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“Velocidad de escape de longevidad”: los cambios en la economía de la extensión de vida

·6  min de lectura
Unas 1.000 estatuas de piedra, conocidas como moáis, se alzan en la Isla de Pascua.
Unas 1.000 estatuas de piedra, conocidas como moáis, se alzan en la Isla de Pascua.

Para quienes siempre empiezan la dieta o el plan de ejercicios el próximo lunes, van en esta nota algunas píldoras de razonamiento economicista para hacer el clic mental y arrancar de una vez por todas con buenos hábitos de bienestar.

La primera pastilla tiene que ver con un concepto que repite a menudo Juan Ignacio “Pepe” Sánchez, el exbase de la Generación Dorada de básquet, hoy experto en nuevo bienestar: ver a este conjunto de hábitos (de ejercicio, alimentación, sueño, hidratación) asociado al “interés compuesto” que también generan los ahorros en términos financieros. Así como empezar a ahorrar a los 30 es sustancialmente mejor que hacerlo a los 50, lo mismo sucede con las decisiones para cuidar el cuerpo y la mente: el tiempo juega a favor de esta acumulación y de las chances de llegar en plenitud a la segunda mitad de la vida.

Al prisma del “interés compuesto” de Pepe Sánchez se le suma una segunda píldora relacionada: “Invertir tiempo y energía en nuevas estrategias de longevidad tiene un valor presente neto positivo”, dice el científico de datos Marcelo Rinesi, quien agrega: “El cuerpo humano no es como una vela que se va apagando, no hay nada en la biología o la física que indique que una célula tiene que ser distinta a los 80 años que a los 25. Simplemente hay una acumulación de daños y fallas en nuestro sistema, por problemas iniciales de diseño. La buena noticia es que estamos viendo cada vez más empresas que se dedican, con un objetivo que pasó a ser creíble en términos de negocios, a demorar o revertir el proceso de envejecimiento”.

Desde hace años, Rinesi se aplica en su propio cuerpo tratamientos de vanguardia contra el envejecimiento. “No se lo recomiendo a nadie, porque hay riesgos. Pero sí creo que en general los médicos son demasiado conservadores: si te morís a la edad de la tasa estadística de tus pares, está todo más o menos bien, y no tienen en cuenta que hay mejoras constantes y que vale la pena llegar en buenas condiciones al momento en que estos avances se vuelvan exponenciales”, explica.

En la frontera de estudios sobre envejecimiento este santo grial se llama “velocidad de escape actuarial”: el momento en el cual la expectativa de vida empieza a aumentar más que el tiempo que transcurre en la realidad. Por eso Rinesi remarca que los hábitos para sumar bienestar tienen “valor presente neto positivo” y desde un razonamiento economicista tiene todo el sentido del mundo priorizar esta inversión de tiempo y energía.

Hasta hace pocos años, este debate estaba protagonizado casi exclusivamente por genios excéntricos como Aubrey de Grey, el gerontólogo que dirige la Fundación Matusalén, quien viene pronosticando que dentro de pocos años el proceso de envejecimiento celular podrá ser detenido, e incluso revertido. Pero esto comenzó a cambiar, porque “el entendimiento científico de los mecanismos directos del envejecimiento –no los síntomas que usualmente tratan los médicos, sino las razones por la que estos síntomas son más frecuentes y eventualmente inevitables a medida que pasan los años– ya permitiría, o está muy cerca de permitir, tratarlos de manera específica”, apunta Rinesi.

Por eso está emergiendo toda una “economía de la extensión de vida”, que incluye consideraciones demográficas, de cambios en el mercado de trabajo y hasta de desigualdad: ¿qué pasaría si estos tratamientos son costosísimos y se limitan a un pequeño grupo de supermillonarios, que seguirán acumulando riqueza durante cientos de años?

En el terreno de los negocios se combina el juego de empresas grandes como Google, que con su iniciativa Calico apunta a disrumpir el mercado de extensión de vida, con decenas de startups. Santiago Tissembaum, investigador del Instituto Baikal, menciona firmas como Human Longevity, que aplica inteligencia artificial a la salud personalizada (fue fundada por Craig Venter, el del proyecto genoma); Samumed (células madre, enfocado en la regeneración de tejidos y órganos); Deep Longevity (desarrolla biomarcadores para medir la edad biológica de las personas), y Unity Biotechnology, una de las primeras firmas del rubro en hacer una oferta pública de acciones, tras lo cual tuvo un traspié con uno de sus productos y bajó de precio. Se trata de un vertical de negocios, marca Tissembaum, en etapa embrionaria y con mucha volatilidad.

En varias líneas de investigación hay científicos involucrados vinculados a la Argentina. El biólogo David Sabatini es uno de los precursores en investigar la ripamicina, una molécula descubierta en 1975 en la Isla de Pascua, en Chile –de ahí el nombre asociado a Rapa Nui, como se llamaba el lugar originariamente–. Sabatini, de padres biólogos argentinos emigrados a Nueva York, cree que esta molécula puede tener una de las claves para ralentizar el deterioro producido por el paso del tiempo.

El genetista Jorge Dotto, que tiene estudios en Harvard y en la Clínica Mayo –la meca de la innovación en salud–, cuenta a la nacion: “Hoy entendemos que la aceleración del proceso de envejecimiento está vinculada a la inflamación de la microbiota, que es donde está el 80% del sistema inmune”.

Dotto está asociado a Pepe Sánchez en su iniciativa de ciencia del deporte y del bienestar en Bahía Blanca (el Dow Center) y tiene tres libros publicados por Planeta: Nutrición y genética; El ADN del placer, y Genética: cómo puede cambiar nuestras vidas.

Al igual que sucede con los emprendimientos comerciales, el tema de la longevidad también está explotando en el campo de la divulgación. Uno de los libros de no ficción más vendidos en EE.UU. este año es Keep Sharp (“mantenerse afilado”, aún no traducido), del neurocirujano y columnista de la CNN Sanjay Gupta. La bajada promete “construir un mejor cerebro a cualquier edad” y en la obra se resumen las recomendaciones que hoy tienen mayor aval de la ciencia. Entre otras, el ejercicio físico (lo más importante: si hay que elegir solo un factor, es este), el aprendizaje permanente, el buen dormir, la alimentación saludable y las conexiones con amigos y familia.

¿Qué otras avenidas nuevas se vislumbran a futuro en la economía de la longevidad? Rinesi está interesado en el concepto de “DeMed”: así como se habla de “finanzas descentralizadas” (DeFi), una línea similar se está discutiendo en el campo de la economía de la extensión de vida, donde los intermediarios (grandes laboratorios, medicina tradicional que hace “gestión de síntomas”) llevan las de perder. En este sentido, el foco en las primeras piezas del dominó de la cadena de fallas que llevan al envejecimiento podría tener un potencial de impacto similar al que tienen las criptotecnologías con las finanzas tradicionales: cambia absolutamente todo el esquema de incentivos y los términos del debate.

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