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El nuevo secreto de la productividad (y de la vida): no hacer nada

·4  min de lectura
¿Por qué nos sentimos culpables cuando no hacemos nada? Foto: Getty Image.
¿Por qué nos sentimos culpables cuando no hacemos nada? Foto: Getty Image.

Suena el despertador. Nos desperezamos como podemos. Todavía es de noche y, a duras penas, nos preparamos un desayuno, no muy grande, porque el tiempo apremia: no hay que perder el bus. Así una y otra vez, todos los días del año hasta la jubilación.

Nos hemos acomodado —o peor aún, resignado— a un estilo de vida consistente en deslomarnos para poder pagar las facturas cuando el principal activo, el único que no se puede recuperar, el tiempo, no se puede pagar con dinero.

Aunque cueste creerlo, hubo un tiempo en el que el estado natural del ser humano eran las vacaciones, y no, no es necesario irse muy lejos para rememorar esta filosofía de vida: de hecho, todo cambió con la llegada de la conocida como Revolución Industrial, en la que el trabajo fue “divinizado” acabando con el añorado dolce far niente.

Esta reflexión ha sido puesta de nuevo encima de la mesa por una tiktoker a raíz de haber leído el ensayo de Celeste Headlee “Do nothing: How to Break Away from Overworking, Overdoing, and Underliving” (que podríamos traducir como no hacer nada: cómo hacer frente a la sobrecarga de trabajo y mala calidad de vida).

Esta obra denuncia que la sociedad ha asumido como normal dar prioridad al trabajo para recibir como recompensa unas pocas horas de ocio al día y unas semanas de vacaciones al año. Piénsalo bien: salvo que vivas justo encima de tu oficina y se te caiga el lápiz a las 17 h, a las horas “oficiales” de jornada laboral deberás sumar no solo el traslado a tu trabajo (que en las grandes capitales puede ser de más de una hora por trayecto), sino también el estrés que te llevas a casa, los emails a cualquier hora, llamadas... ¿Por qué damos como normal este sacrificio?

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El tiempo es nuestro tesoro más preciado y, sin embargo, es el que más desperdiciamos. Foto: Getty Images.
El tiempo es nuestro tesoro más preciado y, sin embargo, es el que más desperdiciamos. Foto: Getty Images.

Revisitanto la productividad

Si estás empezando a pensar que quien escribe estas líneas es un haragán solo por planteárselo, habrás dado con el quid de la cuestión y el foco de la denuncia que hace Headlee: el modelo económico actual te condena a sentirte culpable si no haces nada (aunque sea tu día de fiesta) y a marginar a quien quiere salirse de esta rueda.

Calificativos como “vago”, “inútil” o expresiones como “nunca llegarás a ser nada en este mundo” resultan habituales en nuestra sociedad y, sin embargo, no ha sido siempre así. Tal y como recuerda esta usuaria de TikTok (te recordamos: casi 500.000 “me gusta” y 5.000 comentarios, en el momento en que escribimos este artículo), la vida era mucho más relajada antes de la Revolución Industrial. El protestantismo es el responsable de que ahora, te veas abocado a obsesionarte con ser productivo.

Antes de este momento histórico que cambiaría la humanidad para siempre, la gente se desertaba con el amanecer y trabajaba únicamente cuando era necesario, a saber, la siembra y la cosecha. El resto del año, la humanidad se dedicaba al noble arte de vivir ¿recuerdas lo que es eso? Comer, dormir y socializar, y todo ello sin ningún sentimiento de culpa. De acuerdo, podrás argumentar, con razón, que la irrupción de la Revolución Industrial, como simiente del capitalismo, ha traído consigo el desarrollo: coches, tecnología, electricidad... y es correcto. Todos estos avances son reales y se han alcanzado con la promesa de mejorar la calidad de vida, y esto último también es cierto... ¿O tal vez no? Esta es la reflexión que se hace Headlee y ha sido viralizada ahora en TikTok: se vive cada vez peor.

Si lo piensas bien, la sociedad vive atrapada en una jaula de oro: todo es sensacional, si pagas por ello, claro. Y esta realidad empuja a todos a correr como pollos sin cabeza y robar horas al sueño y al bienestar. Al final, vivimos al ritmo de un reloj que no controlamos y dominados por la máxima: “el tiempo es oro”, pero vista desde el prisma de la productividad.

¿Por qué no girar esa visión y considerar que lo que se nos agota y no vuelve es la vida? Es una perspectiva un tanto tremendista pero muy real. Cuando el valor escaso es el tiempo, ¿por qué no dedicarlo a lo que más te llena? Es el nuevo paradigma de la productividad que propone Headlee y que está enloqueciendo en TikTok.

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