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Disney podría construir una planta nuclear en su parque de atracciones... si quisiera

Imagen del castillo de la Cenicienta en el parque de atracciones de Walt Disney World en Lake Buena Vista, Florida. Foto: Mark Ashman/Disney Parks via Getty Images.

Tan imponente era hace 50 años la persona de Walt Disney y tantos eran sus contactos y su influencia en las altas esferas de la política en Estados Unidos que el dibujante, productor y empresario hasta pudo construir una planta nuclear en el corazón de la Florida.

Por aquella época, Disney ambicionaba una ciudad futurista, una especia de Silicon Valley sesentera que pusiera en práctica las innovaciones de la época en materia de tecnología y urbanismo, que atrajera a cientos de empresas de todo el país y que fuera un modelo mundial.

Tras las siglas de EPCOT (Experimental Prototype Community of Tomorrow) se hallaba este Prototipo de Comunidad Experimental del Mañana, como consta en los documentos de la época.

Pero el influyente empresario no se quedaba ahí: Disney necesitaba tener todos los apoyos, tanto de la gobernatura de la Florida, como del mismo gobierno federal, no solo para proteger los 100 km² de pantanos que acababa de comprar entre las ciudades de Orlando y Kissimmee, sino para preservar su proyecto de cara al futuro.

Por eso batalló para que el Estado de Florida le otorgara a Walt Disney Productions la jurisdicción municipal sobre aquella tierra, un estatus que le abriría las puertas a cualquier tipo de inversión sin tener que pasar por el escrutinio de los legisladores locales.

El plan era construir edificios, autopistas, carreteras menores, alcantarillado, desagüe, instalaciones eléctricas… Pero no quedaba ahí, Disney aspiraba a que su proyecto tuviera tanto control de la jurisdicción que hasta sería capaz de emitir bonos, disponer de servicios de emergencia y hasta recaudar impuestos; nada menos que un miniestado autónomo en cuestiones económicas dentro de la Florida.

Y lo logró. El Reedy Creek Improvement District disponía de plenos poderes, y entre estos se hallaba la opción de construir una central nuclear que abasteciera a esa ciudad futurista que colmaba las ambiciones de su promotor.

Entrada del Walt Disney World Resort, en Orlando, Florida.

Como la comunidad y la clase política deseaban que el parque de diversiones de construyera, pues autorizaron el resto del proyecto.

Así que en 1967, Walt Disney logró que los políticos del estado aprobaran una ley que le daba luz verde para la construcción de esta planta generadora de una energía que hace 50 años ilusionaba a muchos y que hoy observa cuotas de descrédito inconmensurables.

Lo que sucedió después, casi todos lo saben. Disney murió en 1966 en California, la famosa EPCOT no llegó a construirse en su totalidad y el parque de atracciones Disney World, con sus hoteles y sus restaurantes, se convirtió en el destino predilecto de millones de personas, nacionales y extranjeros.

Solo que aquella ley que autorizaba la construcción de una planta nuclear no ha sido derogada. Está ahí, vigente, escrita, firmada, asentada en la historia, con su letra grande y su letra chiquita, vigente hasta que alguien promueva y logre los votos para su eliminación.

¿Intentarán sus descendientes algún día retomar el proyecto de una planta nuclear?

No parece. De hecho, el gran parque temático para niños y adultos hace rato que se ha volcado en la incorporación de energías eléctricas muchos más sanas para echar a andar sus equipos y sus atracciones.

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