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La política exterior de las compañías tecnológicas para Afganistán

·4  min de lectura
Como hemos visto con la caída de Kabul, un puñado de ejecutivos tecnológicos no electos desempeñan un gran papel en asuntos globales de gran importancia. (Daniel Zender/The New York Times)
Como hemos visto con la caída de Kabul, un puñado de ejecutivos tecnológicos no electos desempeñan un gran papel en asuntos globales de gran importancia. (Daniel Zender/The New York Times)

Casi tan pronto como los talibanes retomaron el poder en Afganistán, Facebook, YouTube, Twitter y otras grandes compañías de plataformas en internet afrontaron una decisión incómoda: ¿qué hacer con respecto a las cuentas en línea que los talibanes comenzaron a usar para difundir sus mensajes y establecer su legitimidad?

Para tomar esta decisión, las compañías tienen que determinar si reconocen a los talibanes como el gobierno oficial de Afganistán o prefieren aislar al grupo debido a su historial de violencia y represión. Los gobiernos de todo el mundo se encuentran en el mismo predicamento.

Ahora, hagamos una pausa para experimentar la incomodidad de las potencias del internet, que funcionan en gran medida como departamentos de Estado, pero no tienen que rendirle cuentas a nadie. No lo hacen completamente por su cuenta y no tienen en realidad otra opción. De cualquier forma, es muy extraño que un puñado de ejecutivos del sector tecnológico, que no fueron electos, desempeñen un papel de tanta importancia en asuntos globales.

Una manera en la que los talibanes podrían intentar ganarse la confianza de los afganos es aparentar ser un gobierno legítimo en las redes sociales y las compañías del internet intentan descifrar cómo manejar esa posibilidad.

Desde hace años, Facebook ha prohibido las cuentas relacionadas con los talibanes como parte de su política de tres niveles para “organizaciones peligrosas”; además, la compañía dijo esta semana que continuaría eliminando las cuentas de talibanes y publicaciones que apoyen al grupo. Eso incluye una línea de ayuda para ciudadanos afganos en WhatsApp, de la cual Facebook es propietaria (los talibanes ahora controlan un país, pero no tienen permitido iniciar un grupo de Facebook).

En vista de las sanciones que Estados Unidos les ha impuesto a los talibanes afganos, YouTube dijo que también eliminará cuentas que crea que son operadas por el grupo. Twitter no tiene una prohibición total, pero le dijo a CNN que cualquier publicación o video debe cumplir con las reglas que prohíben cualquier expresión que la plataforma considere discurso de odio o incitación a la violencia. Mis colegas Sheera Frenkel y Ben Decker encontraron ejemplos de cuentas de redes sociales protalibanes y publicaciones que aparecieron a pesar de esas prohibiciones, incluida una página de Facebook que se autodenominaba como una tienda de abarrotes, pero publicó mensajes protalibanes en los últimos días.

Esas compañías estadounidenses del internet se guían por las leyes aplicables en su país de origen y en los países en los que operan; además, adoptan sugerencias de la comunidad internacional. Sin embargo, a fin de cuentas, son compañías privadas que deben tomar sus propias decisiones.

Fueron Facebook, YouTube y Twitter las que decidieron en enero que las palabras del entonces todavía presidente Donald Trump podrían inspirar más violencia si se difundían en sus sitios. Twitter tuvo que decidir qué hacer cuando el gobierno de India le ordenó que eliminara publicaciones que los líderes del país consideraban discurso subversivo, pero otros veían como libertad de expresión básica en una democracia. Facebook optó (por negligencia, más que por tomar una decisión activa) por no intervenir cuando el personal militar de Birmania convirtió a la red social en una herramienta de limpieza étnica.

En cada caso, ejecutivos de la industria tecnológica que no fueron electos por nadie, principalmente en Estados Unidos, tomaron decisiones con consecuencias que hicieron eco en ciudadanos y líderes electos. Además, a diferencia de los gobiernos, las compañías del internet virtualmente no le rinden cuentas al público si las personas están en desacuerdo con sus decisiones. Los ciudadanos no pueden votar para quitar a Mark Zuckerberg de su puesto.

La historia tiene muchos ejemplos, muchas veces horrendos, de compañías estadounidenses que han ejercido influencia en lo que pasa lejos de su país. Los magnates de los medios han contribuido a iniciar guerras y a que sus candidatos preferidos resulten electos. La postura de Facebook, YouTube y otras compañías estadounidenses del internet se siente diferente. Sus productos se han vuelto de tan extenso uso que su influencia no es en realidad una decisión. Deben actuar como diplomáticos, lo quieran o no.

Casi siento un poco de pena por las compañías estadounidenses del internet (casi). Querían cambiar al mundo... y lo hicieron. Ahora se han vuelto tan poderosas que deben tomar decisiones difíciles sobre un mundo imperfecto. Ellas y nosotros vivimos con las consecuencias.

© 2021 The New York Times Company

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