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Algunas personas afirman que ha llegado demasiado lejos el combate al coronavirus en China

Keith Bradsher
En la entrada del estacionamiento de un complejo de casas y oficinas en Pekín, registran a un conductor, le toman la temperatura corporal y rocían desinfectante en su auto, el martes 18 de febrero de 2020. (Gilles Sabrie/The New York Times)

SHANGHÁI — Los líderes empresariales de China no discuten con Pekín. Dejémosle la política al Partido Comunista, concluyeron hace mucho tiempo, y el gobierno nos dejará ganar en paz nuestro dinero.

El brote despiadado de un virus ha alterado esa fórmula. La economía china, que por lo general goza de excelente salud, está casi paralizada mientras las autoridades combaten un coronavirus que ha matado a más de 2000 personas y atacado a decenas de miles más. Ahora, cientos de millones de personas viven prácticamente aisladas mientras las barricadas bloquean pueblos enteros y las autoridades locales prohíben que las empresas vuelvan a abrir sus instalaciones.

Los líderes empresariales y los economistas de China dicen “basta” cada vez más. Sostienen que, si bien China debe frenar el brote, algunos de sus métodos están perjudicando la vida y la subsistencia de millones de personas y no contribuyen mucho a los esfuerzos de contención.

“Hay que llegar a un equilibrio que ayude a proteger vidas”, escribió James Liang, presidente ejecutivo de Trip.com, la agencia de viajes por internet más importante de China, en un ensayo muy difundido esta semana.

Liang advirtió que si el país se empobrece debido a las medidas sanitarias de emergencia, esto podría afectar la salud de la población más que el virus mismo.

Nadie duda que la enfermedad todavía sea un problema grave, en especial en la provincia de Hubei y su capital Wuhan. Según cifras oficiales, más de 70.000 personas se han enfermado. Los expertos médicos extranjeros han insinuado que tal vez la cifra total verdadera sea mucho más elevada.

No obstante, los líderes empresariales y los economistas están comenzando a preguntar si las cuarentenas obligatorias de catorce días, las barricadas y los puestos de revisión en verdad son necesarios en la mayor parte del país, en especial en las provincias lejanas a Hubei, en las que ha habido muy pocos casos.

El debate no se da mucho en un país donde por lo general se censura o se aplasta la disidencia. Incluso asuntos como los negocios y la economía, que solían considerarse temas de conversación relativamente lícitos, se han vuelto delicados a medida que la economía china se ha desacelerado y que el Partido Comunista ha endurecido su control sobre más aspectos de la vida en China.

Sin embargo, incluso el gobierno de China ha reconocido los daños ocasionados a la economía del país, lo que ha avivado más el debate a nivel nacional sobre cuál podría ser el momento de decir basta.

“Si la epidemia dura mucho tiempo, es de esperarse que se vean muy afectados los productos agrícolas, los alimentos y las industrias con cadenas industriales largas e industrias en las que se emplea mucha mano de obra”, señaló el jueves en una rueda de prensa en Pekín Li Xingqian, director del departamento de inversión extranjera del Ministerio de Comercio.

Los efectos no solo se sienten en China, pues también afectan a empresas como Apple, General Motors y Adidas. Amazon, el gigante del comercio electrónico, está tomando medidas para mantener abastecidos sus anaqueles virtuales.

Pekín está recurriendo a un difícil acto de equilibrio. Está exhortando a los funcionarios de todo el país a continuar con lo que Xi Jinping, el dirigente supremo del país, ha llamado “la guerra del pueblo”. Al mismo tiempo, ha exhortado a los trabajadores y a los agricultores a regresar al trabajo y ha tomado medidas para ayudar a las empresas. El jueves, redujo las tasas de interés para otorgarles a las empresas un mayor acceso al dinero.

Los funcionarios de salud de China insisten en que es demasiado pronto para suspender, sin más, todas las medidas que han impuesto.

“Apoyamos activamente la reanudación ordenada del trabajo y de la producción, pero todavía no podemos disminuir nuestra vigilancia en lo más mínimo”, afirmó el jueves en una rueda de prensa Zheng Jin, vocera de la Comisión Municipal de Salud y Planeación Familiar de Shanghái.

No obstante, las señales de avance junto con una mayor inquietud sobre la economía han hecho que se pida a Pekín relajar sus medidas.

Un equipo de economistas chinos, principalmente de la Universidad de Pekín y de la empresa bursátil Huachuang Securities, escribieron la semana pasada un análisis que se ha difundido mucho por internet donde se presentaba una perspectiva crítica a los trabajos de contención. En él sostenían que demasiadas regiones chinas hicieron tantos esfuerzos por detener el virus en lugares donde había pocos casos de coronavirus, que estaban impidiendo el comercio normal entre las ciudades.

“Si todas las regiones aplican los bloqueos, pueden impedir que entren los virus, pero también pueden paralizar la economía”, escribieron estos economistas en un ensayo que se publicó por primera vez en Caixin, una de las publicaciones de mayor prestigio en China. “En ese momento, puede aparecer una ola de cierres y desempleo, peores que la epidemia en curso”.

Ninguna empresa ni ciudad puede reanudar la actividad normal por sí sola debido a que todas las empresas y comunidades necesitan materiales y trabajadores de otros lugares, escribió esta semana en internet Lu Zhengwei, economista en jefe de Industrial Bank en la provincia de Fujian. “Es necesario retomar la vida urbana normal” para que la economía repunte, añadió.

Sin embargo, si Pekín vuelve a la normalidad demasiado rápido, podría ocurrir que cuando se reunieran grandes grupos de trabajadores en sus fábricas y oficinas se podría reactivar la propagación del coronavirus, algo que ni los dirigentes empresariales ni el gobierno desean que suceda.

E-commerce China Dangdang, una empresa de ventas por internet con sede en Pekín, pasó por esa pesadilla esta semana. Uno de los empleados de la empresa presentó fiebre el martes y, para el miércoles en la noche, el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades había diagnosticado que esta se debía al coronavirus.

La empresa señaló que había ordenado a todos los empleados que trabajaran desde su casa. Se ha puesto en cuarentena en sus hogares a quienes se sentaron cerca de ese trabajador infectado.

Trabajar en casa puede ser una opción para las empresas como Dangdang, pero las fábricas no pueden darse ese lujo. Muchas fábricas no están funcionando a toda su capacidad, ni siquiera cuando en las empresas de todo el mundo están menguando sus inventarios de productos y componentes fabricados en China.

Se están tomando cada vez más medidas para contrarrestar los efectos de las rígidas restricciones impuestas sobre el traslado de personas y mercancía.

Los funcionarios chinos también están vigilando mucho los costos de los comestibles. Incluso antes de que atacara el coronavirus, para el otoño pasado, los precios de los alimentos estaban aumentando más del quince por ciento al año en China. Una epidemia diferente, la fiebre porcina africana, había matado con rapidez a la mitad de los cerdos del país, su principal fuente de proteínas.

Ahora el coronavirus amenaza con elevar los precios de los alimentos todavía más. El Ministerio de Agricultura ha ordenado a las aldeas de todo el país que quiten las barricadas y los puestos de revisión y que permitan el traslado de forraje y ganado. Pero ya ha habido informes de sacrificios masivos de aves de corral por falta de alimento, y el precio del pollo se ha desplomado de manera temporal, como señal de posibles ventas de pánico.

“No se puede subestimar el impacto general de la suspensión de la producción agrícola en todo el país”, escribió esta semana Lu de Industrial Bank.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company