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Comprendiendo por qué 'Blonde' te deja con un nudo en el estómago

Blonde ya está disponible en Netflix y, como era de esperar, generando conversación. Desde halagos al trabajo de Ana de Armas a críticas de todo tipo, lo cierto es que la película no te deja indiferente. Y es que este retrato de ficción sobre la vida de Marilyn Monroe no es fácil de ver. Estamos ante una revisión que desborda en licencias creativas para hacer una crítica a la explotación de su figura como víctima del machismo de Hollywood, pero arrastrándola por la senda de la sumisión, humillación y sufrimiento.

Blonde no es una película que te haga sentir la celebración y homenaje a su vida, sino una obra de ficción que te deja un nudo en el estómago que, personalmente, vuelvo a sentir cada vez que veo vídeos de ella en mis redes sociales (y al momento de escribir este artículo son decenas de veces al día dada la cantidad de reacciones que están circulando, empezando por las stories de Ana de Armas). Es el efecto de Blonde, una película incómoda a propósito con una víctima perpetua.

Ana de Armas como Marilyn Monroe en 'Blonde'. Cr. Netflix © 2022
Ana de Armas como Marilyn Monroe en 'Blonde'. Cr. Netflix © 2022

Sabía que Blonde no iba a ser una experiencia celebratoria o agradable. Lo supimos desde que se dio a conocer que las escenas de abusos y violación habían derivado en una calificación para mayores de 17 años en EE.UU., y de 18 en Reino Unido. Mientras algunas reacciones de periodistas que la vieron en festivales de cine también lo habían advertido. Además, siendo uno de los símbolos sexuales de los años 50 y 60 y después de los trapos sucios que salieron a la luz a raíz del caso de Harvey Weinstein, resulta fácil imaginar los horrores que Norma Jean podría haber vivido o enfrentado en su ascenso en la Meca del cine. De todos modos, intenté darle el beneficio de la duda pero reconozco que, como seguramente le está pasando a la gran mayoría, no me esperaba la congoja que viví a lo largo de sus casi tres horas de duración.

En esta adaptación de la novela de Joyce Carol Oates se re imagina la vida de la actriz posando el lente de la cámara sobre la mujer detrás del personaje. Y cada capítulo de su vida se plasma desde una visión sufrida, complaciente o abusada: desde una infancia junto a una madre abusiva por su enfermedad mental, a unos inicios en Hollywood catapultados por la violación, la culpa que siente por el aborto y las relaciones amorosas forzadas por la ausencia de una figura paterna. La película se convierte en el repaso de una víctima del imperio misógino de Hollywood, burlada en audiciones, usada por los hombres que le rodean como si fuera un objeto. En esta versión de Marilyn Monroe vemos a una criatura miserable, un ser incapaz de experimentar alegría en la vida como si el éxito y la carrera que fue labrando hubieran sido un suplicio constante, rindiendo su legado a un plano de sumisión y debilidad que cuesta digerir.

El director Andrew Dominik apuesta por la exageración, así como la manipulación gráfica y dramática para crear una burbuja de la que no podemos escapar y, de esta manera, forzar la empatía hacia esta versión de Marilyn. El problema es que la imposición del mensaje es tan potente que el rechazo resulta difícil de evitar. El cineasta no escatima en exponer gráficamente momentos íntimos y dolorosos como la violencia de su madre, una violación en donde la soledad de la víctima y su vulnerabilidad toman protagonismo, o el acecho de la culpa a través de la relación con el fantasma de un feto abortado. Pero con esta explotación del horror existencial de Marilyn, la película nos priva de la gloria asociada con ella.

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Dominik transita por un terreno fantasioso de aires lynchianos para plasmar el aborto, la presión de Hollywood, la culpa y el trauma de un padre ausente, añadiendo una carga emocional que termina por humillar y victimizar a Marilyn. En resumen, explotando el sufrimiento desde todos lo ángulos posibles, una y otra vez, hasta el borde del masoquismo. Y en consecuencia resulta inevitable sentir la necesidad de mirar hacia otro lado ante la incomodidad gráfica o emocional que provocan algunas imágenes. Por otros, es inevitable sentir exasperación por una protagonista tan sumisa en su sufrimiento. Que no reacciona con la misma fortaleza que la verdadera Marilyn Monroe tuvo cuando señaló a los “lobos” de Hollywood en un artículo que escribió para la revista ‘Motion Picture’.

El director busca que comprendamos a Norma Jean, no a Marilyn. Quiere que veamos a la jovencita solitaria y soñadora que se vio atrapada en la boca del lobo: un Hollywood machista, voraz y destructivo, ante los focos de cristal de los fotógrafos explotando en su cara como bombas de relojería acechando su existencia. Pero al final logra una película difícil de ver donde el sufrimiento constante y la sumisión al trauma no la despiertan en ningún momento. Ni siquiera tras todo lo vivido, como si jamás aprendiera a empoderar su propio camino o siquiera buscar ayuda, reduciéndola a un perfil de víctima perpetua. Y quiero creer que, a pesar de todo, Norma o Marilyn, como mujer fue más que eso.

Al final, por más que Ana de Armas devore la pantalla con un trabajo sublime y, por momentos, consiga que los fallos del filme pasen a un segundo plano, Blonde es demasiado sufrida y explotadora para que nos siente bien por dentro. Y ese nudo que se va formando en nuestro estómago desde sus inicios hasta el final son los sentimientos encontrados que provoca una película complicada. Difícil de digerir porque, en su intento por rogar empatía por una Marilyn Monroe solitaria, incomprendida y explotada por el hambre de la misógina, termina explotando su recuerdo en consecuencia. Y por eso mi problema con esta película es que no logro comulgar con el retrato de una mujer icónica, que arrastran a lo más profundo del sufrimiento, la sumisión y humillación para hacernos entender su lucha en un mundo de hombres. En resumen, y en mi experiencia, tuve la sensación de ver una película sobre la victimización de la mujer ante la misoginia a través de la mirada de un hombre.

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