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Carlos Savi: “Lamentablemente el Mercosur está casi languideciendo”

·7  min de lectura
Carlos Savi, especialista en comercio internacional
Carlos Savi, especialista en comercio internacional

CORDOBA.- Hacer negocios, tanto locales como internacionales, en una macroeconomía alterada, con restricciones varias y con cambios permanentes en las reglas es muy complicado. En esa línea, “casi que habría que replantear el managment del comercio exterior de la Argentina”, sostiene ante LA NACION Carlos Savi, director de la Licenciatura en Comercio Internacional de Universidad Siglo 21. Advierte que antes que asumir compromisos en misiones comerciales o stands en ferias internacionales tienen el riesgo de después no ser cumplidos por problemas existentes, sería mejor apelar a la herramienta de los comités de emergencia que se emplean en otros bloques comerciales.

“Es un recurso que se usa mucho en Europa es el de los “comités de emergencia” y acá no los estamos aprovechando. A lo mejor se podrían tratar esos temas a ese nivel y resolverlos de manera más virtuosa y no ser tan optimistas con procesos de resultados inciertos. Hay falta de ejecutividad”, señala.

-¿En qué contexto mundial se está moviendo la Argentina?

-En principio se ha producido un desorden de muchas variables; normalmente no pasa con todas al mismo tiempo. Ahora el desorden es mayúsculo, están casi todas las variables afectadas. La invasión de Rusia a Ucrania afecta a toda la Unión Europea, no solo a los países más cercanos; están alterados los precios de las comodities, los de la energía, hay desviación de productos por problemas en puertos que no funcionarán por mucho tiempo y triangular no es fácil. En este proceso de confusión también está China con una problemática propia; sus puertos dejan de operar con implicancias para contenedores que, se supone, que deben fluir de manera ágil. Incluso se ha declarado una emergencia en China que ha generado pánico en algunas regiones y esas situaciones impactan fuerte en la balanza comercial de muchos países.

-Está todo trastocado…

-El núcleo del Nafta (Estados Unidos, Canadá y México) se presenta más ordenado, con armonía, bastante sólido y con cumplimiento de los compromisos contraídos con Latinoamérica. En la región latinoamericana destaca la posición de Brasil con sus idas y vueltas con Rusia, China y Estados Unidos en el marco de un Mercosur donde falta homogeneidad. El panorama en general es complejo. Lo positivo es que las tarifas marítimas se estabilizaron.

-Pero lo hicieron en un nivel alto y hay problemas de disponibilidad de espacio.

-Efectivamente, pero al menos ya sabemos cuál es el horizonte. Hasta hace unos meses no sabíamos el techo. La posición geográfica que tenemos es muy mala, estamos lejos de todo y la logística impacta fuerte. La disponibilidad de buques es un problema no solo acá, incluso hay difocultades serias en Estados Unidos e Inglaterra donde existen hasta bloqueos por parte del personal. Todo esto pega de una manera directa quitando competitividad.

-Uruguay anunció su acuerdo de libre comercio con China, ¿cómo le impacta al Mercosur?

-No es una novedad, es una decisión madurada durante dos años; ya venía amagando. Uruguay tiene un cierto ordenamiento en la toma de decisiones y debe resolver en algún punto. A la Argentina le cuesta por la diversidad de sectores que intervienen. Optaron por el tratado al no encontrar consenso en el Mercosur para una posición unificada; entonces empieza a ser ejecutivo y va resolviendo sus problemas. La Argentina en algún momento tendrá que hacerlo también.

-¿Cree que el Mercosur reaccionará, se reactivará?

-Lamentablemente está casi languideciendo. Uno se pregunta cuáles son las motivaciones que lo mantienen vivo. En su visión y objetivos iniciales aparecía como uno de los aspectos principales el libre tránsito de personas y mercaderías y eso no ocurre hace muchos años. Ya esa base es mala. Seguramente se pueda sostener con avances espasmódicos, pero se perdió una gran oportunidad.

-¿La da por perdida definitivamente?

-La doy por perdida porque, justamente, en este momento en el que hay un desorden manifiesto en Europa para el suministro de productos, el Mercosur podría tener una participación más activa y creciente pero eso depende de las decisiones individuales, de qué oferta tiene y de buscar vinculaciones. Eso se podría hacer en bloque y con proyectos sólidos, por ejemplo, para cinco años. Un ejemplo es el acuerdo que no se cerró con la Unión Europea, creo que más por culpa de Mercosur que de los europeos. Es cierto que Francia reaccionó, pero hay negociaciones que no se llevaron a cabo.

-¿Las diferencias internas en el bloque provocan esta “pérdida de oportunidades”?

Sí y a eso se suma la ineficiencia en los procesos de negociación de la Argentina. En estos días hubo una misión comercial de la Argentina en Brasil y, en paralelo, dos empresas anunciaron problemas para operar por inconvenientes para girar pagos. En esa mesa de la misión se podrían estar tratando estos temas, estamos perdiendo la oportunidad. Un recurso que se usa mucho en Europa es el de los “comités de emergencia” y acá no los estamos aprovechando. A lo mejor se podrían tratar esos temas a ese nivel y resolverlos de manera más virtuosa y no ser tan optimistas con procesos de resultados inciertos. Hay falta de ejecutividad.

-Los incumplimientos por falta de insumos o por restricciones, ¿se pueden recuperar?

-Todo se puede recuperar, sobre todo en comercio internacional. Hay sobrados ejemplos en ese sentido. Pero hoy el mundo es muy sensible al día a día, busca que los conflictos se resuelvan de manera rápida y esa es la oportunidad que no estamos aprovechando. De problemas como los que se atraviesan surge el riesgo obsolescencia de procesos o de diseño de productos; los flujos fluidos de intercambio lo evitan. Hay que prestar mucha atención porque van cambiando aspectos y nos vamos a encontrar con que quedamos fuera del nivel y de los parámetros internacionales y es muy grave porque nos resta competitividad. Estos temas también tendrían que estar en el tablero de comando de las negociaciones. Es entendible que en esta coyuntura, la importación de bienes suntuarios se puedan demorar, pero en lo que hace a los procesos de fabricación no puede pasar porque podemos quedar alejados del mundo.

-¿Hay diferencias en ese impacto, a quiénes les pega más?

-Diría que hay que distinguir dos grupos. Por un lado están las empresas internacionales, en las que temporalmente otra localización les puede proveer lo que nosotros no entregamos y si la situación se revierte volverá a comprar a la argentina si está viva. Eso ha ocurrido. El problema más serio son las Pymes que si sufren un golpe de este tipo no tienen capacidad de reacción en el mediano plazo y eso es gravísimo; volver a esos mercados no es fácil. Por ejemplo, en el sector vitivinícola -que tuvo buenos resultados buenos en el 2021- ahora atraviesa problemas para conseguir botellas de vidrio y hasta corchos. Esas empresas compiten en un escenario donde hay pares cercanos como Chile que garantizan un cumplimiento. Insisto con que los “comités de emergencia” son una necesidad en esta situación. Tenemos todo para hacerlo; hay que respetar los reclamos de las cámaras empresariales que conocen los problemas, en muchos casos, mejor que los funcionarios. Aspiro a que las cámaras no sean víctimas de una resolución sino parte de una resolución consensuada.

-¿En una macroeconomía tan alterada, qué estrategia se debería llevar adelante desde Cancillería?

-Hay acciones que llaman la atención porque son criteriosas y parecen aire fresco. Por ejemplo, la Sepyme y la Agencia de Inversiones dan cursos de capacitación que logran mucha participación y la gente que está allí seguramente se van a insertar, al menos de manera inicial, en las Pymes y son esas las empresas la que sufren más dificultades para sostener su participación activa en el comercio internacional. Nos presentamos en la Feria de Alimentos de París de Alimentos o en una muy importante de China, invertimos en stands pero sino facilitamos que el empresario llegue con una oferta competitiva, hay problemas… Tal vez habría que ir con un plan individual por país. El mundo reconoce a la Argentina especialmente por las comodities, pero hay desconfianza en lo que hace al cumplimiento y esa es una preocupación grande porque el capital puesto en juego es significativo. Casi que habría que replantear el managment del comercio exterior de la Argentina. En algún momento existieron ministerios provinciales de Comercio Exterior; creo que es una alternativa válida para tratar estos temas, evitar que los sectores productivos sean víctimas de decisiones que los afectan y que no son coordinadas.