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El minado campo financiero que le espera al expresidente Trump

Russ Buettner y Susanne Craig
·7  min de lectura
El acceso al Trump National Golf Club en Bedminster, Nueva Jersey, el 2 de noviembre de 2018. (Christopher Gregory/The New York Times)
El acceso al Trump National Golf Club en Bedminster, Nueva Jersey, el 2 de noviembre de 2018. (Christopher Gregory/The New York Times)
El exterior del Trump International Hotel en Washington. (Gabriella Demczuk/The New York Times)
El exterior del Trump International Hotel en Washington. (Gabriella Demczuk/The New York Times)

Poco después de que cruce los jardines de la Casa Blanca la mañana del miércoles por última vez como presidente, Donald Trump pisará un minado campo financiero que aparenta ser distinto a cualquiera que haya enfrentado desde sus primeros encuentros con el colapso.

Las declaraciones de impuestos que se esforzó por mantener ocultas durante mucho tiempo y que fueron reveladas en una investigación de The New York Times en septiembre, detallan sus desafíos financieros:

Muchos de sus complejos turísticos perdían millones de dólares al año incluso antes de que llegara la pandemia. Cientos de millones de dólares en préstamos, que él avaló de manera personal, deben ser pagados dentro de algunos años. Ha gastado gran parte de su efectivo y sus activos fáciles de vender. Además, la resolución de una auditoría del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por su sigla en inglés) de hace más de una década amenaza con costarle más de 100 millones de dólares.

En sus momentos oscuros previos, Trump fue capaz de rescatar los negocios que operaba con inyecciones multimillonarias de dólares provenientes de su padre o de los acuerdos de licencias derivados de su fama en televisión. Esos salvavidas se han ido. Además, su presidencia divisiva ha erosionado de manera constante la capacidad de comercialización en medios tradicionales de la marca que está al centro de su negocio.

Esa tendencia solo se ha acelerado con su campaña sin evidencia para revertir el resultado de la elección presidencial, la cual culminó en el ataque del 6 de enero al Capitolio. A raíz de esto, su prestamista de último recurso prometió terminar relaciones con él. La Asociación de Profesionales de Golf de Estados Unidos (PGA, por su sigla en inglés) canceló un campeonato próximo a celebrarse en un campo de golf de Trump y la ciudad de Nueva York tomó medidas para retirarle contratos de administración de varios recintos.

Los familiares de Trump han descrito su salida del cargo como la apertura de nuevas oportunidades que estaban cerradas mientras era presidente. Su hijo Eric, quien ha ayudado a dirigir la Organización Trump, le dijo hace poco al Times que la compañía esperaba una demanda significativa de acuerdos de marca en el extranjero relacionados con Donald Trump. Los familiares también han considerado fundar una compañía mediática para conectar con sus simpatizantes.

“Nunca ha habido una figura política que haya recibido más apoyo o que haya sido respaldado con más energía que mi padre”, dijo Eric Trump en un comunicado. “No faltarán oportunidades increíbles en bienes raíces y más allá”.

No obstante, sin un nuevo prestamista o una nueva línea de ingreso que no requiera una gran inversión de tiempo y dinero, es probable que el próximo expresidente tenga que tomar decisiones difíciles, incluyendo la posibilidad de verse obligado a vender campos de golf que no son tan redituables o su hotel en el edificio de la Antigua Oficina de Correos en Washington.

“Trump es tan tóxico, en términos de su reputación, que muchas instituciones financieras no querrán hacer negocios con él”, dijo Adam J. Levitin, un profesor de Derecho en la Universidad Georgetown que se especializa en finanzas y bancarrota.

Aunque Trump sigue contando con muchos seguidores devotos en la clase trabajadora, no son, en su mayoría, la clientela futura de los complejos turísticos que se volvieron imanes para quienes lo cortejaban con el fin de codearse, o ganar favores, de un presidente en funciones.

Incluso a pesar de la derrota, Trump ha recaudado más de 250 millones de dólares en donaciones políticas desde la elección. Aunque parte de ese dinero podría gastarse de maneras que mezclen, con creatividad o agresividad, los gastos en trabajo político con los costos personales y empresariales, las leyes de financiamiento de campañas no permitirían que Trump usara el monto total para reforzar su negocio.

Después de desafíos previos, Trump se describió a sí mismo como alguien que se recupera de maneras extraordinarias, alguien que superó por cuenta propia la adversidad financiera al concretar nuevos acuerdos fabulosos. Lo que no dijo en público fue el grado al que la fortuna de su padre y una segunda fortuna que consistió del dinero obtenido de la industria del entretenimiento (el equivalente actual a casi 1000 millones de dólares) le brindaron una reserva de efectivo que podía cubrir sus repetidos fracasos.

El Times obtuvo datos de declaraciones de impuestos de Trump que abarcan más de dos décadas, incluyendo información de sus declaraciones personales de 2017 y sus declaraciones empresariales de 2018. Los registros muestran que muchos de sus negocios en raras ocasiones se han sustenado por su cuenta, si acaso lo han logrado.

Por ejemplo, sus tres complejos de golf en Escocia e Irlanda declararon pérdidas de efectivo marcadas y constantes. Durante 2018, Trump inyectó 66 millones de dólares adicionales en efectivo a los tres complejos en los años desde que reabrieron, con lo que los ayudó a mantenerse a flote.

El Trump International Hotel en Washington, que fue inaugurado en 2016, tuvo pérdidas de efectivo cada año hasta 2018. Trump invirtió 17,6 millones de dólares más en el hotel durante esos años, que se suman a su inversión original. Además, es probable que la situación se haya vuelto más sombría el año pasado. Desde que la pandemia comenzó, el hotel ha abierto para huéspedes que pernoctan en él, pero el bar, un lugar de reunión popular para funcionarios y simpatizantes de Trump, permanece cerrado.

A medida que su fortuna derivada de la industria del entretenimiento se esfumaba, Trump llenó parte de la brecha resultante con una hipoteca de 100 millones de dólares avalada por el espacio comercial de la Torre Trump y con la venta de casi todas sus acciones y bonos, un total de más de 270 millones de dólares desde 2014 hasta 2016.

No obstante, ahora enfrenta el vencimiento de los préstamos: 100 millones de dólares por la Torre Trump el próximo año, 125 millones por su complejo de golf Doral en Florida en 2023 y 170 millones por el hotel de Washington en 2024. Trump avaló de manera personal la mayor parte de la deuda, lo que significa que los prestamistas podrían ir tras sus otros activos si él no puede pagar o renegociar la deuda.

El mayor generador de dinero a largo plazo del presidente parece ser uno de sus primeros proyectos: los espacios comerciales y de venta minorista dentro y alrededor de la Torre Trump, en Manhattan, los cuales durante años produjeron de manera confiable más de 20 millones de dólares anuales en ganancias. Sin embargo, la caída en las ventas de tiendas minoristas físicas antes de la pandemia, aunada a los efectos económicos del virus, han puesto incluso esa pieza clave de su éxito financiero en duda.

Aunque Trump todavía tiene activos que podría vender para generar efectivo, no tiene la autoridad para vender de manera unilateral lo que tal vez es lo más valioso: una participación del 30 por ciento en dos edificios de oficinas controlados por Vornado Realty Trust. La inversión, con la que Trump prácticamente se topó y no administra, ha probado ser una de sus más grandiosas y más confiables fuentes de ingresos, pero Trump no puede venderla sin el consentimiento de Vornado.

La auditoría del IRS de hace una década representa un riesgo adicional. Según los registros obtenidos por el Times, parece haber comenzado después de que Trump afirmó que ceder su participación en su casino a cambio de nada lo hacía merecedor de un rembolso de 72,9 millones de dólares, el total del impuesto federal sobre la renta que había pagado (más intereses) desde 2005 hasta 2008, cuando su fama en televisión lo expuso a grandes pagos de impuestos sobre la renta por primera vez en años.

El rembolso detonó de manera automática una auditoría, la cual permaneció activa al menos hasta la primavera pasada. Los registros indican que el asunto fue pausado mientras estaba en el cargo, pero podría reanudarse después de que lo deje. Un fallo en contra podría costarle a Trump más de 100 millones de dólares, con intereses y multas.

Trump también enfrenta amenazas legales que podrían hacer más profundas sus dificultades financieras, incluyendo investigaciones sobre posible fraude fiscal iniciadas por el fiscal de distrito de Manhattan y el fiscal general de Nueva York, así como demandas penales por su papel en promover un esquema de mercadotecnia multinivel.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company