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Opinión: La crisis de los hombres y los niños

Si has prestado atención a las tendencias sociales, probablemente tengas alguna idea de que los niños y los hombres están enfrentando dificultades, en Estados Unidos y en todo el mundo.

Tienen dificultades en el salón de clases. A los 5 años de edad, las niñas estadounidenses tienen 14 puntos porcentuales más de probabilidades de estar “preparadas para la escuela” que los niños, bajo la tutela de padres con características similares. Al llegar al bachillerato, dos tercios de los estudiantes en el 10 por ciento superior de la clase, clasificados según el promedio de calificaciones (o GPA, por su sigla en inglés), son niñas, mientras que aproximadamente dos tercios de los estudiantes en el decil más bajo son niños. En 2020, en las 16 mejores facultades de derecho estadounidenses, ni una sola de las principales revistas de derecho tenía un hombre como editor jefe.

Los hombres también enfrentan dificultades en el lugar de trabajo. Uno de cada tres hombres estadounidenses con solo un diploma de bachillerato (5 millones de hombres) ahora está fuera de la fuerza laboral. El mayor desempleo está entre los hombres jóvenes de 25 a 34 años. Los hombres que ingresaron a la fuerza laboral en 1983 ganarán alrededor de un 10 por ciento menos en términos reales durante toda su vida que aquellos que comenzaron una generación antes. Durante el mismo período, los ingresos de por vida de las mujeres aumentaron un 33 por ciento. Prácticamente todos los aumentos de ingresos que las familias estadounidenses de clase media han disfrutado desde 1970 se deben a aumentos en los ingresos de las mujeres.

Los hombres también tienen dificultades físicas. Los hombres representan cerca de 3 de cada 4 “muertes por desesperación”: suicidio y sobredosis de drogas. Por cada 100 mujeres de mediana edad que murieron de COVID hasta mediados de septiembre de 2021, hubo 184 muertes de hombres.

El nuevo libro de Richard V. Reeves, “Of Boys and Men”, es un hito, uno de los libros más importantes del año, no solo porque es una mirada integral a la crisis masculina, sino también porque busca el origen de esa crisis y ofrece soluciones.

Aprendí muchas cosas que no sabía. En primer lugar, los entornos desafiantes obstaculizan mucho más a los niños que a las niñas. Es posible que las niñas que crecen en barrios pobres y familias inestables logren salir de ahí. Los niños son menos propensos a hacerlo. En Canadá, los niños nacidos en los hogares más pobres tienen el doble de probabilidades de seguir siendo pobres que sus contrapartes femeninas. En las escuelas estadounidenses, el desempeño académico de los niños está más influenciado por los antecedentes familiares que el de las niñas. Los niños criados por padres solteros tienen tasas más bajas de matriculación universitaria que las niñas criadas por padres solteros.

En segundo lugar, las políticas y los programas diseñados para promover la movilidad social suelen funcionar para las mujeres, pero no para los hombres. Reeves, un académico de la Institución Brookings, visitó Kalamazoo, Míchigan, donde, gracias a un donante, los graduados de bachillerato pueden asistir a muchas universidades del estado de manera gratuita. El programa aumentó el número de mujeres que obtienen títulos universitarios un 45 por ciento. Las tasas de graduación de los hombres se mantuvieron iguales. Reeves enumera toda una serie de programas, desde la enseñanza preescolar hasta los esfuerzos de apoyo para la universidad, que produjeron avances impresionantes para las mujeres, pero no impulsaron a los hombres.

Reeves tiene una serie de propuestas de políticas para abordar la crisis, la más controvertida de las cuales es hacer que los niños comiencen su escolarización un año más tarde que las niñas, porque en promedio la corteza prefrontal y el cerebelo, que participan en la autorregulación, maduran mucho antes en las niñas que en los niños.

Hay muchas razones por las que los hombres están enfrentando dificultades, por ejemplo, la disminución de los trabajos en la manufactura, que otorgan un gran valor a la fuerza física, y el aumento de los trabajos en el sector de servicios. Pero me llamó la atención el concepto de desmoralización que permea todo el libro. Reeves habló con hombres en Kalamazoo sobre por qué las mujeres se estaban adelantando. Los hombres dijeron que las mujeres simplemente están más motivadas, trabajan más duro y planifican mejor. Sin embargo, esto no es una cuestión de responsabilidad individual. Hay algo en la cultura moderna que está produciendo una brecha de aspiraciones.

Muchos hombres sencillamente parecen menos ambiciosos. Las estudiantes universitarias tienen cerca del doble de probabilidades de inscribirse en programas de estudios en el extranjero que los hombres universitarios. En 2020, en medio de la COVID, la disminución de la matrícula universitaria de los estudiantes varones fue siete veces mayor que la de las estudiantes mujeres. Como dice Reeves: “No es que los hombres tengan menos oportunidades. Es que no las están aprovechando”.

Más hombres llevan vidas azarosas y solitarias. Aproximadamente el 15 por ciento de los hombres dicen que no tienen amigos cercanos, frente al 3 por ciento en 1990. Uno de cada cinco padres no vive con sus hijos. En 2014, más hombres jóvenes vivían con sus padres que con una esposa o pareja. Aparentemente, incluso muchos de los que están casados no son compañeros ideales. Las esposas tienen el doble de probabilidades de iniciar divorcios que los esposos.

Me queda la impresión de que muchos hombres son como lo que dijo Dean Acheson sobre el Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial. Han perdido un imperio, pero aún no han encontrado un papel que desempeñar. Muchos hombres tienen un ideal obsoleto: ser hombre significa ser el principal sostén de tu familia. Luego no pueden alcanzar ese ideal y la desmoralización comienza.

La ambición no solo sucede; tiene que ser estimulada. La cultura todavía está buscando un ideal masculino moderno. No les está inculcando a muchos niños las habilidades emocionales y de crianza que son tan urgentes e importantes hoy en día. Un sistema que etiqueta a más de una quinta parte de todos los niños como discapacitados en el desarrollo no les está inculcando un sentido de confianza y competencia.

La masculinidad se ha vuelto loca. Volver a las caricaturas de seudomachos como Donald Trump y Josh Hawley no ayuda.

© 2022 The New York Times Company