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Las residencias estudiantiles experimentan un auge en España, a medida que más alumnos buscan alojamiento lejos de casa

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La residencia de estudiantes de Livensa en las afueras de Málaga, España, entre el centro de la ciudad y el campus universitario principal, el 31 de diciembre de 2021. (Laura Leon/The New York Times)
La residencia de estudiantes de Livensa en las afueras de Málaga, España, entre el centro de la ciudad y el campus universitario principal, el 31 de diciembre de 2021. (Laura Leon/The New York Times)

MÁLAGA, España — Mientras aprende cómo desarrollar videojuegos, David León Serrano, de 21 años, ha estado disfrutando de una experiencia bastante novedosa para un español: vivir en alojamientos estudiantiles en la costa del sur de España, un viaje que le toma cinco horas en auto desde la casa de su familia en Madrid.

Estudiar lejos de casa es una experiencia común en muchas partes del mundo, pero es un fenómeno más o menos nuevo en el sur de Europa. Por ejemplo, en España, solo cerca del 17 por ciento de los estudiantes realizan sus estudios superiores fuera de su región de origen, según el gobierno español. En comparación, en Estados Unidos, los residentes conforman menos del 20 por ciento de la población estudiantil en la mayoría de los estados.

“Yo creo que los jóvenes están empezando a entender que, si nos desplazamos dentro de nuestro propio país, es bueno para nuestro desarrollo”, dijo León Serrano, “no solo en términos de encontrar el mejor lugar para estudiar lo que queremos, sino también en términos de adquirir independencia y volvernos personas plenas”.

Su apartamento tipo estudio, que incluye una cocineta y un baño, cuesta 700 euros al mes (unos 800 dólares), que pagan sus padres. La residencia de Málaga es una de las 13 residencias de estudiantes gestionadas por Livensa Living, que en parte es propiedad de Brookfield Asset Management de Toronto.

La creciente movilidad de la población estudiantil de España está provocando un auge de inversiones en los dormitorios estudiantiles, en gran parte financiados con capital extranjero. Los inversionistas están monitoreando el creciente atractivo de España entre los estudiantes de otros países que desean estudiar ahí.

El buen clima y el estilo de vida al aire libre de España han contribuido a que sea la primera opción para los estudiantes que participan en Erasmus+, el programa de intercambio universitario de la Unión Europea. Asimismo, España ha comenzado a atraer, cada vez más, a estudiantes latinoamericanos, en particular a aquellos cuya lengua materna es el español, y es una opción popular para los participantes en los programas de estudio en el extranjero de Estados Unidos.

La vida universitaria estuvo paralizada durante gran parte de 2020 por la pandemia, pero los estudiantes han regresado en gran número, muy deseosos de disfrutar del estilo de vida comunitario que echaban de menos mientras gran parte del mundo estaba en confinamiento. Los inversores inmobiliarios se han sumado a esta tendencia.

Brian Dervishi, un estudiante italiano, en un estudio que alquila en la residencia de estudiantes Livensa Living en Málaga, España, el 31 de diciembre de 2021. (Laura Leon/The New York Times)
Brian Dervishi, un estudiante italiano, en un estudio que alquila en la residencia de estudiantes Livensa Living en Málaga, España, el 31 de diciembre de 2021. (Laura Leon/The New York Times)

En Málaga, por ejemplo, el número de camas para estudiantes aumentó casi en un 50 por ciento en el último año, según un estudio publicado en septiembre por la empresa de servicios inmobiliarios JLL. Como muestra del repunte, las nuevas inversiones en el sector alcanzaron los 140 millones de euros en el primer semestre de 2021, 140 por ciento más que un año antes.

Los inversores inmobiliarios están entrando en un mercado español de viviendas para estudiantes que, según ellos, no solo carece de oferta, sino que necesita con urgencia una reestructuración.

Las órdenes religiosas católicas han dominado desde hace tiempo el mercado de las residencias universitarias en España, y siguen proporcionando cerca de la mitad de sus camas. Pero estas residencias católicas no suelen contar con los gimnasios, salas de cine y otros servicios que espera la generación actual de estudiantes, y muchas de estas residencias también imponen normas conservadoras, como la de hacer que los hombres y las mujeres vivan separados. Además, puesto que la Iglesia católica española tiene dificultades por atraer a una nueva generación de monjas y sacerdotes, se enfrenta a una escasez de personal en sus residencias.

“En la próxima década, más o menos, creo que todas las órdenes religiosas corren el riesgo de quedarse sin personal”, afirmó Álvaro Soto de Scals, director general del Grupo Moraval, promotor español especializado en la construcción de viviendas para estudiantes, incluso para Livensa. En mayo, Moraval formó una asociación con la empresa sueca EQT Exeter para invertir 500 millones de euros en alojamientos estudiantiles en España.

Por otra parte, “la movilidad de los estudiantes está aumentando, al igual que el apetito por una mejor educación”, comentó Soto de Scals.

Una de las razones de la menor movilidad de los estudiantes en España es “una cultura paternal muy fuerte, especialmente en comparación con mi experiencia en el Reino Unido, donde se espera que encuentres tu propio lugar para vivir una vez cumplidos los 18 años”, explicó Amber Banks-Smith, la subdirectora británica de las viviendas para estudiantes de Livensa en Málaga. De hecho, los padres pagan el alquiler y se encargan de otras cuestiones administrativas en nombre de la mayoría de los estudiantes residentes, sostuvo.

Los legisladores españoles también les están facilitando a los inmobiliarias la obtención de licencias de construcción de residencias, no solo para ayudar a los estudiantes, sino también con el objetivo de liberar viviendas para otros residentes en sus abarrotadas ciudades. Trasladar a los estudiantes fuera de las zonas céntricas “es una forma de aliviar parte de la presión del mercado residencial”, dijo Soto de Scals.

Ashraf Bachiri, un estudiante marroquí, se mudó el año pasado a las nuevas instalaciones de Livensa en Málaga, tras haber compartido previamente con otros dos estudiantes un apartamento en el centro de la ciudad. El costo de su estudio en Livensa es el doble de lo que su padre pagaba por el apartamento que compartía en el centro de la ciudad, pero “mi padre también consideró que era más seguro para mí tener mi propio espacio y vivir en un lugar bien administrado”, dijo Bachiri. Livensa ofrece vigilancia las 24 horas del día en su recinto, que está dotado de cámaras de seguridad.

España tiene unos 1,6 millones de estudiantes en sus universidades. Hay unas 100.000 camas en residencias estudiantiles, lo que supone un déficit de unas 450.000 camas, según el estudio de JLL. Aunque el ritmo de construcción de alojamientos se acelere, se prevé que el déficit aumente durante la próxima década, ya que es probable que el número de estudiantes que necesiten vivienda aumente aún más rápido.

“España tiene una cartera de proyectos muy sólida para los próximos dos años, pero seguimos convencidos de que hay espacio para más”, declaró Juan Manuel Pardo, ejecutivo español de JLL. Aunque los estudiantes extranjeros también contribuyen al crecimiento, añadió: “lo que más impulsa la demanda es la mayor movilidad de los estudiantes dentro de España”.

© 2022 The New York Times Company

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