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Recuperar la paz tras un genocidio en un diálogo de parentescos entre Ruanda y Colombia

Bogotá, 18 abr (EFE).- Dos conflictos que acabaron con la vida de millones de personas en África y Colombia fueron la base del diálogo entre dos escritores que vivieron el sufrimiento en su propia piel, el colombiano Alejandro Castillejo y la ruandesa Dydine Umunyana, quienes dialogaron sobre la posibilidad de recuperar la paz tras la violencia.

"Relatar la experiencia de la guerra es muy complejo, a veces la gente abandona estas lecturas", expresó el excomisionado de la verdad, Alejandro Castillejo, en un conversatorio en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo).

El genocidio tutsi en Ruanda, que cumplió 30 años el 7 de abril, es el objeto del libro de Umunyana, una mujer que vivió el genocidio en el que más de 800.000 tutsis y hutus moderados fueron asesinados cuando tenía solo cuatro años y lo contó en su libro: 'Abrazar la vida: así sobreviví al genocidio Tutsi en Ruanda'.

La conversación entre los dos invitados circuló alrededor de un intercambio entre lecturas del libro de Umunyana y comentarios que compartieron en temas de violencia, sufrimiento y la posibilidad de alcanzar la paz: "La violencia es una destrucción de cuerpos", juzgó Castillejo.

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El perdón "insuficiente"

No solo hablaron sobre sus duras experiencias, sino que también compararon cómo se juzgaron los procesos violentos. En Colombia, con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y en Ruanda con la Corte Gacaca.

El Gacaca fue un tribunal comunitario en el que "los culpables eran obligados a pedir disculpas a las familias y ya", cuenta la autora ruandesa, que no encuentra el proceso, que ha sido muy polémico, "muy sanador".

Los culpables de los crímenes, los perpetradores, eran juzgados en el Gacaca y tras el perdón "las familias tenían que volver a sus casas como si nada", dijo Umunyana, que aún recuerda las atrocidades que se vivieron durante apenas 100 días después de que derrumbaran el avión donde viajaban los presidentes de Ruanda, Juvénal Habyarimana, y Burundi, Cyprien Ntaryamira.

La ruandesa recordó las grandes fosas comunes donde arrojaban a los familiares fallecidos que "muchas veces eran incluso enterrados vivos", por lo que considera que los gacaca fueron algo simbólico pero ineficaz.

Según la ruandesa, estos juicios "volvieron a abrir heridas a personas que habían tratado de convivir con los fantasmas de la masacre, haciendo que caigan de nuevo al abismo".

"No hay nada más complejo que construir vida desde una herida", respondió el colombiano mostrando su respeto y admiración hacia la ruandesa, destacando que el papel de las mujeres es, "por desgracia", esencial en el recibimiento del perdón.

"El peso de las reconciliaciones suele caer sobre las mujeres, siempre son mujeres las que deben estar perdonando violencias", concluyó.

(c) Agencia EFE