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Las protestas por el Día Internacional de los Trabajadores en Puerto Rico son señal de que la economía todavía está en dificultades

Cynthia Rivera Sánchez, a la izquierda, y Adrián Maldonado Rodríguez el Día del Trabajo en la Universidad de Puerto Rico en San Juan, el 1.° de mayo de 2023. (Erika P. Rodríguez/The New York Times).
Cynthia Rivera Sánchez, a la izquierda, y Adrián Maldonado Rodríguez el Día del Trabajo en la Universidad de Puerto Rico en San Juan, el 1.° de mayo de 2023. (Erika P. Rodríguez/The New York Times).

SAN JUAN, PUERTO RICO — En Puerto Rico, las manifestaciones del 1.° de mayo, una tradición para los trabajadores desde hace tiempo, se han convertido en un retrato de su precaria economía.

Las manifestaciones anuales ya no se limitan a los maestros y otros trabajadores sindicalizados que salen a exigir mejores salarios y condiciones laborales. Ahora, otros residentes también salen: personas hartas y frustradas porque la vida en esa isla se encarece y se hace más difícil cada año.

Puerto Rico ha padecido con su economía desde hace casi dos décadas. Un grupo supervisor no elegido por el pueblo sino creado por el Congreso hace siete años impuso medidas de austeridad que han mermado las pensiones públicas y otras prestaciones.

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Otras situaciones fastidiosas son los frecuentes apagones en la isla, los inversionistas extranjeros que compran inmuebles y desplazan a los residentes locales y los proyectos de desarrollo en terrenos de importancia ambiental.

“Hay tantos motivos para protestar”, se lamentó Luz Elena Sánchez, de 73 años, antigua orientadora de la Universidad de Puerto Rico, que ha sufrido considerables recortes a su presupuesto.

A continuación, presentamos comentarios de algunos de los cientos de puertorriqueños que marcharon desde la universidad y el Departamento del Trabajo local hasta el centro del distrito financiero de San Juan el Día del Trabajo la semana pasada sobre la gravedad de los problemas que enfrentan en la isla.

Natalie Anaya Luna el Día del Trabajo en la Universidad de Puerto Rico en San Juan, el 1.° de mayo de 2023. (Erika P. Rodríguez/The New York Times).
Natalie Anaya Luna el Día del Trabajo en la Universidad de Puerto Rico en San Juan, el 1.° de mayo de 2023. (Erika P. Rodríguez/The New York Times).

Natalie Anaya Luna, 40 años

Anaya Luna ha visto cómo las crecientes rentas han obligado a varios amigos y vecinos a desalojar o abandonar su casa, debido a que cada vez más inversionistas extranjeros compran inmuebles en Puerto Rico para revenderlos u ofrecerlos en contratos de renta a corto plazo.

“Lo que quieren es convertir a la isla en un refugio fiscal”, comentó Anaya Luna, quien es artista y traductora. “Para que se convierta en un lugar de vacaciones y retiro para estadounidenses blancos y ricos”.

Anaya Luna, quien vive en una casa propiedad de su familia en el barrio Santurce de San Juan, explicó que ha visto una oleada de desalojos en su comunidad y otras de la isla. El costo de vida ha aumentado para los residentes, mientras que a las personas adineradas que se mudan a Puerto Rico y compran casa ahí se les ofrecen considerables ventajas fiscales.

Esas políticas están causando que la isla sea “inhóspita para quienes no son millonarios”, se lamentó.

Milton Santiago Rodríguez, 69 años

Después de trabajar 26 años como maestro de español en una preparatoria, Santiago Rodríguez ahora vive con lo que designa una pensión de hambre. Su salario anual de 32.000 dólares lo dejó con una pensión mensual de 1228 dólares, unos 14.700 dólares al año.

Esa cantidad no le alcanza para cubrir el costo de sus alimentos, renta, seguro de salud y los servicios públicos, que no dejan de subir, afirmó.

“Apenas puedo pagar mi seguro de salud”, señaló Santiago Rodríguez, quien paga además por cobertura privada porque Medicare no alcanza. “Todavía estoy bien de salud, pero mi dieta no es de lo mejor”.

Protestó con colegas jubilados del Departamento de Educación de Puerto Rico para exigir que el grupo encargado de administrar las finanzas de la isla incremente las pensiones para mantenerlas al nivel de la inflación. El grupo supervisor ordenó varios cambios al sistema de pensiones de los maestros, entre ellos, aumentar la edad de retiro a los 63 años y eliminar un plan de retiro con prestaciones definidas que garantizaba pensiones del 75 por ciento de los salarios de los maestros.

Santiago Rodríguez dijo que lo que tiene ahora “es sencillamente miserable”.

Cynthia Rivera Sánchez, 22 años, y Adrián Maldonado Rodríguez, 24 años

Rivera Sánchez, quien cursa el último año de estudios en la Universidad de Puerto Rico, indicó que encontrar cursos adecuados, incluso en las materias esenciales, se dificulta más cada semestre porque los recortes al presupuesto han limitado el número de profesores y secciones disponibles en la universidad. Eso le hace todavía más difícil organizar sus horarios para trabajar y poder solventar sus estudios.

Aumentos recientes en la colegiatura la han obligado, al igual que a Maldonado Rodríguez, ambos miembros del consejo estudiantil de la universidad, a malabarear clases y trabajos pagados fuera de la escuela.

“En este momento, no somos estudiantes que trabajan, sino trabajadores que estudian”, explicó Rivera Sánchez, que cursa estudios en Matemáticas y trabaja como ingeniera de software en capacitación.

Maldonado Rodríguez, quien estudia Derecho, señaló que los recortes al presupuesto también han limitado el acceso de los estudiantes a la vivienda. Dos de los tres dormitorios del principal campus de la universidad han estado cerrados desde hace unos cinco años. Ahora que los inversionistas han adquirido inmuebles en la zona, hay menos apartamentos de renta asequible para los estudiantes.

“Con algo tan básico en riesgo, no puedes tener una experiencia universitaria adecuada”, se lamentó Maldonado Rodríguez.

Marta Rodríguez García, 32 años, e Hiram Rodríguez Torres, 34 años

Rodríguez García, psiquiatra con una deuda de 200.000 dólares por préstamos estudiantiles, comentó que entiende por qué los médicos puertorriqueños se van de la isla para trabajar en lugares donde ganan más.

“En estas condiciones, no es posible practicar la Medicina de manera digna”, señaló Rodríguez García.

Hasta mayo de 2022, el número de médicos que ejercían la profesión en Puerto Rico había disminuido aproximadamente 9500, o la mitad del total, desde 2009, según el Departamento de Salud de Puerto Rico.

Rodríguez Torres, especialista en Medicina Interna, es célebre en Puerto Rico porque utiliza las redes sociales para protestar contra las políticas de las aseguradoras que, en su opinión, afectan la atención a los pacientes.

“Como los doctores tienen que trabajar tanto y ver a tantos pacientes a diario, los pacientes están muriendo”, afirmó Rodríguez Torres, quien ahora trabaja en telemedicina y atiende a pacientes que viven fuera de Puerto Rico.

Rodríguez García dijo que quería seguir practicando en la isla. Espera ofrecer servicios psiquiátricos sin intervención de las aseguradoras.

“Queremos que los pacientes donen lo que puedan”, dijo, “dependiendo de sus circunstancias”.

c.2023 The New York Times Company