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El nuevo presidente del UAW tiene una demanda que no es negociable: acabar con los ricos

El presidente de United Automobile Workers, Shawn Fain, habla con los reporteros afuera de la planta de General Motors, en Detroit, el 12 de julio de 2023. (Brittany Greeson/The New York Times)
El presidente de United Automobile Workers, Shawn Fain, habla con los reporteros afuera de la planta de General Motors, en Detroit, el 12 de julio de 2023. (Brittany Greeson/The New York Times)

Desde que tenemos memoria, Kokomo, una ciudad de Indiana, ha sido un bastión de los conservadores. Ronald Reagan aplastó a Walter Mondale en Kokomo. Al igual que Barack Obama, Bill Clinton perdió dos veces ahí. El alcalde actual, un republicano, está postulado sin competencia para su reelección. Es un pueblo famoso por algo que preferiría olvidar: un mitin del Ku Klux Klan en 1923 que fue el más grande de todos los tiempos.

No obstante, Kokomo vio nacer a un líder sindical cuya retórica tiene el propósito de derrocar a los conservadores y a las clases pudientes: un rebelde que rechaza las sutilezas de una época anterior y prefiere una confrontación frontal y mordaz.

“En mi opinión, los multimillonarios no tienen el derecho de existir”, señaló Shawn Fain, quien encabeza el sindicato automotriz United Auto Workers (UAW, por su sigla en inglés) en una batalla laboral que se libra en varios frentes contra los fabricantes de automóviles de Detroit, la cual tiene pocos precedentes y está haciendo mucho alboroto.

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En entrevistas, en discursos y en redes sociales, Fain arremete una y otra vez contra los ricos y hace de la causa del sindicato de 150.000 trabajadores de la industria automotriz de General Motors, Ford Motor y Stellantis algo de mucho mayor alcance.

“Hay una clase de multimillonarios y luego estamos todos los demás”, comentó en una conferencia de prensa improvisada afuera de la planta de Ford, en Wayne, Míchigan. “Lo que esperan de nosotros es que no hagamos nada, tomemos las migajas y vivamos con lo que apenas alcanza para subsistir. Somos ciudadanos de segunda”.

Antes de que Fain asumiera el cargo en marzo, no era tanto que la dirigencia del UAW desdeñara a los multimillonarios sino que se esforzaba por imitarlos. Uno de los directivos gastó dos millones de dólares de fondos malversados en apuestas, cocaína y autos de lujo. Otro compró 13.000 dólares de habanos en un solo día. Gracias a una investigación federal se obtuvieron 17 condenas contra la dirigencia.

Shawn Fain, presidente de United Automobile Workers, es un tipo franco que pretende lograr un acuerdo mejor con los Tres Grandes. (Sarah Rice/The New York Times)
Shawn Fain, presidente de United Automobile Workers, es un tipo franco que pretende lograr un acuerdo mejor con los Tres Grandes. (Sarah Rice/The New York Times)

Fain derrotó al presidente anterior por un margen muy estrecho. Eso le hubiese dado a cualquier otro candidato un incentivo para mantener un perfil bajo, garantizar un contrato adecuado y declarar una victoria.

Pero él no. El juego en el que participa Fain es muy arriesgado.

En primer lugar, vemos exigencias agresivas y tácticas poco comunes. El sindicato quiere un aumento del 40 por ciento durante cuatro años para compensar los aumentos mucho más pequeños de los años anteriores, una semana laboral de cuatro días, ajustes anuales por el costo de la vida, atención médica pagada para los jubilados y la abolición de un nivel salarial más bajo para los trabajadores más nuevos. Con el fin de garantizar estas prestaciones, el UAW está haciendo frente a las tres empresas al mismo tiempo (cosa que nunca antes había hecho) al montar una huelga dirigida y progresiva.

Fain, de 54 años, se ha convertido en el rostro de la huelga, la cual está en su tercera semana. En agosto, durante una transmisión en directo a través de Facebook, literalmente tiró a la basura una propuesta contractual de Stellantis, el fabricante de automóviles que absorbió lo que antes era Chrysler. “Ahí es donde debe estar; en la basura”, explicó Fain.

Queda por verse si las apasionadas palabras de Fain darán como resultado negociaciones eficaces. Sus palabras inspiran, pero también pueden indignar. Stellantis dijo que los líderes sindicales parecían “más preocupados por seguir sus propias agendas políticas que por negociar”. General Motors reprobó la “retórica y teatralidad” del sindicato y Ford señaló que el UAW debería concentrarse en las conversaciones y no en “planear huelgas y eventos de relaciones públicas”.

“Soy tan sutil como un martillo”, reconoció Fain en una entrevista. “Tal vez siempre lo he sido. Es parte de mi vida laboral. En privado, soy más reservado”. Incluso su biografía oficial en el sindicato lo califica como “directo”, y cuenta que fue “marginado” por sus polémicas declaraciones en las reuniones sindicales.

Quienes lo conocieron en Kokomo durante el bachillerato en la década de 1980 definitivamente no vieron venir su ascenso a la fama nacional. Estas personas recuerdan a un chico tranquilo que le tenía mucho respeto a la autoridad.

“No creo que Kokomo sea un semillero de radicales”, comentó Paul Nicodemus, otro integrante de su generación de 1987, y añadió que la ciudad era “famosa por tener el tronco de árbol y el toro disecado más grandes”, dos antiguas atracciones turísticas de la localidad. Malcolm X, a quien Fain se refirió en fechas recientes, no era parte del plan de estudios.

Sin embargo, un análisis más detallado revela la manera en que la educación de Fain habría participado en la formación de una figura confrontativa que insulta a los fabricantes de automóviles al mismo tiempo que preocupa a Wall Street. “Es como ver en cámara lenta un choque de automóviles sobre el hielo”, escribieron los analistas de Wedbush cuando la huelga se extendió a más fábricas la semana pasada.

Los bisabuelos de Fain, Gordon y Effie Fain, fueron unos migrantes por razones económicas que se mudaron de Kentucky a Kokomo en la década de 1920.

“Mis abuelos salieron de la pobreza”, comentó Fain. “Cuando miro que insultan a las personas de México o de Venezuela, veo a mis abuelos, quienes nacieron en Kentucky y Tennessee y no al otro lado de la frontera, pero no siento que sean diferentes”.

Cuando los Fain llegaron, la industria automotriz se estaba consolidando en Kokomo. En 1937, Chrysler compró una planta automotriz inactiva para elaborar transmisiones. El abuelo de Fain, Stanley, trabajó en Chrysler durante 35 años y otros familiares trabajaron en GM.

El padre de Fain, Rodger, rompió con esa tradición. Fue el jefe de la policía de Kokomo; su esposa, Stella, era enfermera. En la trayectoria de Rodger Fain, hay algo parecido a la situación de su hijo. Fue contratado para solucionar un problema.

En la década de 1979, hubo muchos homicidios en Kokomo que fueron notorios, lo cual hizo que la población tuviera más temor, pero también era una época en que las relaciones entre la policía y la ciudad eran muy tensas. Hubo acusaciones de que la policía era rehén de caprichos políticos, lo que ocasionó la renuncia de uno de los jefes. La policía se quejaba de bajos salarios y pasaba por la casa del alcalde con las sirenas a todo volumen y cosas por el estilo, de acuerdo con una historia de 2014 sobre la policía de ese condado. También se pusieron en huelga un día.

A Rodger Fain, quien llegó a la jefatura en 1980, se le reconoce el haber profesionalizado a la policía y terminado con la aceptación de gratificaciones. Cuando el Ku Klux Klan decidió marchar por el pueblo poco después de que asumió el cargo, hubo un momento de mucha tensión. Había recuerdos muy vívidos de una manifestación de 1979 en Carolina del Norte en la que los miembros del Klan les dispararon y mataron a cinco participantes de una contramanifestación organizada por el Partido Comunista.

La manifestación de Kokomo se llevó a cabo sin incidentes y Rodger Fain fue reconocido por no haber permitido que hubiera violencia. Pero este empleo no era el tipo de trabajo que quería que hiciera su hijo.

“Mi padre me alejó de una carrera en la policía”, señaló Shawn Fain. “Cuando se jubiló en 1987, me dijo que, en sus tiempos, solo tenías que preocuparte de que alguien sacara un puñal. Ahora todo mundo se está armando”.

Hubo épocas difíciles. Fain se casó en 1991 con una compañera del bachillerato y tuvo dos hijas. “Cuando pasas por dificultades y te despiden, vives con una cantidad de 80 dólares por desempleo a la semana, solicitas ayuda del gobierno para comprar leche y pañales para tu hija, eso hace que te des cuenta de lo que se necesita para sobrevivir en este mundo”, comentó. (Su matrimonio terminó en divorcio. Ahora está comprometido con Keesha McConaghie, una analista financiera del UAW).

Fue un vecino que estaba en el sindicato de electricistas quien puso a Fain en una ruta viable. “Si me hubiesen preguntado: ‘¿Quieres ser electricista?’, tal vez me habría reído. No sabía nada del oficio. Hice la solicitud, me aceptaron y el resto es historia”. Comenzó a trabajar en Chrysler en 1994.

En 2007, fue líder en una campaña de las bases para rechazar un contrato de Chrysler que estipulaba que les pagarían a los nuevos trabajadores un porcentaje menor y recibirían otras concesiones. Al aceptar el acuerdo, le dijo a la dirigencia del UAW, “también podríamos tomar una pistola y darnos un tiro en la cabeza”.

El contrato fue aprobado, pero Fain se ganó la reputación de rebelde. Hace once años, se mudó de Kokomo a Detroit para trabajar de manera directa para el sindicato. En los años posteriores, los escándalos de corrupción en la cúpula del UAW terminaron con dos presidentes sindicales sucesivos en la cárcel, junto con una orden del supervisor nombrado por la corte de que los altos funcionarios fueran electos, por primera vez, por voto popular.

Fue un inicio para los reformistas y Fain encabezó una insurgencia que expulsó a la vieja guardia. No solo se comprometió a acabar con la corrupción, sino también a deshacerse del método de “llevarse bien y estar de acuerdo” que calificó de “sindicalismo empresarial”. Uno de sus primeros actos públicos fue rechazar el apretón de manos tradicional con los fabricantes de automóviles al inicio de las negociaciones en julio.

Considera su actitud mordaz como “una migración”, algo que adoptó “solo por la experiencia”. Lo mismo ocurre con su trayectoria política. “Jamás pensé contender por la presidencia del UAW”, afirmó. “No estaba en mis planes, pero las cosas cambian”.

Fain lidia con el estrés haciendo ejercicio y escuchando música, con selecciones de todo tipo: hiphop, rock de los años 80, Metallica, Frank Sinatra. Aún se está acostumbrando al trabajo y al hecho de que Shawn Fain, del local 1166 de Kokomo, es el presidente del UAW.

“Es algo surrealista,” como lo describe. Él cree que si hay algo que podría mantenerlo con los pies en la tierra es esto: “Los líderes anteriores del sindicato solían olvidar a quiénes representaban. Yo no lo olvido”.

c.2023 The New York Times Company