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Quién es Khalil Rafati, el empresario con un pasado oscuro al que se le olvidó morir: así logró salir del infierno

Aunque vivió en la indigencia y estuvo a punto de morir por una sobredosis, logró sobreponerse y levantar su propio negocio

Khalil Rafati es un empresario que tiene mucho en común con el recientemente fallecido actor Matthew Perry. Ambos tuvieron la aspiración de triunfar en Hollywood. Ambos cayeron en las drogas y pasaron por procesos de recuperación. Ambos escribieron libros sobre sus historias de adicción. Los dos han sido piedras angulares en la creación de centros de recuperación de adictos.

De Matthew Perry se sabe todo pero ¿quién es Khalil Rafati?.

La vida de Khalil Rafati parece sacada de una película del montón en la que una persona que es pobre y miserable se convierte en rica y exitosa. La diferencia es que no es ficción, y este personaje de la vida real sí vivió un verdadero infierno, fue indigente, delincuente, quiso morirse pero no pudo y terminó levantándose para transformarse en un emprendedor dedicado a la salud.

Semilla de autodestrucción

El empresario estadounidense, nacido en el estado de Ohio, es hijo de una madre polaca y un padre palestino, y su infancia estuvo marcada por todo tipo de maltratos incluyendo abusos sexuales, de acuerdo con lo que él mismo ha contado en su libro “Se me olvidó morir”.

Madre y padre fueron refugiados de guerra en sus respectivos países y Rafati dice que ninguno estaba preparado para asumir la responsabilidad de tener hijos.

Su sueño era convertirse en actor y por eso, en cuanto pudo, se marchó a Los Ángeles donde logró algunas incursiones en el mundo de la actuación, la música y la venta de automóviles a clientes de alto perfil.

Pero desenvolverse en ese mundo también involucró el contacto con las drogas “y la semilla de la auto destrucción empezó a germinar”, dice el mismo Rafati en su libro.

En sus reflexiones, el exindigente comenta que mucha gente se muda a Los Ángeles con fantasías de volverse rico y famoso, y se aferra a las pocas historias de quienes llegaron a Hollywood siendo anónimos y lograron convertirse en actores reconocidos.

Rafati dice que este camino, en realidad, “puede ser sombrío y deprimente, y junto con el sexo, el rock and roll, la fama y el dinero, vienen las drogas, los errores y el dolor”.

Sus prometedores planes hollywoodenses se fueron esfumando comidos por drogas como la heroína, uno de los narcóticos que causan más adicción y que solo en 2021 causó la muerte por sobredosis de 9.173 personas en Estados Unidos.

Estuvo en el hospital muchas veces, hasta la novena sobredosis. En la cárcel pasó otras tantas temporadas, porque también se convirtió en vendedor de drogas.

En 2001, con poco más de 30 años, apenas 48 kilos de peso y el cuerpo lleno de llagas, decidió que ya no valía la pena seguir viviendo y consumió una dosis letal de heroína, pero no murió.

Se le olvidó morir

Rafati habla de su recuperación, de su salida de la indigencia, de las drogas duras y de esa vida de abandono de sí mismo con el tono de impresión de alguien que cuenta que sobrevivió a un catastrófico accidente de avión y ahora es capaz de contarlo.

En una entrevista ofrecida a Entrepreneur el hoy empresario explica cuál fue el momento de inflexión, ese evento que marcó el antes y el después que de verdad lo volvió a enchufar a la línea vital.

Después de estar en la antesala de la muerte y ser devuelto a la vida, pasó un par de años en rehabilitación, pero en ese interín, su madre le informó que tenía cáncer y el sintió que no tenía ninguna posibilidad de ayudarla, sintió que era un completo fracasado.

“Por primera vez en mi vida asumí toda la responsabilidad de todo lo que me había sucedido. Allí mismo hice un pacto con Dios de que nunca volvería a sentirme así”, contó.

Antes de iniciar su primer negocio pasó varios años haciendo muchos trabajos como pasear perros o lavar autos. No descansaba porque tenía que ahorrar.

En esa entrevista Rafati asume que no tiene ninguna habilidad real, que no es inteligente, y que la gente debe sacarse de la cabeza la idea de que alguien así es incapaz de dirigir una empresa.

Cuenta que mientras terminaba su proceso de rehabilitación conoció a Hayley Gorcey que se convirtió en su socia comercial, en su novia, en la que le ayudó a escribir su libro y con quien fundó el centro de recuperación Riviera Recovery para tratar adictos como él.

Rehabilitación con alimentos saludables

La idea de crear el Riviera Recovery le vino a Rafati después de trabajar en un centro de tratamiento. Empezó montando un negocio de acompañantes sobrios para personas ricas y famosas pero se dio cuenta de que todas las personas recaían en en el consumo tras tratarlas durante 30 días.

Entonces transformó el sistema de abordaje a los pacientes y, además de alojar a los adictos por un mínimo de tres meses, les daba alimentos y, sobre todo, jugos saludables. Con este nuevo método asegura haber logrado verdaderos cambios y resultados duraderos.

Rafati se convirtió en un evangelizador de los jugos saludables después de que un amigo se los ofreciera durante su proceso de recuperación, y por eso se convenció que esa era la vuelta a la tuerca que le faltaba a su método para ayudar a las personas adictas.

De ahí pasó entonces, en 2011, a la creación de SunLife Organic, el negocio de jugos, batidos y superalimentos que lo convirtió en millonario y dejó el centro de tratamiento en otras manos.

Los mágicos jugos de Rafati unen “súper alimentos” de sabor desagradable con sabores naturales más agradables.

Rafati es ahora adicto a su red de locales en los que vende jugos y alimentos saludables (Foto:Getty)
Rafati es ahora adicto a su red de locales en los que vende jugos y alimentos saludables (Foto:Getty) (Phillip Faraone via Getty Images)

Así, por ejemplo, SunLife Organic tiene un smoothie llamado Alchemist (Alquimista) que lleva col rizada o kale, pepino, espinaca, hinojo, menta, limón, jengibre y aloe vera. Otro, con el que se hizo famoso, se llama Wolverine, y lleva bananas, mantequilla cruda de almendras, semillas de cacao crudo, dátiles, maca, polen de abeja, leche de almendras y jalea real.

Tanto en las entrevistas que ha ofrecido como en su libro, Rafati dice que tiene una personalidad de adicto-

“Soy un adicto y eso nunca cambiará”, dijo a ABC News en una entrevista en la que comentó que aún no puede creer que logró salir del consumo de drogas y la consecuente indigencia porque prácticamente nadie sale de eso a pesar de que si realmente la persona se lo propone, puede cambiar.

Pero señala que así como se entregó a las drogas en su momento, ahora se dedica en cuerpo y alma a un estilo de vida saludable que también incluye hacer yoga, la compañía de su pareja y llevar el negocio de sus seis locales en los que vende jugos y súper alimentos.

Rafati y Perry: Infancias complicadas

A diferencia de Rafati, el fallecido Matthew Perry, sí logró fama mundial como actor interpretando a Chandler de la sitcom Friends que se extendió desde 1994 a 2004. Sin embargo, ambos tuvieron un origen familiar complicado que marcó sus vidas.

En su libro autobiográfico “Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing” que publicó en 2022, Perry contó que él pensaba que con la llegada de la fama iba a lograr superar su difícil infancia, pero no fue así.

Perry contó que comenzó a excederse con el alcohol con la esperanza de que el vodka arreglara los problemas de infancia que la fama no había podido reparar.

En su libro autobiográfico, Perry narra todos los esfuerzos que hizo para desprenderse de su adicción a las drogas y el alcohol (Foto:Getty)
En su libro autobiográfico, Perry narra todos los esfuerzos que hizo para desprenderse de su adicción a las drogas y el alcohol (Foto:Getty) (NurPhoto via Getty Images)

Dijo que su infancia fue dura porque siempre se sintió abandonado debido a que sus padres estuvieron imbuidos en sus propios trabajos y él estuvo casi siempre solo.

A los 10 años era un niño complicado que robaba dinero, fumaba, no estudiaba y a veces era violento con sus compañeros, como sucedió con el hoy primer ministro de Canadá, Justin Truedeau, a quien llegó a golpear cuando asistían a la misma escuela en Ottawa.

En cualquier caso, los traumas de su infancia acompañaron a Perry toda su vida y por eso el actor intentó taparlos con tal exceso de drogas y alcohol que él mismo confesó que hay tres años de su vida que no recuerda.

Su lucha por salir de la adicción incluye 6.000 reuniones de Alcohólicos Anónimos, 15 temporadas en centros de rehabilitación, ir a terapia dos veces a la semana durante 30 años y una inversión total de 7 millones de dólares, de acuerdo con lo que narra en sus memorias.

Parte de ese esfuerzo también fue convertir su complejo de playa en Malibú de 10 millones de dólares en la Perry House en 2012, un “centro de vida sobria” para hombres que terminó vendiendo dos años después.

El año pasado, cuando promocionaba su libro, Perry dijo en una entrevista al podcast “Q with Tom Power”, que al morir no quería que lo primero que se recordara de él fuese Friends, sino su ayuda a otras personas.

“La adicción es demasiado poderosa para que cualquiera pueda derrotarla solo. Pero juntos, un día a la vez, podemos vencerla”, declaró.

Estas palabras son ahora el lema de la Fundación Matthew Perry que nació tras su muerte el pasado mes de octubre.

Fuentes: Independent, The Guardian, Q with Tom Power, ABC News, Entrepreneur

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