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La verdad sobre el desafortunado proyecto automovilístico de Apple: salidas en falso y desvíos equivocados

Una tienda Apple en Palo Alto, California, el 29 de enero de 2024. (Ian Bates/The New York Times)
Una tienda Apple en Palo Alto, California, el 29 de enero de 2024. (Ian Bates/The New York Times)

SAN FRANCISCO — Durante la última década, muchos empleados de Apple que trabajaban en el proyecto secreto de la empresa para producir un automóvil, internamente conocido con el nombre clave Titán, le pusieron un nombre menos halagador: el desastre del Titanic. Sabían que era probable que el proyecto fracasara.

A lo largo de su existencia, varias veces se desechó y reinició la iniciativa, un proceso durante el cual se despidieron a cientos de trabajadores. Como resultado de las opiniones encontradas entre los líderes respecto a lo que en teoría debía ser un auto de Apple, el vehículo comenzó como un vehículo eléctrico que iba a competir con Tesla y se transformó en uno autónomo para competir con Waymo de Google.

Para cuando murió la iniciativa —el martes, cuando los ejecutivos anunciaron internamente que había finalizado el proyecto y que muchos miembros del equipo iban a ser reasignados para trabajar en inteligencia artificial—, Apple había invertido más de 10.000 millones de dólares en ella y el concepto del auto había regresado a sus inicios como vehículo eléctrico con funciones de asistencia a la conducción que rivalizaban con las de Tesla, según media docena de personas que trabajaron en el proyecto durante la última década.

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La desaparición del proyecto para producir autos fue un testimonio de la manera en que Apple ha luchado por desarrollar nuevos productos en los años que han pasado desde la muerte de Steve Jobs en 2011. La iniciativa tuvo cuatro líderes y se realizaron varias rondas de despidos. Sin embargo, se descompuso y a final de cuentas murió en gran parte porque desarrollar el software y los algoritmos para un auto con funciones de conducción autónoma demostró ser demasiado difícil.

Apple se rehusó a ofrecer comentarios.

“Cuando empezó, las estrellas se estaban alineando para crear algo en lo que Apple por sí sola podía tener un éxito sin igual”, comentó Bryant Walker Smith, profesor titular de las escuelas de Derecho e Ingeniería de la Universidad de Carolina del Sur, quien tuvo breves conversaciones con Apple sobre su proyecto en 2015. “Una década después, las estrellas se han realineado para que esto conlleve mucho riesgo y no muchas ganancias”.

Cuando Apple lanzó su proyecto automovilístico en 2014, era parte de una estampida de inversionistas, ejecutivos, ingenieros y empresas que perseguían la idea de un vehículo autónomo. Después de que Google empezó a probar prototipos en vías públicas de California, voces de todo Silicon Valley insistían en que los vehículos autónomos pronto serían un lugar común. Apple no se quería quedar atrás.

En ese momento, la empresa enfrentaba cuestionamientos de sus principales ingenieros sobre su próximo proyecto, según tres personas familiarizadas con los orígenes del proyecto. La compañía acababa de terminar el Apple Watch y muchos ingenieros estaban inquietos por empezar a trabajar en algo nuevo. Tim Cook, director ejecutivo de Apple, en parte aprobó el proyecto para evitar un éxodo de ingenieros a Tesla.

Apple también necesitaba encontrar nuevas maneras de expandir su negocio. La empresa preveía que las ventas de los iPhone se iban a ralentizar en los próximos años. Los autos eran parte de una industria del transporte de 2 billones de dólares que podía ayudar a Apple, la cual para ese entonces era un negocio de casi 200.000 millones de dólares.

A pesar de tener el voto de confianza del director ejecutivo de Apple, los miembros del equipo sabían que estaban trabajando contra una dura realidad, según los seis empleados familiarizados con el proyecto. Si alguna vez salía al mercado, un auto de Apple costaría al menos 100.000 dólares y aun así no iba a generar grandes utilidades en comparación con los teléfonos inteligentes y los audífonos intraurales. Además, iba a llegar años después de que Tesla hubiese dominado el mercado.

La empresa sostuvo algunas conversaciones con Elon Musk sobre la adquisición de Tesla, según dos personas familiarizadas con dichas conversaciones. No obstante, a final de cuentas, Apple decidió que construir su propio auto tenía más sentido que comprar e integrar otro negocio.

Musk no respondió a una solicitud para ofrecer comentarios.

Desde el principio, hubo opiniones encontradas respecto a lo que debía ser el proyecto, explicaron las personas familiarizadas con este. Steve Zadesky, quien en un inicio lo dirigió, quería construir un vehículo eléctrico que compitiera con Tesla. Jony Ive, entonces vicepresidente de diseño de Apple, quería un vehículo autónomo, una tarea posible, según los miembros del equipo de software.

Apple, la cual para entonces contaba con 155.000 millones de dólares en efectivo, despilfarró dinero para contratar a cientos de personas con experiencia en aprendizaje automático, un tipo de tecnología de inteligencia artificial, y otras capacidades cruciales para fabricar un vehículo autónomo. La afluencia de personas hizo que el proyecto fuera uno de los primeros de Apple que se hubiera desarrollado con tanta gente externa y ajena a la cultura de la empresa.

Para reforzar la moral y la orientación, se involucraron ejecutivos estrella como Ive y el jefe de ingeniería de Mac, Bob Mansfield. La empresa adquirió varias empresas emergentes para que se unieran al equipo del auto. En 2021, para conducir el proyecto hacia el éxito, Apple puso al volante del auto a Kevin Lynch, el ejecutivo responsable de su popular Apple Watch.

Ive y su equipo de diseñadores dibujaron conceptos para un auto que se iba a parecer a una miniván europea como el Multipla 600 de Fiat, el cual tiene media docena de ventanas y un techo curvo. No tenía volante y se iba a controlar por medio de Siri, el asistente virtual de Apple.

Sin embargo, para 2016, era claro que la iniciativa del automóvil estaba en problemas. Zadesky se fue de Apple y su sucesor, Mansfield, le dijo al equipo que trabajaba en el proyecto que iban a cambiar su prioridad: de la construcción de un auto a la creación de un software de conducción autónoma para autos, comentaron tres personas familiarizadas con el cambio.

Apple obtuvo permisos de California para empezar a probar vehículos utilitarios deportivos Lexus equipados con sensores y computadoras. Sostuvo conversaciones con fabricantes de autos como BMW, Nissan y Mercedes-Benz antes de llegar a un acuerdo con Volkswagen para que le proporcionara furgonetas Transporter a fin de usarlas como autobuses colectivos autónomos en el campus de Apple.

En los años siguientes, otros dos líderes se hicieron cargo del proyecto. Doug Field, exejecutivo de Tesla, despidió a más de 200 empleados del proyecto, pues se inclinaba por las labores para construir el sistema de conducción autónoma. Luego, Lynch, quien lo sucedió en los últimos años, dio marcha atrás a los planes de la empresa y volvió a la idea original de fabricar un vehículo eléctrico.

Mansfield y Field no respondieron a solicitudes para ofrecer comentarios.

A principios de este año, el liderazgo de Apple decidió que era mejor usar el tiempo de la empresa para trabajar en la inteligencia artificial generativa en vez del auto; así se lo comunicó la compañía a sus empleados en una reunión interna celebrada el martes. La empresa señaló que algunos miembros del equipo del Proyecto Titán iban a ser reasignados para trabajar en inteligencia artificial.

En entrevistas realizadas el miércoles con The New York Times, personas que trabajaron en el proyecto elogiaron la decisión de cerrarlo y afirmaron que la tecnología que hay detrás de la inteligencia artificial generativa podía tener un valor incalculable para el futuro del negocio crucial de la empresa, el iPhone.

c.2024 The New York Times Company