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Ya está aquí la segunda oportunidad para familias arruinadas

Jaime Quirós – Esta semana un juez ha aplicado la Ley de Segunda Oportunidad y ha liberado de sus deudas bancarias a un matrimonio con tres hijos de Sevilla arruinado por la crisis. Según reconoce José, el padre, la familia iba “tirando”, pagando su hipoteca de 1.000 euros. Pero perdió el empleo, encontró otro con mucho menor sueldo, vendió la casa y se fue de alquiler, tuvo que usar créditos para refinanciar deudas que cada vez crecían más y más, hasta que llegaron a alcanzar los 90.000 euros. Trató de llegar a acuerdos con las entidades bancarias y de crédito y sólo recibía portazos por respuesta.

Es el caso particular que ejemplifica lo que ha ocurrido durante la crisis económica estos años en España. Todo iba bien y ni la gente se preocupaba de guardarse las espaldas y ser más cauta, ni los bancos tenían el criterio correcto excluyente para no conceder créditos a los solicitantes que no cumplieran unas mínimas capacidades económicas.

Unos pecaban de ignorantes y querer vivir por encima de sus posibilidades (desde luego 1.000 euros de hipoteca para un comercial como José, con una familia numerosa y por muchas comisiones que ganase, no deja de parecer excesiva) y los otros, de querer exprimir a los ciudadanos a costa de que viviesen al límite, con concesiones de dinero que no iban a poderse devolver al mínimo contratiempo para maximizar sus propios beneficios.

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Foto de Getty Images.

La Ley de Segunda Oportunidad, tan poco conocida, está diseñada para ciudadanos particulares y para profesionales autónomos. Incluye a personas ahogadas por deudas o que hayan fracasado en su etapa empresarial, que hasta ahora debían afrontar sus deudas con su patrimonio presente y futuro. La clave está en cumplir dos condiciones: que el juez considere que el deudor ya no tiene dinero ni activos para afrontar sus deudas y que dicho deudor haya demostrado obrar de buena fe.

Es difícil demostrar esas buenas intenciones al obrar, pero es totalmente comprensible que, si las cosas se han hecho del modo más sincero posible, existan los mecanismos legales para reparar la situación.

En el caso que tratamos, vemos como los bancos no estaban dispuestos a reorganizar la deuda y facilitar la vida a esta familia que, habiendo hecho mejor o peor las cosas, no deja de merecer una segunda oportunidad. Pero parece que cuando rescatamos entre todos con dinero público a la banca eran las entidades las que sí han disfrutado de esa oportunidad.

Curiosamente, la Ley establece dos excepciones sobre las deudas que pueden exonerarse: “los créditos de derecho público y los créditos por alimentos”. Es decir, aunque se libere de las deudas privadas, el exonerado seguirá teniendo que hacer frente a las deudas con la Agencia Tributaria y la Seguridad Social, así como a la manutención de sus hijos en caso de divorcio. Una vez más, el Ministerio de Montoro no se iba a quedar sin su parte. ¡Menudo es él!

 

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