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Dormir mal no solo afecta a tu salud: hace más pobre a tu país

Sebastián Aguirre
Dormir mal o poco tiene un impacto directo en nuestra salud, lo que irremediablemente termina afectando a nuestro rendimiento en el trabajo y, por lo tanto, a la economía. Foto: Getty Image.
Dormir mal o poco tiene un impacto directo en nuestra salud, lo que irremediablemente termina afectando a nuestro rendimiento en el trabajo y, por lo tanto, a la economía. Foto: Getty Image.

Un trabajador en México que padece de insomnio tiene 3,9 veces más probabilidades de tener una incapacidad laboral que cualquier otra persona sin ese mal hábito al dormir, indica el médico psiquiatra Andrés Barrera, especialista en trastornos del sueño y empleado de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Agrega el especialista, citando una tesis hecha por sus compañeros Mariana Ventura y Ulises Jiménez, que por este motivo las empresas mexicanas asumen, en promedio, un costo anual de 4.800 pesos –246 dólares– por cada trabajador.

Esta es solo una de las consecuencias, explica Barrera, de los malos hábitos de sueño en el Producto Interno Bruto –PIB– de países como México, donde de acuerdo con cifras publicadas por el World Economic Forum -WEF-, que a su vez menciona datos de la app Sleep Cycle, sus habitantes duermen en promedio entre 6:45 y 7:00 horas, lo cual tiene un impacto en el ingreso per cápita, que es cercano a los 8.900 dólares anuales (Banco Mundial, 2017).

Los malos hábitos de sueño están directamente relacionados con las economías de cualquier países, afectando la productividad y los ingresos de sus habitantes y de sus empresas.

Países como Finlandia, Países Bajos o Nueva Zelanda, donde las personas duermen más de 7:30 horas por noche, tienen ingresos per cápita que superan los 45.000 dólares, o como el caso de Luxemburgo, cuyos habitantes descansan entre 7:15 y 7:30 horas, superan los 100.000 dólares.

El caso en Latinoamérica es más preocupante. En Argentina, Chile, Brasil, México y Colombia, los ciudadanos no duermen más de 7:00 horas en promedio, y el ingreso per cápita no supera los 16.000 dólares, incluso basja hasta un rango cercano a los 6.000 dólares.

En esa escala hay países que se salen de la regla, como Japón y Arabia Saudí, en los que el promedio de horas de sueño está por debajo de las 6:30, pero los ingresos anuales por habitante casi doblan al de los países latinoamericanos.

Un costo que da pesadillas

El golpe que tienen los malos hábitos al dormir para las economías de los países es bastante doloroso. Si bien en Latinoamérica no hay estudios que den cuenta de esto, en países fuertes como EE.UU. los trabajadores dejan de trabajar 1,2 millones de días al año por incapacidades relacionadas con trastornos como dificultad para iniciar el sueño, insomnio, despertar más temprano de lo deseado y sensación de cansancio.

El doctor Barrera reporta que en el país estadounidense el ausentismo por problemas de sueño les cuesta por trabajador 9.670 dólares al año. Allí van incluidos aspectos como tratamientos, consultas, transporte.

La empresa Phillips elabora cada año una encuesta anual del sueño. En los resultados de 2018 se destacó que de 15.000 personas sondeadas -de ellas el 32 % en Argentina, Brasil, México y Colombia- padecían de alguna de las condiciones que afectan su sueño: insomnio, ronquidos, apnea, síndrome de las piernas inquietas, que terminan luego relacionadas con estrés y ansiedad.

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A mechanic sleeps at a service station on the outskirts of Havana May 28, 2013. REUTERS/Desmond Boylan (CUBA - Tags: SOCIETY BUSINESS EMPLOYMENT)
Un trabajador de servicios mecánicos duerme en una estación de La Habana, Cuba (Foto Reuters/Desmond Boylan)

Según el informe The Global Problem of Insufficient Sleep and Its Serious Public Health Implications publicado por Healthcare, siete de las 15 principales causas de muerte en EE.UU. tienen conexión con problemas de sueño, entre ellas diabetes, hipertensión, septicemia y enfermedades cardiovasculares.

En el sondeo de Phillips, los encuestados manifestaron que sus problemas para descansar bien estaban asociados a problemas financieros (45 %), y le siguieron el uso de tecnologías y aplicaciones de redes sociales (39 %) y los inconvenientes laborales (36 %).

No es una pérdida de tiempo

Frente a eso, el doctor Barrera explica que hay pacientes que consideran que dormir “es una pérdida de tiempo” y que prefieren invertir tiempo en revisar sus teléfonos celulares, expuestos a las bombillas de luces que afectan sus hábitos de sueño.

Lo anterior va en la línea de quienes piensan que si duermen pocas horas serán más exitosos, emulando a personajes como Tim Cook, quien dice levantarse antes de las 4:00 de la mañana todos los días.

“En los niños y adolescentes el tiempo de sueño ha disminuido en comparación a hace 100 años por el uso de la tecnología –casi una hora menos de sueño, según el WEF–; en los adultos se ha mantenido más estable. Si bien hay segmentos de la población que son durmientes cortos, que descansan cuatro horas sin mostrar signos de cansancio en el día, la mayoría de las personas si duermen ese tiempo su rendimiento al otro día se va a ver afectado”, dice.

El efecto de dormir un poco más en la economía puede ser de alto impacto. Según el WEF, si en EE.UU. las personas que duermen menos de seis horas diarias lo hicieran por una hora más diaria (como el promedio nacional, que es de 7:15 horas), las pérdidas disminuirían en 226.000 millones de dólares.

De hecho, en ese país los malos hábitos de sueño son considerados como un problema de salud pública por The Centers for Disease Control and Prevention. Allí las pérdidas anuales por esta causa superan los 411.000 millones de dólares anuales, muy superiores a las que reportan países como Japón (138.000 millones), Alemania (60.000 millones) o el Reino Unido (50.000 millones), territorio en el que las incapacidades laborales por trastornos de este tipo suman más de 200.000 días hábiles al año.

Una revelación de la encuesta de Phillips es que en países como México y Colombia, los consultados manifestaron que consideran que hacer ejercicio es mejor que dormir para su salud (77 % y 72 %), mientras que en Brasil y Argentina se inclinaron por el sueño (68 % y 54%).

Falta más educación

De todos modos, Barrera afirma que el estudio de la calidad de sueño en general, y los efectos que ésta tiene sobre los distintos ámbitos en los que se desenvuelve el ser humano, entre ellos la economía, aún es muy reciente, y se requiere una mayor concientización sobre su impacto.

En México, por ejemplo, ya existe una norma oficial, la 035 de 2018 de Factores de riesgo psicosocial en el trabajo; identificación, análisis y prevención, la cual entre sus apartes se refiere al estrés laboral y a sus consecuencias en el sueño.

Dicho documento insta a los empleadores a vigilar las condiciones de sueño de sus colaboradores y a capacitarlos sobre técnicas de relajación y de manejo del estrés mediante ejercicios, para evitar que haya afectaciones en sus actividades diarias y que tengan que acudir a los servicios médicos, generando costos para el sistema, para las empresas y por supuesto para el mismo paciente.

Según Sleep Observatory, “muchas multinacionales norteamericanas como Google, Nike o Ben & Jerry’s ya optan por desestigmatizar el sueño y permitir a los empleados echarse pequeñas siestas en espacios adaptados para ello; de hecho, los especialistas en medicina del sueño confirman que una siesta de 20 minutos a media tarde puede mejorar el rendimiento laboral, el estado de ánimo y el nivel de alerta sin interferir en el sueño nocturno”.

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