener las horas contadas en Reino Unido después de que este lunes saliera a la luz una propuesta que tiene el fin de censurar las imágenes, textos y vídeos más nocivos de la red. Tal es el caso de las fake news sobre temas violentos, de abusos, asuntos extremistas o cualquier tipo de material no apto para niños.

La todavía primera ministra y representante del partido conservador, Theresa May, tiene en su punto de mira a las plataformas que se están lucrando mientras ese tipo de contenido inunda sus buscadores e historiales. La idea es que Facebook, Google y demás sitios no participen de la proliferación de material sensible y para lograr eso están dispuestos a todo.

Sobre la mesa hay conceptos como los de censura, multas, bloqueos de acceso e incluso, según publica The New York Times, hacer responsables a ejecutivos de dichos portales de internet.

El anuncio llega pocas semanas después del ataque a dos mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda, en las que más de medio centenar de personas perdieron la vida en un tiroteo grabado y emitido en directo por el atacante. La propia primera ministra del país, Jacinda Ardern, fue muy crítica con Facebook e internet en general tras el suceso, ya que además de haber tenido vía libre para distribuir en vivo las imágenes de la matanza, el asesino usó la red de redes para propagar su extremismo supremacista.

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May. Getty Images.

La máxima mandataria de Reino Unido señaló en un comunicado las virtudes de internet aunque también acusó a dichas compañías de no haber realizado los esfuerzos necesarios para “proteger a los usuarios, especialmente a los niños y jóvenes de los contenidos dañinos”. La gobernante fue categórica:   

“Es hora de hacer las cosas de otra manera”.

Las preocupaciones no son exclusivas del Reino Unido y se extienden en el resto del mundo ante la realidad de un acceso sin límites a los contenidos de internet. En Singapur y la India se pretende regular el contenido, en la Unión Europea se trabaja en perseguir el material que contenga cualquier tipo de apología al terrorismo.

Por el momento, la política de censura corresponde a las propias plataformas, que son las que regulan el tipo de contenido que se publica y extiende a los miles de millones de usuarios que pueblan la red. Una intervención estatal, como sucede en países como China, es vista por muchos sectores como una grieta en la libertad de expresión que podría extenderse más allá de los contenidos catalogados como “indeseables”.

Tras el atentado en Christchurch, Facebook retiró el vídeo del atacante y sus perfiles desaparecieron de ésa y otras redes sociales de manera instantánea. Para muchos, la autocensura llegó demasiado tarde, para los ejecutivos de la compañía, se actuó con rapidez.

Dos jóvenes se conectan a sus computadoras durante la Primavera Árabe de El Cairo, Egipto. Getty Images.

Las medidas que proponen desde Londres pretenden erradicar lo que desde algunas plataforma han calificado como las “cloacas de internet”, sin embargo, ¿dónde está el límite de esa censura en el acceso? Los escépticos con este tipo de medidas advierten de que una censura salida de los gobiernos significaría el corte de las libertades de los ciudadanos a la hora de un acceso libre a la red. Los que defienden esta teoría se aferran a ejemplos como el de la Primavera Árabe en algunos países de Oriente Medio en 2010. Unos movimientos que tenían el objetivo de derrocar a algunos líderes y que nació tras el descontento de sectores de la población alimentado en internet. Desde aquel momento, los mandatarios que sobrevivieron a las revueltas populares incrementaron la censura en internet.

¿Miedo a la información alternativa? ¿Pavor a la libre circulación de la información? ¿Amenaza real tras la proliferación de mentiras, calumnias, comentarios, acciones deleznables o supuestas injerencias de otros países para desestabilizar?

El enorme Universo de internet es infinito, con sus riesgos y con sus virtudes. Ahora solo falta encontrar la fórmula que una la grieta que separa el despropósito de la practicidad, el submundo del odio, de la amplitud de la comunicación sana y productiva.