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Opinión: Uribe y Petro se sientan a tener el imprescindible diálogo por Colombia

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Uribe y Petro (Twitter Gustavo Petro)
Uribe y Petro (Twitter Gustavo Petro)

La polémica reunión entre el expresidente Álvaro Uribe y el presidente electo Gustavo Petro dejó a varios boquiabiertos, pero a muchos otros con un aire de esperanza ante una sociedad que busca ser mas participativa y menos arraigada a quienes han llevado siempre las riendas del poder.

Treinta minutos fueron suficientes para sentar en la misma mesa a los dos adversarios políticos más importantes de la actualidad colombiana, y aunque no se dieron muchos detalles, lo que sí se sabe es que se presenta ante los ojos de los ciudadanos un posible pacto de cordialidad y colaboración por la anhelada paz que tanto esquiva a la nación suramericana.

La macabra historia de la violencia en Colombia no debe repetirse y ese es un punto en común desde la extrema izquierda hasta el ala más conservadora de la clase política del país.

Parte de esa lucha desmedida es justificada por guerrilleros que se alzaron en armas en los años 60 y 70 para buscar, según ellos, un camino de justicia social.

Las guerrillas que en ese entonces surgieron en Colombia buscaban derrocar el bipartidismo, una interminable fila de gobiernos entre liberales y conservadores donde no había espacio para terceros,  ningún grupo armado lo logró.

Basta con darle una mirada a 200 años de historia de Colombia; en el territorio nacional salen a relucir un par de apellidos cuando se trata de hablar de política nacional, están los Pastrana, los Gómez, los Santos, los Lleras, los Turbay,  entre otros. Una exhaustiva investigación de senadores reportó que, hasta 2018, el país había sido gobernado por solo 40 familias.

Bajo esa premisa muchos podrán decir que la desigualdad en Colombia cobró con altos intereses la falta de participación ciudadana, al punto que nacieron grupos alzados en armas, entre ellos los más notables como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo FARC-EP,  el Ejército de Liberación Nacional ELN, el Ejército Popular de Liberación EPL y el Movimiento Diecinueve de Abril M-19, grupo al que perteneció el hoy presidente Gustavo Petro, el mismo que hizo la toma incendiaria del Palacio de Justicia en 1985.

Muchos de ellos enfrentados directamente con grupos de extrema derecha, los paramilitares, multiplicados en la década de los 80 gracias a la promulgación de la Ley 48 de 1968 con la cual el Estado permitió la lucha a manos de civiles.

No muy lejos de ellos estaría la formación en los 90 de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), que también emprendieron el combate por su cuenta, para desmovilizarse en el 2006 amparados por la Ley de Justicia y Paz.

Las lecciones aprendidas de izquierda a derecha y viceversa

Recientemente se entregó al presidente electo el informe final de la llamada Comisión de la Verdad, un órgano extrajudicial que trabajó durante años recopilando hechos y testimonios de más de 30.000 personas involucradas directamente con el conflicto armado.

Según el documento, el conflicto tuvo sus más sangrientos años entre 1996 y 2008, cuando se produjeron el 75 por ciento de las víctimas, la mayoría de ellas civiles. En las cifras registran 50.770 secuestros, 121.768 desapariciones, 450.664 asesinatos y 7,7 millones de desplazados.

A todo esto se debe sumar un fenómeno que empeoró el panorama, el narcotráfico, la forma fácil de hacer dinero que contribuyó a que muchas de esas guerrillas pudieran mantenerse vivas. Figuras como los capos Pablo Escobar o Gilberto Rodríguez Orejuela, tuvieron que tocar la puerta de la política nacional para poder delinquir. La conformación de poderosos carteles de la mafia, como el de Medellín o el de Cali, también necesitaron apoyo en la inmensidad de las selvas colombianas.

En ese entonces el trágico cuadro nacional no veía salida, pero un lider logró despertar la esperanza de muchos por darle la vuelta a la página, Álvaro Uribe, quien gobernó entre 2002 y 2010 con el apoyo de la gran mayoría liderando una guerra contra los alzados en armas , especialmente contra las FARC, quienes habían secuestrado y asesinado a su propio padre.

Bajo la estrategia de la “mano firme” , los  mas fuertes críticos de Uribe señalan que el fin no justificaba los medios, hablando específicamente de un caso conocido como los ‘falsos positivos’ que aun es investigado por la justicia.

Para el expresidente Uribe resulta difícil aceptar que alguien como Petro que perteneció a los movimientos guerrilleros ahora esté en el poder, sin embargo, como él mismo escribió en las redes sociales “son visiones diferentes sobre la misma patria” enfatizando que “para defender la democracia es menester acatarla. Gustavo Petro es el Presidente. Que nos guíe un sentimiento: Primero Colombia” afirmó.

Petro prometió que restablecería el diálogo con el ELN  afirmando que “la aproximación a la verdad no puede ser considerada un espacio de venganza... lo que sigue a la verdad en el fondo y depende de las víctimas, y de nadie más en Colombia, es la posibilidad del perdón social” dijo , asegurando además que promovería el sometimiento de todos los grupos armados.

Expertos en política internacional resaltan que aquellos países que no conocen su pasado están destinados a vivir día a día como lo han venido haciendo por años, “aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, decía la frase que se atribuye en primera instancia a Napoleón Bonaparte, la misma que le recuerda a los colombianos que la única solución para evitar esta realidad es mantenerse informados, críticos y reflexivos sobre la situación actual para no cometer los mismos errores.

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