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Camino a la adultez: cinco imperdibles películas “coming of age” para ver en streaming

·9  min de lectura
The Spectacular Now
Archivo

“No le cuentes nada a nadie. Desde el momento en que lo haces, empiezas a extrañar a todo el mundo”, aconseja Holden Caulfield en El guardián entre el centeno, la obra de J.D. Salinger que habita en tantas películas coming of age (de crecimiento de sus protagonistas) que uno ya ha perdido la cuenta. Como el autor de Franny & Zooey no permitió la adaptación de sus textos al cine, el espíritu de Holden y de los hermanos Glass se puede hallar en films que funcionan como homenajes en los cuales sus personajes atraviesan ese período de desencanto que Holden supo resumir con esa perfecta frase.

Aquí, un recorrido por cinco películas coming of age norteamericanas para ver en streaming , a propósito del estreno en salas de otra producción del género: Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson.

MID90s

Mid90s
Archivo


Mid90s (Archivo/)

Nirvana, Pixies, Morrissey, The Pharcyde. Los Ángeles. La escena del skate. Con su ópera prima, Mid90s, el actor Jonah Hill construye con solvencia una película donde prima la nostalgia por una determinada época que él tan bien conoce. “Lo que me daba alegría cuando era chico era el skate, el cine vino luego”, contó Hill al promocionar su debut como realizador, que tiene no solo un componente autorreferencial sino que además no esconde las influencias de realizadores que admira como Harmony Korine y la disruptiva Kids (el cineasta hace un cameo en la película) y Gus Van Sant, con quien incluso llegó a trabajar. De hecho, podemos mencionar a Paranoid Park como un largometraje clave para el debut del actor, así como también Drugstore Cowboy.

En este caso, el protagonista es más pequeño, Stevie (un extraordinario Sunny Suljic), un preadolescente de 13 años que sufre maltrato por parte de su hermano Ian (Lucas Hedges), como queda en evidencia en la apabullante primera escena, y cierta indiferencia de su madre (Katherine Waterstone). Su refugio, como fue el de Hill, es tomar el skate (y el walkman) y unirse a un grupo de jóvenes que supo contenerlo cuando su vida estaba signada por el abandono. El director concibió una obra genuina, con Christopher Blauvelt (quien ya había trabajado con Van Sant) como el mejor director de fotografía posible, y la dupla infalible Trent Reznor-Atticus Ross para la banda sonora que marca el tono de un film que, a pesar de formar parte de un género con convenciones muy marcadas, logra despuntar y volverse memorable.

THE SPECTACULAR NOW

Miles Teller y Shailene Woodley en The Spectacular Now
Miles Teller y Shailene Woodley en The Spectacular Now


The Spectacular Now

James Ponsoldt es un director extraño dentro de la escena independiente norteamericana: no filma con mucha frecuencia, pero, cuando lo hace, los resultados son siempre impecables. Por otro lado, no es un cineasta que quedó encasillado en un determinado género o temática, dado que su principal interés es el estudio de personajes, y es ese su gran fuerte. Luego de la excelente Smashed (en la que Aaron Paul y Mary Elizabeth Winstead interpretan a una pareja de adictos en recuperación), Ponsoldt se interesó por The Spectacular Now (El esplendoroso presente), la novela de Tim Tharp que adaptaron Scott Neustadter y Michael H. Weber, quienes tienen vasta experiencia traspolando relatos coming of age gracias a films como (500) días con ella, Bajo la misma estrella y Ciudades de papel. A contramano de esas producciones, lo que le aporta Ponsoldt a su largometraje (y esto podemos extenderlo a su pequeña pero interesante obra) es una espontaneidad, un abordaje arrojadizo, como si cada película que concibe tuviera las (bellas) imperfecciones de una ópera prima.

Miles Teller está sencillamente perfecto en el rol de Sutter Keely, uno de los estudiantes más populares del colegio que vive su último año escolar emborrachándose en cuanta fiesta se organice y disfrutando de la relación con Cassidy (Brie Larson). Cuando ella lo deja, el joven entra en un espiral autodestructivo de manera inconsciente, al considerar que sus acciones son propias de la edad y no de un conflicto interno mucho más profundo. Quien lo despierta es Aimee Finecky (Shailene Woodley, el corazón de la película), una joven retraída que, para abstraerse de los conflictos familiares, decide ayudar a Sutter con las tareas del colegio. El amor entre ellos no tarda en surgir pero, como en toda historia coming of age, las limitaciones de ambos personajes interceden en el avance de una relación a la que Ponsoldt no le interesa cerrar de manera armónica. Por el contrario, como en El final del tour, su mejor película hasta la fecha, sus protagonistas quedan suspendidos, latiendo dentro de la pantalla, mientras suena “Song for Zula” de Phosphorecent y este pequeño relato se vuelve épico.

BOYHOOD: MOMENTOS DE UNA VIDA

Ellar Coltrane en Boyhood
Ellar Coltrane en Boyhood


Boyhood, momentos de una vida

La filmografía de Richard Linklater está atravesada por su obsesión con el tiempo, y Boyhood: momentos de una vida representa la síntesis perfecta de toda su filmografía en ese aspecto, con la saga de Antes del amanecer, Rebeldes y confundidos y Despertando a la vida como principales exponentes de sus intereses narrativos. Asimismo, Boyhood bien podría ser ubicada allí arriba con Los 400 golpes de François Truffaut en la lista de mejores películas coming of age de todos los tiempos. Si bien el modo en el que fue filmada (39 días de rodaje desde el año 2002 a 2013) es un logro en sí mismo, Linklater está mucho más allá de cualquier gimmick o “truco” para que su largometraje se destaque, ya que su fortaleza pasa por ese acercamiento al protagonista Mason (Ellar Coltrane), un joven de seis años que vive en Texas con su hermana Samantha (Lorelei Linklater) y su madre Olivia (Patricia Arquette, ganadora del Oscar por su interpretación), y quien ve ocasionalmente a su padre Mason Sr. (Ethan Hawke).

El cineasta, desde la primera e inolvidable escena en la que Mason mira el cielo tirado en el pasto, nos está diciendo con una admirable economía de recursos que la sensibilidad de ese joven no lo abandonará durante el resto de su vida. Como bien le dice su madre Olivia cuando él está por partir hacia la universidad, la existencia del individuo está marcada “por una serie de hitos” y muchas veces el hombre se siente vacío cuando considera que ya lo ha vivido todo. Si este planteo resulta familiar es porque es similar al que le hace Jesse a Celine en Antes del atardecer cuando ambos debaten sobre la importancia de seguir anhelando cosas, incluso las más mundanas. Y si hablamos de mundano, nadie como Linklater para poner la lupa sobre el valor de lo cotidiano, desde la primera mudanza al primer amor, con la misma sensibilidad de su protagonista, quien sobre el final nos hace cómplices de todo lo acontecido con una mirada a cámara que inspiró a otro film coming of age: Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino.

MI VIDA A LOS 17

Hailee Stansfield y Woody Harrelson en The Edge of Seventeen
BAFICI


Mi vida a los 17 (BAFICI/)

La talentosa Hailee Steinfeld aquí se destaca en una de las mejores interpretaciones de su ascendente carrera. La actriz, nominada al Globo de Oro por su trabajo, interpreta a Nadine, una adolescente que contempla la posibilidad de quitarse la vida cuando pierde a una de las figuras más importantes de la misma: su padre. El proceso de duelo lo lleva adelante con el sostén de Krista (Haley Lu Richardson, protagonista de otros dos films coming of age muy recomendables: Columbus y Unpregnant), su amiga desde la infancia, quien se enamora del hermano de Nadine, ocasionando un cimbronazo en su vida que obliga a la protagonista a enfrentar un estado depresivo que había estado ignorando y que vuelve a salir a la superficie. No muchas películas ahondan en la complejidad de las amistades (La noche de las nerds, de Olivia Wilde es un buen ejemplo de esto), y Mi vida a los 17 lo hace con la misma autenticidad con la que pone el foco en las carencias de Nadine y sus dificultades para expresarse.

La ópera prima de la realizadora Kelly Fremon Craig producida por James L. Brooks (cuyo título original, The Edge of Seventeen, es un claro guiño a la canción de Stevie Nicks) navega por diversos momentos de la adolescencia de Nadine, y lo hace manejando a la perfección el cambio de tonos, como si nos estuviera diciendo que se toma en serio lo que sucede con la joven, pero en simultáneo intenta sacarles el peso a algunas situaciones que, con el correr de los años, se convertirán en meras anécdotas. Steinfeld brinda una actuación arrolladora, y está muy bien acompañada por Richardson, Woody Harrelson y Kyra Sedgwick en roles secundarios de peso que tienen su propias historias para contar y no quedan relegados a una o dos escenas.

LEAVE NO TRACE

Leave No Trace
Archivo


Leave No Trace (Archivo/)

Mucho se ha comparado a Leave No Trace con la más popular Capitán fantástico, el film de Matt Ross protagonizado por Viggo Mortensen en el rol de un hombre que decide criar a sus hijos fuera de la civilización. Sin embargo, la película de Debra Granik (Lazos de sangre) solo se vincula a aquella producción por partir de esa premisa: cómo es la crianza de un hijo en el bosque. En cuanto al resto de la historia, estamos ante dos miradas completamente diferentes. Granik, quien ya tiene su impronta como autora al retratar personajes que viven en los márgenes, los parias de una sociedad que no sabe cómo contenerlos, aquí se enfoca en el estrés postraumático que sufre un veterano de la guerra de Irak, Will (Ben Foster), quien para aplacarlo elige vivir con su hija Tom (la talentosa Thomasin McKenzie) lejos del mundanal ruido. En un tramo del film, el guion de Granik y su habitual colaboradora, Anne Rossellini, los personajes se ven obligados a reinsertarse en la sociedad, pero eventualmente va quedando al descubierto la reticencia de Will a dejar su verdadero mundo, ese bosque que le da protección.

De todas formas, estamos ante una película coming of age (basada en el libro My Abandonment de Peter Rock) en la cual la perspectiva la tiene la joven Tom, quien se opone al futuro que le propone su padre cuando halla un punto intermedio en el que le gustaría cimentar su vida. Sin confrontaciones explosivas, con escasos diálogos y siempre derribando los prejuicios sobre el destino de este drama, Granik filma una historia conmovedora sobre una adolescente que comprende el mundo que la rodea gracias a un padre que le dio la fortaleza para hacerlo. En este aspecto, su desenlace, si bien agridulce, es consecuente con lo que han vivido esos personajes en una naturaleza retratada sin la opacidad de Lazos de sangre, más bien con una luminosidad que aporta la dirección de fotografía de Michael McDonough, uno de los puntos más logrados, junto a los trabajos de Foster y McKenzie, de esta extraordinaria película.

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