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Un mito que se tambalea: ¿es negocio "encanutar" dólares en el colchón?

Desde hace décadas atesorar dólares es para muchas personas la mejor manera de protegerse ante los vaivenes que suele enfrentar la economía argentina. Dicho de otra manera, es la llave que permite adquirir una supuesta tranquilidad ante cualquier contingencia.

En tal sentido, a fines del año pasado la cantidad de dólares billete en poder del público, según el INDEC rondaba los u$s280.000 millones. Esta montaña de dinero está atesorada en cajas de seguridad, en cuentas bancarias declaradas en el exterior y "en el colchón".

Para tener noción de la magnitud de la cifra, no hace mucho se calculaba que los argentinos tenían el 10% de los dólares en circulación en el mundo y el 20% de los que están fuera de los Estados Unidos.

En tal caso, convendría preguntar si la compra de dólares es una manera de ahorrar o simplemente atesorar y la respuesta es clara: es simplemente la segunda, pues no genera ninguna renta. Ello trae aparejado una cuestión que no siempre es tomada en cuenta: el deterioro de su poder de compra a través del tiempo.

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Obviamente que el principal motivo para que eso suceda radica en el peso de la inflación que va carcomiendo su valor con el paso de los años.

El siguiente gráfico es más que ilustrativo al respecto:

Desde hace décadas atesorar dólares es para muchas personas la mejor manera de protegerse ante los vaivenes

Del mismo surge que por el efecto inflacionario en los EE.UU., quien compró y guardó 100 dólares en el año 2004, por dicha circunstancia su valor actual se habrá reducido a 62 dólares, por lo que la pérdida de poder adquisitivo en estos 20 años se contrajo nada menos que un 38 por ciento. Más acá en el tiempo, un billete adquirido entre 2013 y 2015 vale en la actualidad un 25% menos, pues apenas su poder de compra rondaría los 75 dólares.

Si bien el "degrade" fue constante a lo largo de estos años, el mayor impacto se concretó entre 2020 y la actualidad, pues la inflación acumulada en dicho lapso se acercó a un 15%, debido a los saltos de los precios observados en 2021 (7%) y el años siguientes, que fue del 6,7 por ciento.

Ejemplos concretos de la pérdida de poder adquisitivo del dólar

Si bien se define a la inflación como el aumento constante de un conjunto de precios de bienes y servicios a través del tiempo, algunos simples ejemplos permiten apreciar el deterioro del poder de compra del billete de 100 dólares. El primero de ellos se basa en observar la evolución del ticket de entrada a Disneyworld a través de los años, ya que esta brinda una muestra acabada de dicha pérdida, en especial si se toman en cuenta los precios de los últimos 50 años.

La evolución del ticket para entrar a Disneyworld

A manera de referencia, un ticket para Disneyworld que costaba en 1971 u$s3,50, al cabo de 10 años se multiplicó por 3, pues superó los 15 dólares. Pasaron los años y ya en el nuevo siglo su precio trepó hasta los u$s50. A partir de ese momento el porcentaje de aumento anual se incrementó sustancialmente, pues en apenas 12 años el precio se duplicó, ya que en 2014 valía 100 dólares, para alcanzar su techo en plena pandemia a 125 dólares por espectador.

De lo anterior surge que con el nuevo siglo el precio de las entradas comenzó a subir a mayor velocidad que en el período anterior, hasta alcanzar un máximo en el inicio de la pandemia en 2020. Posteriormente bajó levemente ante la caída del número de visitantes, pero luego los valores comenzaron a recuperarse, superando incluso los anteriores, y ya para 2025 se anuncian nuevas subas. En conclusión, a lo largo de este siglo el precio de los tickets aumentó 160%, a un ritmo anual del 5 por ciento.

Pero este no es el único caso de aumentos de precios por encima de lo que marca el índice de precios al consumidor de los EE.UU. Otro ejemplo lo da lo sucedido con el precio del Big Mac, que aumentó un 76% desde 2004 a la actualidad y un 28% en los últimos diez años. Muchos se preguntarán por qué semejante suba, y la respuesta es que en el mismo se suman múltiples factores económicos, incluido el costo de la mano de obra, el transporte, los alimentos y la inflación general.

Es por ello que su evolución en el tiempo lleva a algunos analistas a creer que esa comida es una forma de comprender las tasas de inflación actuales y el poder adquisitivo de nuestras monedas.

Finalmente, otro dato interesante es lo sucedido con el precio de la gasolina en EE.UU., pues también es indicativo del deterioro del poder adquisitivo en ese país. Que muestra la historia: desde 2001 hasta el presente, si se mide entre puntas el precio trepó nada menos que un 140%, con picos cercanos al 230 por ciento.

Con estos datos, la pregunta que se puede formular si es realmente un buen negocio atesorar dólares. Quienes lo hacen en el orden local, tienen el convencimiento de que es la mejor manera de cubrirse del "riesgo argentino" en lo que hace a su relación con el peso, pero esa es otra historia.