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Amenazas y miedo: la pesadilla detrás de la casa de sus sueños

Imagen de la casa adquirida por Derek y Maria Broaddus en Westfield, Nueva Jersey. Foto: Julio Cortez / AP.

Como en aquella película de finales de los años setenta, When a Stranger Calls, esta familia de Nueva Jersey empezó un día a recibir avisos verdaderamente preocupantes.

En este caso no se trataba de llamadas anónimas, sino de cartas firmadas por alguien que se autodenominada “The Watcher” (El Observador).

No hacía mucho tiempo que Maria y Derek Broaddus habían pagado 1,4 millones de dólares por una casa de seis habitaciones en Westfield, una localidad ubicada a unos 48 kilómetros al suroeste de Nueva York que, según Business Insider, tiene un ingreso familiar promedio de 159,923 dólares anuales.

Corría el mes de junio de 2014. La pareja no se mudó de inmediato; optó por hacerle algunos arreglos a su nueva residencia, mientras todavía vivían en su antigua casa. Fue ahí que recibieron la primera carta.

De acuerdo con una investigación de The Cut, las misivas eran enviadas por alguien que afirmaba haber sido una especie de guardián de aquella casa durante años.

La primera carta les daba la bienvenida a los Broaddus y procedía a presentarse con estas palabras: “657 Boulevard ha sido el centro de mi familia durante décadas y ahora que se acerca a sus 110 años, me pusieron a cargo de vigilar y a esperar su segunda llegada. Mi abuelo cuidó esta casa en la década de 1920 y mi padre hizo lo mismo en la década de 1960. Ahora me toca a mí. ¿Conocen la historia de esta casa? ¿Saben lo que hay dentro de sus paredes? ¿Por qué están aquí? Yo lo averiguaré”.

Amenazas a los hijos

En otras de las cartas que recibieron, el autor también hacía referencia a los tres hijos de la pareja, preguntaba si había algún otro bebé en camino y hasta incluían observaciones detalladas sobre las actividades de renovación, la cantidad de trabajadores que habían contratado para la reparación y el tiempo que la familia había permanecido en ella.

“¿Necesitas llenar la casa con la sangre joven que pedí? Mejor para mí. ¿Tu vieja casa era demasiado pequeña para una familia que crece? ¿O fue codicia traerme a tus hijos? Una vez que sepa sus nombres, los llamaré y también los dibujaré".

Fachada de la casa de Derek y Maria Broaddus en Westfield, N.J. (AP Photo/Julio Cortez, File)

No cabía duda de que con “sangre joven” el autor se estaba refiriendo a los propios hijos de los Broaddus, de 5, 8 y 10 años.

“¿Jugará la sangre joven en el sótano? —decía—. O tienen demasiado miedo de bajar solos. Si yo fuera ellos tendría mucho miedo, pues está muy lejos del resto de la casa. Quien esté arriba nunca los escucharía gritar".

El caso fue investigado por la policía de Westfield y por la fiscalía del condado de Union, pero nadie ha sido acusado.

En venta

Seis meses después de haber recibido la primera carta, la familia puso la casa en el mercado, pero ya entonces circulaban rumores sobre la existencia de un acosador y de un misterio sobre la residencia, y no les apareció ningún comprador, incluso luego de haberle bajado el precio.

Meses más tarde, al enterarse de que los antiguos propietarios también habían recibido al menos una carta amenazante, los Broaddus interpusieron una demanda legal contra los Woods, sobre todo por no haberles advertido de lo que estaba ocurriendo.

Por su parte, los Woods testificaron ante un juez que habían recibido apenas una nota anónima, pero negaron que esta fuera “perturbadora o que reclamara un derecho a la propiedad de la casa”, según The Associated Press. De ahí que esta demanda haya sido desestimada en 2017.

Por último, los Broaddus intentaron infructuosamente demoler la construcción, y ahí también recibieron una carta de "The Watcher", que los amenazaba con vengarse.

"Tal vez un accidente automovilístico. Tal vez un incendio. Tal vez algo tan simple como una enfermedad leve que nunca parece desaparecer, pero que te enferma día tras día, tras día, tras día. Tal vez la misteriosa muerte de una mascota. Los seres queridos de repente mueren. Aviones, autos y bicicletas que se estrellan. Huesos se rompen”, decía.

Por último, aterrada, la familia terminó alquilándola con la esperanza de poder venderla después de unos años.

Ahora los Broaddus por fin han vendido aquella casa de sus sueños que tanto les costó, sin siquiera haber recuperado el primer importe que abonaron por ella.

En la operación se dejaron aproximadamente 440.640 dólares, que es como dejarse buena parte de su propia piel, además de otros miles que ya habían empleado en renovaciones, seguridad e investigadores privados.

Cinco años duró la agonía de esta pareja por una casa que ni siquiera se decidieron a habitar.