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Mark Zuckerberg separa a una familia para no tener vecinos en Hawai

Mark Zuckerberg tiene un terreno de 700 acres (casi tres km cuadrados) en Kauai. (Getty Images).

Kauai es la isla más norteña del archipiélago de Hawai y es uno de los rincones más espectaculares del Planeta. Mark Zuckerberg lo sabe, por eso tiene allí su residencia desde 2014, año en que adquirió un terreno de alrededor de 700 acres (casi 3 kilómetros cuadrados) por un precio de 116 millones de dólares.

La presencia del CEO de Facebook en la isla es un reflejo de la constante lucha del poder económico contra las microeconomías de poblaciones locales. La llegada de Zuckerberg hace cinco años fue tomada como una invasión en una tierra sagrada que los nativos hawaianos se niegan a ceder. No gustaron el fondo ni las formas, ya que los habitantes de Kauai consideraron que el dinero del multimillonario estaba arrancando un trozo de una identidad que tienen muy arraigada. De todas las islas hawaianas, ésta es la que más a flor de piel mantiene su sentimiento nativo y con la que más ira se expresan los locales. 

La sensación que reina en Kauai es la de que el ‘hombre blanco’ está destrozando su cultura, sus raíces, sus costumbres y sus tierras. Hay diferentes tipos de niveles de lo que ellos consideran como un desahucio y Zuckerberg está en la cúspide. Hay otros residentes como la actriz, Julia Roberts, la leyenda de los Angeles Lakers, Kareem Abdul-Jabbar o el creador de los Simpsons, Matt Groening. Con más o menos poder, los no nativos han encontrado en Kauai un paraíso remoto en medio del Océano Pacífico.   

La isla de Kauai en Hawai es un rincón espectacular. (Getty Images)

Mientras tanto, los locales suelen ser los que cuidan de las tierras que ya no poseen, los que cazan al cochino, lo cocinan en la caja china y lo sirven a sus jefes. Durante el festín, los nativos y los caucásicos comen separados. Cuando fluye el alcohol, afloran unos recelos bañados en la contradicción del que sabe que sus raíces están siendo usurpadas, pero que, aun así, contribuye a ello aceptando un sueldo al mes.

Una de las mayores expresiones de los nativos es la música. Es entonces cuando, ukelele en mano, le cantan a ‘Papa’ (Papahānaumoku significa para ellos Madre Tierra o Pachamama) o incluso, en su idioma nativo, critican la presencia de aquellos que aplauden el espectáculo. Los hawaianos de Kauai ven cómo sus abuelos comienzan a fallecer, y con ellos muere una parte de su tradición, esa que poco a poco se va perdiendo debido a la cada vez más inevitable fusión con los no nativos.

En este contexto, Zuckerberg no sólo compró un enorme terreno, sino que en su afán de no tener vecinos, está intentando comprar los colindantes a su enorme propiedad y para ello ha pagado a decenas de familias. Sin embargo, hay una que se niega a sucumbir: los Rapozo. El ejecutivo de Facebook ha provocado una escisión en esta estirpe de Manuel Rapozo, un portugués de las Azores que se instaló en Kauai en 1882. De un lado está Carlos Andrade, a quien Zuckerberg ha logrado seducir para que adquiera cuatro parcelas, y del otro se encuentra el resto de la familia, que no quiere abandonar el lugar en el que llevan viviendo durante décadas.

Mark Zuckerberg vive en Kauai desde 2014. (Getty Images)

Ante las tensiones, cuatro terrenos colindantes a los de el estadounidense salieron a subasta. Todos pensaban que Zuckerberg tendría todas las de ganar, sin embargo, Andrade solo pudo adquirir tres de ellos, dos a 300 mil dólares y otro a 460 mil dólares. El más grande, que ascendió a 700 mil dólares fue a parar a los Rapozo. 

El ambiente es insostenible en esta pequeña isla en la que una lucha familiar se ha convertido en una cuestión social y de orgullo. A pesar de los intentos del empresario de la gigante red social por complacer a la comunidad con inversiones y donaciones, los sentimientos que levanta son de total rechazo, algo que se encargan de demostrarle con constantes manifestaciones. El que la familia Rapozo haya logrado mantener uno de los terrenos supone una victoria física pero sobre todo moral con la que han logrado explicar que no todo tiene un precio. Mucho menos la tradición.

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