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Barbijos y guantes. Desconcierto en la salud por la suba de precios de productos básicos contra el coronavirus

Pablo Fernández Blanco

Quienes creen en las ideas de Adam Smith dirán que es el resultado del libre juego entre la oferta y la demanda, aunque los funcionarios alineados detrás del presidente Alberto Fernández posiblemente piensen que es el fruto de la "miseria empresaria". Cualquiera sea el motivo, las variaciones de precios quedan en evidencia cuando se las pone en una planilla de cálculo.

Los gerentes de compra y los administradores contables de clínicas y sanatorios del país están desconcertados por el incremento de precios que mostraron en el año algunos insumos básicos en la lucha contra la pandemia del coronavirus, que puso al país en cuarentena total. No se trata del equipamiento más sofisticados, sino de elementos de cuidado para el personal médico, de enfermería, administrativos y encargados de la limpieza -entre otros-, como barbijos y camisolines.

Aunque puede parecer un problema menor, los gestores de la salud pública y privada no lo ven de esa manera. Se trata, para ellos, de la primera colina a superar en la pelea contra el virus, dado que un eventual contagio del personal médico no sólo ocasionaría el problema de la enfermedad en sí, sino que también diezmaría de gente a un sector ya escaso.

La suba de precios se convirtió en un enemigo inesperado en la pelea contra el coronavirus. Los barbijos, por ejemplo, aumentaron 213% en los casos de mayor eficiencia y 310% cuando se trata de los descartables.

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Según cálculos del sector privado, una persona en la primera línea de fuego en la pelea contra el coronavirus utiliza en promedio 25 equipos descartables por día. En el país, por lo tanto, se necesitarán miles.

El ranking de mayores aumentos

Una lista confeccionada por gerentes de compra de instituciones privadas dedicadas a la salud a pedido de LA NACION muestra variaciones superiores al 300% en los precios. En todos los casos se toman valores unitarios obtenidos en compras mayoristas.

El caso más llamativo es el del barbijo de alta eficiencia, denominado N95. Casi no tuvo variaciones el año pasado, pero entre enero y febrero de este año pasó de $118,15 a $343. Es una suba de 190% en 30 días.

Detrás del aumento se esconde la explosión de la pandemia. Se trata de un producto importado de China, origen del coronavirus y al mismo tiempo la gran fábrica mundial. Cuando comenzó a proliferar el contagio y el mundo tomó dimensión de las dificultades, creció la demanda del producto y también, su precio.

En términos comparativos, sin embargo, el insumo que más trepó en la cuenta interanual es el barbijo común. Pasó de $1,45 en marzo del año pasado a $7,19 este mes. Es un incremento del 395%, aunque el mayor salto (310%) ocurrió desde diciembre hasta ahora. Una vez más, los tiempos de la pandemia y la inflación médica parecen ir de la mano.

Desconcierto en la salud por la suba de productos básicos contra el coronavirus

El segundo lugar del podio lo ocupan los guantes sin látex estériles, para cirugía, con una suba del 265% desde diciembre, que los ubicó poco debajo de los $50.

Finalmente, el alcohol de 96° por litro subió 58%, el alcohol en gel por 500 mililitros, 54%, y los camisolines descartables XL, 13%.

Desde diversos sectores relacionados con la salud esgrimen un relato similar. La pandemia radicalizó la pelea por los recursos, algo que derivó en un aumento de precios y también en una mayor dificultad para hacerse de los insumos.

La última pelea evidente se dio la semana pasada. El miércoles, el ministro de Salud, Ginés González García, le envió una nota a Tecme, la mayor fabricante local de respiradores, en la que le avisaba que no podía vender su producción sin la intervención de esa cartera.

Varios sanatorios que tenían señada o pagada la compra de esos equipamientos descuenta, ahora, que no los recibirán. El Gobierno, en tanto, sostiene que debe centralizar la compra de esos productos para distribuirlos de manera equitativa en un contexto de crisis sanitaria.

La suba de precios ocurre en un contexto que el sector de la salud describe como desfavorable en términos económicos. Antes de la expansión del coronavirus, sostenían que su situación era muy compleja. La pandemia ahondó un poco más en esa línea.