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Sabra y Chatila, una matanza que pervive en la memoria de los supervivientes

Beirut, 16 sep (EFE).- Kamal Mabrouk tenía 42 años cuando perdió a su hijo un día como hoy hacía ya 40 años en la matanza de los campos de Sabra y Chatila, en el oeste de Beirut, cuyos horrores aún siguen vivos en la memoria de los supervivientes.

"Cuarenta años después, jamas he perdido la esperanza en volver a ver a mi hijo y a los demás", dijo Mabrouk, ahora de 82 años, mientras aseguraba a Efe de que ha recopilado todos los artículos e informes sobre la masacre, incluida la documentación de Naciones Unidas, sobre la desaparición de su hijo durante la violencia de aquellos días.

La matanza se desarrolló entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982, en plena guerra civil libanesa (1975-1990), y se cobró la vida de centenares de personas a manos de falangistas cristianos libaneses, ante la connivencia de las tropas israelíes que asediaban los campamentos.

Se desconoce la cifra exacta de las víctimas, y mientras que el Gobierno libanés la estima en unas 450 personas, e Israel en entre 700 y 800, fuentes palestinas y varias ONG, como la Cruz Roja, elevan el número de los muertos hasta 3.500 personas, incluidos niños, mujeres y ancianos.

La mayoría de las víctimas mortales fueron palestinos, pero también había decenas de libaneses y algunos sirios.

Una comisión del Parlamento israelí, creada para investigar los hechos, acusó de la matanza al Partido Falangista Libanés (Kataeb) de Elie Hobeika y consideró al entonces ministro de Defensa israelí Ariel Sharon "responsable indirecto" de lo ocurrido, por lo que tuvo que abandonar la cartera.

"Recuerdo todo como si fuera ayer (...), era sábado, el 18 de septiembre (...) hacia las seis de la mañana, hombres armados estaban debajo de nuestra vivienda y cuando salimos todos a los balcones a ver lo que ocurría nos dijeron 'o bajáis o subimos'", recoró Mabrouk.

"Todos bajamos y empezamos a caminar rodeados de los armados (...), en sus camisetas veía insignias en las que se escribía Falanges (...), sabía que Israel estaba detrás de esto", añadió.

Mabrouk participó, como todos los años, en una ceremonia que familias de las víctimas, representantes de grupos palestinos en el Líbano y simpatizantes extranjeros celebraron en Sabra y Chatila para conmemorar lo ocurrido, casi todos con la tradicional "kofia" palestina, e izando banderas palestinas.

Tras la ceremonia, en la que el secretario general de las Facciones para la Liberación de Palestina en el Líbano, Fathi Abu al Aradat, volvió a responsabilizar de la matanza a la "ocupación israelí y sus aliados", los congregados marcharon hacia el cementerio donde están enterradas las víctimas.

"El Ejército libanés y la Cruz Roja se enteraron de la matanza cuatro días después. Hasta ese momento los cuerpos de los muertos estaban hinchados e irreconocibles por el calor", dijo a Efe Saná Sersawi, de 60 años, madre de tres hijos, originaria de Haifa.

Explicó que su marido, entonces de 24 años, "no murió en la masacre, sino fue secuestrado" por los milicianos que atacaron los campamentos.

"Estaba embarazada de mi hijo y tenía otras dos hijas. (Los milicianos) nos trajeron aquí (al lugar convertido luego en cementerio) y nos metieron a todos los que estuvimos con vida en un enorme hoyo, incluido mi marido y el de mi hermanastra egipcia", recordó.

"Cuando recibieron la orden de retirada separaron entre hombres y mujeres y se llevaron a los hombres menores a 30 años, entre ellos mi marido", añadió.

El cementerio de Sabra y Chatila, un gran terreno vacío y polvoriento, solía ser un basurero, pero que con la ayuda de varias ONG, las familias de las víctimas consiguieron mantenerlo como un lugar conmemorativo.

"Mis tres hijos se casaron y todavía tienen la esperanza de que algún día se les diga que su padre esté vivo", concluyó.

Por Ana María Guzelian

(c) Agencia EFE