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¿Qué ocurre cuando tu jefe te invita a leer la Biblia?

Unos empleados de Salesforce conversan después de un recorrido al templo bahaí en Wilmette, Illinois, cerca de Chicago, como parte de un viaje de aprendizaje interreligioso, el 25 de julio de 2023. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)
Unos empleados de Salesforce conversan después de un recorrido al templo bahaí en Wilmette, Illinois, cerca de Chicago, como parte de un viaje de aprendizaje interreligioso, el 25 de julio de 2023. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)

Cuando Christy Childers se mudó de Austin, Texas, a San Francisco en 2017 para comenzar su trabajo de mercadotecnia en Facebook, le preocupaba que sus nuevos compañeros supieran que era evangélica. En la comunidad religiosa de Childers, se cree que Silicon Valley es explícitamente laicista y que acepta poco la fe cristiana. Ahora Childers dice que esa idea es “infundada”. En una semana, sus compañeros la habían invitado a un estudio de la Biblia a la hora del almuerzo y a una hora feliz a la que asistieron decenas de cristianos de toda la comunidad tecnológica.

“Pensé ‘Puedo llevar mi vida de cristiana; aquí sí puedo hacerlo”, comentó Childers.

Durante sus tres años como gerente de marca, la identidad evangélica de Childers se volvió una parte esencial de su trabajo. Perfeccionó sus habilidades gerenciales cuando encabezó el grupo de empleados Cristianos en Facebook (que ahora se llama Cristianos en Meta). Las reuniones semanales de oración con los compañeros dieron lugar a lo que ella llamó “milagros en tiempo real”, por ejemplo, que los ingenieros de pronto arreglaran fallas con las que habían batallado por meses y hubiera soluciones a las crisis de relaciones públicas. Los directivos de la empresa también la consultaban acerca de las posturas de los usuarios conservadores de Facebook.

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En 2019, Childers fundó Pray for Tech, una organización sin fines de lucro que apoya a las comunidades de oración cristianas dentro de las empresas tecnológicas. El siguiente año, dejó Facebook para dedicarse de tiempo completo a administrar esta organización. Desde entonces, ha trabajado con grupos cristianos de 40 empresas, donde ha observado un creciente interés por apoyar las identidades esenciales de los trabajadores, entre ellas la religión.

Esta iniciativa empresarial de generar una sensación de pertenencia en el lugar de trabajo se desarrolló después del asesinato de George Floyd en mayo de 2020, cuando muchas empresas se apresuraron a mejorar su trabajo por la diversidad, la equidad y la inclusión, o DEI. Se alentó a los empleados de grupos subrepresentados a que trajeran al trabajo su identidad “auténtica” o “integral”, y las empresas aumentaron su apoyo a grupos de empleados que estaban basados en la identidad organizados en torno al género, la raza, la etnicidad y la orientación sexual.

Cada vez más, la religión forma parte de esta lista. Los profesionales en recursos humanos, los consultores sobre diversidad y los académicos afirman que se ha vuelto más común que los empleados hablen de su identidad religiosa en el trabajo y que soliciten que la empresa les otorgue el mismo reconocimiento y apoyo que a otros grupos identitarios. Ahora, casi todas las principales empresas de tecnología tienen grupos de afinidad basados en la religión.

Michael Roberts afirma que tardó años en reconocer en público que era cristiano evangélico. Se convirtió en miembro fundador de Faithforce y ahora es su presidente a nivel mundial. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)
Michael Roberts afirma que tardó años en reconocer en público que era cristiano evangélico. Se convirtió en miembro fundador de Faithforce y ahora es su presidente a nivel mundial. (Jamie Kelter Davis/The New York Times)

Hay múltiples organizaciones cristianas que estimulan esta labor, como Pray for Tech; organizaciones no partidistas sin fines de lucro contra la discriminación, como la Liga Antidifamación; y organizaciones multirreligiosas sin fines de lucro como Interfaith America y Religious Freedom & Business Foundation.

“Se siente como si el tren estuviera en movimiento, y como el vehículo DEI es imperfecto, hay que subirse o bajarse y meter la religión en el ecosistema más grande”, señaló Simran Jeet Singh, director ejecutivo del Programa Religión y Sociedad en el Instituto Aspen, “Es casi como una manera en que las personas religiosas dicen ‘También piensen en nosotros’”.

Hace veinte años, pocas empresas seculares reconocían a los grupos de empleados basados en la religión, y las que sí —de manera oficial o no— casi siempre eran a los cristianos. De acuerdo con la Religious Freedom & Business Foundation, en la actualidad, casi 70 empresas seculares los financia de manera oficial y varias decenas más permiten su existencia. Muchos grupos son nuevos desde 2017; algunos tienen miles de integrantes y representan a cristianos, musulmanes y judíos, junto con sijs, budistas, bahaís e incluso ateos.

Los académicos denominan esto cambio cultural. Desde hace mucho, la oficina secular ha sido “un espacio neutral separado de la religión”, señaló Helen Chung, profesora adjunta de Psicología Organizacional Industrial en la Universidad Seattle Pacific que estudia los grupos de empleados basados en la religión. Esto es en parte “un remanente de la separación de Iglesia y Estado”, comentó Chung, y en parte una manera de mantener la paz. “¿Cuáles son las dos cosas de las que no debemos hablar?, mencionó Brian Grim, presidente de la Religious Freedom & Business Foundation. “Religión y política”.

Invitar a los empleados a traer su identidad integral al lugar de trabajo implica que las empresas deben estar preparadas para tener algunas conversaciones complejas. “Eso no significa que las empresas tengan que opinar sobre Israel y Palestina”, afirmó Singh. Pero, según él, los trabajadores con alguna religión “tienen problemas reales que estarán poniendo sobre la mesa y tenemos que estar listos para abordarlos”.

‘No deberíamos escondernos’

Tal vez los estadounidenses se estén alejando de la religión organizada, pero, según una encuesta representativa a nivel nacional de la Universidad Rice, una quinta parte de ellos sigue viendo su trabajo como un llamado espiritual.

“A lo largo de la historia, las instituciones religiosas le han brindado a la gente un contexto, un lugar donde marcar algunas transiciones de su vida y construir algún significado”, comentó Chung. “Pero algo de eso ha disminuido y yo creo que por ello buscamos recrear algunas estructuras para nosotros mismos en el lugar de trabajo”.

Los empleados que se han unido a los grupos religiosos en el lugar de trabajo o que han integrado la religión a su vida profesional casi siempre lo hacen para tener un apoyo emocional.

La organización de Childers, Pray for Tech, posibilita la existencia de sesiones de oración interempresariales virtuales, como la de marzo, en la que los empleados de Meta, Microsoft y Yahoo rezaron con motivo de los despidos.

En PayPal, los trabajadores pueden presentar solicitudes a un “portal de oración” para que sus compañeros recen por ellos. “Muchas veces se trata de algún diagnóstico médico, o también para rezar por la dirigencia y la prudencia en épocas económicas difíciles”, comentó Becky Pomerleau, la directora ejecutiva de auditoría de la empresa que ayudó a fundar los grupos de afinidad cristiana e interreligión en 2019.

Sukie Singh Gandhi, gerente de consultoría técnica en Salesforce, comentó que participar en el trabajo con su religión sij le ayuda a sentirse considerada y respetada como parte de una minoría religiosa. Gandhi es vicepresidenta a nivel mundial de Faithforce, un grupo de afinidad de 5000 miembros en su empresa, y forma parte del canal de Slack “Sijes en Salesforce”, ambos puestos que ha usado para ayudar a sus compañeros sijes.

Por ejemplo, algunos sijes tienen que portar un kirpán, que es un pequeño puñal simbólico que representa la justicia y la valentía, pero les preocupa que sus compañeros o los oficiales de la seguridad crean que el kirpán es un arma. Después de que el año pasado sus compañeros plantearon esta inquietud en el canal de Slack, Gandhi ayudó a organizar reuniones con los directivos, los oficiales de la seguridad y los empleados para hablar sobre ese tema.

Como resultado de estas conversaciones, los sijes que desean portar un kirpán en el trabajo ahora tienen una anotación especial en su gafete de empleado.

A Gandhi le pareció que esta experiencia los empoderó “Eso es lo que soy”, afirmó. “No deberíamos escondernos”.

A fines de 2022, la Liga Antidifamación creó un canal de un grupo de empleados judíos para atender las consultas en aumento de los empleados judíos y los funcionarios DEI. “Excluir a los judíos o incluirlos en un grupo mucho más grande refuerza esa señal de que los judíos no son vulnerables, que no son un grupo minoritario”, señaló Adam Neufeld, vicepresidente general y director de impacto de ADL. “Nosotros creemos que sí lo son”.

El acceso a una comunidad con ideas similares también ofrece la seguridad que algunos trabajadores necesitan para ir más allá. Steve Teng, cuya organización sin fines de lucro llamada Pivot, con sede en Austin, ayuda a los cristianos a crear comunidades en el trabajo centradas en Jesucristo, mencionó que a algunas personas les han enseñado a creer que integrarse a espacios interreligiosos significa abandonar su propia teología. “Yo les digo que no tengan miedo. Cuando se reciben ideas, también se comparten. Eso es dignificar a las personas de todo tipo”, afirmó.

c.2023 The New York Times Company