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Es argentino, tiene éxito en Holanda pero piensa en regresar: "Quiero devolverle algo al país"

·9  min de lectura

Sebastián Iglesias tiene apenas 31 años. Nacido en Trelew, estudió en la escuela técnica de ciudad chubutense, donde también se recibió de Ingeniero Civil en 2016.

"Siempre me gustaron actividades como participar en el centro de estudiantes, ir a Congresos Nacionales; también hemos organizado congresos en Trelew, siempre me gustó", cuenta a iProfesional.

Recién recibido, el joven empezó a trabajar en Puerto Madryn en la ampliación de los muelles como inspector de obra y eso le permitió relacionarse con colegas de Buenos Aires, participar de congresos de la industria portuaria e infraestructura marítima.

"Así fue que, a través de la Asociación Argentina de Ingenieros Portuarios (AADIP), salió la oportunidad para estudiar en Holanda. Ahí nos mudamos con Vane, mi actual pareja, a los Países Bajos, allá me recibí como Master en Ingeniería Hidráulica y acabo de empezar a trabajar en una empresa que se llama Van Oord", afirma.

Delft, la ciudad donde vive Sebastian y su novia
Delft, la ciudad donde vive Sebastian y su novia

Delft, la ciudad donde vive Sebastian y su novia

Explorar el mundo y vivir en otra cultura

Los motivos que lo llevaron a tomar la decisión de irse, cuenta, "fueron las ganas de explorar el mundo, de conocer otras culturas. Tener idioma me ayudó a contactarme con gente de afuera. Y después que me recibí, empecé a buscar oportunidades para trabajar o estudiar, y surgió la oportunidad de estudiar un Master".

Según narra Sebastian, hay un programa de intercambio que se llama Programa de Apoyo a Jóvenes profesionales en el que cada cierta cantidad de años financian con un préstamo a un joven profesional, cuando termina de estudiar el Master lo devuelve, y cuando lo termina de devolver se lo dan al siguiente.

"Cuando llegamos a Holanda, en la segunda mitad de 2019, era todo emoción", recuerda el ingeniero. "Ir a una de las mejores universidades que hay en el mundo, con un campus espectacular y una energía muy juvenil, conocer mucha gente de golpe, todo el tema del idioma también. Es una mezcla entre emoción y no procesar lo que está pasando".

Lo más difícil fue conseguir un lugar para alquilar. "Me acuerdo de que estábamos con Vane, nos habíamos ido de vacaciones a Perú con mi abuelo, y desde allá mandé una transferencia para pagar un departamento por un mes, jugándomela a que no sea una estafa, y al final no lo era", cuenta. Y agrega: "Ahí estuvimos un mes hasta conseguir un lugar fijo. Después, uno se va acomodando".

Visita Técnica a las esclusas de Terneuzen, Paises Bajos. En esta imagen el joven junto Irena Doets (Paises Bajos) y Lisa-Maria Putz (Austria)
Visita Técnica a las esclusas de Terneuzen, Paises Bajos. En esta imagen el joven junto Irena Doets (Paises Bajos) y Lisa-Maria Putz (Austria)

Visita Técnica a las esclusas de Terneuzen, Paises Bajos, junto a Irena Doets (Paises Bajos) y Lisa-Maria Putz (Austria)

Luego, el tema del idioma es difícil. "Por más que yo me podía expresar, es mucho cambio de golpe porque todas las clases y lo que tenes que producir es en inglés, no se puede nada en castellano. Pero después de tres o cuatro meses, haces el click y empezas a funcionar distinto, a vivir un poco más en el lugar que estás".

En Ingeniería Hidráulica Holanda es el mejor lugar según dice. "Los holandeses siempre tuvieron que lidiar con el agua, su país está por debajo del nivel del mar, entonces siempre se tuvieron que proteger de las inundaciones. Los ingenieros hidráulicos holandeses son los mejores del mundo o están entre los mejores del mundo, asique aprender de ellos fue increíble".

Un párrafo aparte merece la cultura. "Estuvo buenísimo conocer su forma de hacer las cosas. Son más directos que los latinos y ahí empezas a ver los contrastes, no tienen mucha introducción para hablar, ni ‘hola, cómo andas’, ni nada, te preguntan directamente. Por ejemplo, si uno llama a un holandés y le dice ‘hola, cómo andas’ y después le pedís lo que le queres pedir, ellos se ofenden porque es como ‘¿para qué queres saber cómo andaba si después me vas a pedir algo?’. Si lo hiciera al revés, ahí quedas re bien con un holandés. Es un ejemplo de que es otra forma de ver las cosas", explica Sebastián.

Cómo es el empleo en Holanda

En cuanto a cómo es trabajar en Países Bajos, el joven describe: "Es distinto, y creo que es un poco la norma en los países nórdicos, es un ambiente más relajado, se respeta mucho el horario de trabajo, se respetan las vacaciones, no te hacen historia para pedir días o para salir antes y recuperar las horas en otro momento. Tenés miles de facilidades. Las empresas se preocupan mucho por tener todo en regla, trabajar en negro es una mala idea. Son todas cosas con las que uno se siente mucho más protegido. Tienen mucha demanda laboral asi que si uno trabaja duro, progresa, es algo único en ese sentido".

Barrera contra marejadas "Maeslantkering", en el Puerto de Rotterdam

Pero, como todo, también tiene su contraparte. "Estar trabajando en un lugar que no es tu país, con una cultura distinta, también tiene lo suyo. Uno puede ir, trabajar, pero las interacciones sociales nunca van a ser como uno las tiene en su propio país", se lamenta el joven.

"A pesar de eso, Holanda está muy bueno porque todo el mundo habla en inglés. El holandés es muy piola, en el sentido de que si te ve que vos hablas inglés y ellos están hablando entre ellos en holandés, inmediatamente cambian a inglés así uno se puede integrar más fácil, pero nunca es lo mismo, uno nunca va a poder hablar en inglés de la misma manera que habla en español, siempre te perdés de algo".

Trabajar en una de las empresas más importantes del mundo

Van Oord es la firma que hizo las islas artificiales de Dubai, una de las empresas contratistas más grandes del mundo en lo que es dragado y obras costeras y tiene obras muy interesantes en todos lados. "Para llegar a trabajar en una empresa así, hay que ir paso a paso. En mi caso me ayudó haber estudiado en una universidad como la Universidad Tecnológica de Delft y hablar en inglés".

Pero Sebastian no se olvida todo lo que había hecho en su tierra natal y mucho de lo que aprendió en Trelew, lo aplica en sus día a día en Países Bajos.

"Todo mi progreso personal siempre estuvo atado a tener buenas relaciones laborales, profesionales y académicas, y lo que hacía en la universidad de emprender en el centro de estudiantes o en congresos, en mi vida laboral lo transformé en una asociación que se llama Pianc, que es la asociación mundial para transporte acuático (the world association for waterborne transport infrastructure)".

Universidad Tecnológica de Delft
Universidad Tecnológica de Delft

Universidad Tecnológica de Delft

Ahí participa muy activamente y eso le permite conocer mucha gente que está en su rubro. "Mientras fui estudiante, estuve como ayudante de la materia de Puertos y vías navegables y el profesor que está ahí trabaja en Van Oord, él me pasó una buena referencia y así fue que quedé. Ahí te das cuenta de que tener buenas relaciones laborales siempre tiene sus beneficios en la práctica".

Para su carrera profesional, trabajar en una empresa así es sumamente positivo por la experiencia internacional que adquiere. En su tercera semana ya estaba en proyectos de Gibraltar o en Europa del Este, pero sabe que le puede tocar Sudamérica u Oceanía. "No sé a dónde me llevará. Yo soy ingeniero, pero tengo un perfil de tratar de ver siempre el panorama general, entonces también me gusta la gestión y ese tipo de cosas, que puede ser que eso sea el siguiente paso después de aprender la parte de ingeniería más dura, que está buena, pero no es mi pasión", dice.

Por qué piensa en volver a la Argentina

"Los argentinos, y los latinos te diría, tenemos el mismo chip de ‘lo atamos con alambre’, ese chip de ‘dame lo que tengas que te hago algo’, y eso juega a favor, lo mismo que trabajar duro", expresa Sebastian. "Pero también tenemos un chip de trabajar de más, de estresarnos de más innecesariamente y de pérdida de autonomía, que parecería que necesitamos que nos tengan que decir todo el tiempo algo, que no querramos pedir las vacaciones, que te dé pudor pedir lo que te corresponde. Tenemos esa pésima cultura del trabajo en Argentina".

"Acá entendés que es distinto y está buenísimo porque te permite tener una vida personal más allá del trabajo y eso se valora mucho. En Argentina no existe eso. Esto del horario partido, de que trabajás de 8 a 12 y de 16 a 20, y llegas a tu casa y no tenés más tiempo para hacer nada, eso no existe acá. Acá tenes tiempo para hacer tus cosas. Eso es un contraste entre el trabajador latino y el europeo", narra el joven para quien el balance es excelente.

"Los dos, tanto Vane como yo, hemos crecido exponencialmente", asegura. "Es impresionante lo que se aprende al cambiar a otra cultura, pero emigrar es difícil porque estás lejos de los tuyos. Uno extraña la familia, los amigos, sentirse que cuando está en la calle sabe qué tiene que hacer, escuchar una conversación y entender cada palabra, todas esas cosas se pierden y es lo difícil de adaptarse. Es verdad que la tecnología ayuda mucho a mantenerse en contacto con la gente de allá, pero nunca es lo mismo", advierte.

Sebastian sueña con volver a Argentina y devolver algo de lo que él recibió

Y muy por el contrario a lo que muchos opinan, Sebastián sí volvería a Argentina. "Tenemos una opinión distinta a la que notamos en los argentinos que conocemos acá, que son todos con la idea de ‘a Argentina no vuelvo más, es un desastre’ y todo eso. Yo no me olvido de que si estudié en una universidad fue porque es pública, que las organizaciones que me ayudaron a venir acá son argentinas, que todo lo que soy y aprendí es de Argentina".

"Es cierto que acá uno vive más relajado porque no hay inseguridad y eso esta buenísimo, de la corrupción y un montón de cosas que uno encuentra en Argentina, pero si uno tiene la posibilidad de cambiar las cosas porque aprendió y tuvo una oportunidad que otros no tuvieron, ¿cómo no voy a tratar de cambiarlo? Si personas como yo no intentan hacerlo, ¿quién lo va a hacer?", reflexiona.

Hoy Sebastian, incluso a la distancia, sigue siendo docente de la materia Hidráulica en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, casa de estudios donde se recibió, sigue participando en programas de intercambio donde ayuda a estudiantes de Argentina a que tengan experiencias como las que él ha tenido y ayuda a estudiantes holandeses para que vengan a hacer proyectos a Argentina, a desarrollar alguna actividad de ingeniería con un convenio que hay entre la Delft y la Universidad de Buenos Aires.

"Yo sigo involucrado y eso no lo voy a perder. En algún momento volveremos. En lo personal, tengo ganas de hacer una experiencia laboral, entender cómo se trabaja acá, a nivel mundial y después volver a Argentina a devolver un poco todo eso", concluye.