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Estrategia que gana, no se toca: Massa seguirá haciendo anuncios y apuesta a un golpe final para ganar el balotaje

Sergio Massa acaricia el sueño de todo político que se precie. Cree estar a las puertas de convertirse en el presidente de la Argentina desde el 10 de diciembre. Para ello deberá pescar entre los electores de Juan Schiaretti (7%), Myriam Bregman (2,8%) y, sobre todo, en los radicales de Juntos por el Cambio que ya no quieren saber nada del macrismo, y empiezan a mostrarse dispuestos a cambiar de barco, al menos en el cuarto oscuro. 

En la noche de emociones extremas del domingo, que lo dejaron al borde del llanto, Massa convocó a la "unidad nacional", dijo que viene a terminar con la grieta, y prometió que esta vez sí gobernarán los más capaces, sean peronistas, radicales, socialistas o ¿macristas?

El primer paso del candidato de Unión por la Patria fue salir a llevar tranquilidad al mundo de los negocios, tras tomar nota de que muchos medios europeos no terminan de entender cómo un ministro de Economía con pobreza e inflación récord, fue el más votado en la Argentina. Así lo plasmaron en sus sitios web y páginas de diarios.

Ante los corresponsales extranjeros, el ministro de Economía prometió "racionalidad y previsibilidad" si llega al poder. Fue luego de que los medios internacionales se mostraran interesados, por ejemplo, en conocer detalles sobre cuál es el acuerdo con China, uno de los cinco socios comerciales más importantes de la Argentina, y que tiene una base militar (de investigación espacial), en la Patagonia. 

La estrategia de Massa: un anuncio por día

La ampliación del respaldo chino fue una de las últimas jugadas que hizo Massa antes de las elecciones, apuntando sobre todo a los financistas que todavía se preguntan si el país corre el riesgo de sufrir una devaluación desordenada producto de la cada vez más notoria evaporación de reservas.

El ministro aprovechó el encuentro con la prensa internacional para anunciar que habrá dólar agro para todos y todas -por el apuro, el decreto se publicó este mismo lunes por la noche-, ya que la posibilidad de liquidar exportaciones a un precio mayor al de mercado, se extenderá a todos los productos exportables. Massa pretende llegar a la segunda vuelta con un frente cambiario quieto, con menos gente mirando la cotización del dólar a toda hora, y cada vez más allanamientos en las cuevas.

Massa seguirá haciendo anuncios a diario y apuesta a un golpe final para ganar el balotaje
Massa seguirá haciendo anuncios a diario y apuesta a un golpe final para ganar el balotaje

Massa seguirá haciendo anuncios a diario y apuesta a un golpe final para ganar el balotaje

"Para fortalecer las reservas argentinas vamos a ampliar el programa de fortalecimiento exportador a todas las actividades, todo el complejo exportador argentino, bienes, intermedios, bienes terminados, productos primarios y servicios, van a tener por los próximos 30 días un régimen de liquidación, 70% ingresado por lo que se denomina el mercado único libre de cambios, 30% por el sistema de dólares financieros o contado con liquidación", explicó el ministro un par de horas después de haberse dado un "baño de masas" que le organizó UPCN para recibirlo como a un héroe en el Palacio de Hacienda. 

El tigrense también salió a hablarle al mercado, que a esa hora le estaba devolviendo una caída de los bonos en dólares y una escalada del dólar blue. Enterado de que los financistas seguían atacando su laxitud con los gastos, Massa ratificó que en el 2024 habrá "superávit fiscal", equivalente al 1 por ciento del Producto Bruto. Serían unos u$s 4.500 millones, o u$s 6.000 millones. Depende del PIB que se tome en dólares -un tema sobre el cual el INDEC no quiere saber nada-, y por eso no informa el volumen de lo que vale la economía argentina. Es que es casi imposible calcularlo de esa forma, ante un dólar que puede pasar de valer $400 a $1.000 en seis meses.

Los vencimientos de deuda que vienen, una piedra en el zapato

Igual, aunque el superávit sea de u$s 6.000 millones, es la nada misma comparado con los vencimientos de deuda que se vienen, y que sólo por las Leliq rondarían los $20 billones a lo largo del 2024. Ni que hablar de los pagos al FMI y al resto de los organismos multilaterales. Más un frente que se abrió hace pocas semanas: la jueza neoyorquina Loretta Preska ordenó a la Argentina pagar u$s16.000 millones por la estatización de YPF que hicieron Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Otro tema que no le importó al electorado, que encumbró al gobernador bonaerense por segunda vez.

En su diálogo con los corresponsales de medios del exterior, Massa ratificó la decisión de tener superávit fiscal a partir del año próximo. El objetivo, planificado por el viceministro Gabriel Rubinstein, es que ese saldo favorable vaya in crescendo. Roberto Lavagna, uno de los asesores estrella de Massa, pregona la necesidad de avanzar hacia un "fondo anticíclico". Lo hizo en los primeros años con Néstor Kirchner, hasta que el santacruceño quiso eternizarse en el poder y decidió que era hora de empezar a tirar manteca al techo. Un camino que su esposa perfeccionó sobre todo en su segundo mandato como presidenta. 

Massa también cuestiona parte de los beneficios tributarios para sectores empresariales que hacen del lobby permanente una razón de vida. "Desgraciadamente el presupuesto argentino tiene un paquete de beneficios tributarios y presupuestarios que están afectados centralmente a beneficios empresarios, a sectores económicamente muy concentrados. Eso representa 4,8% del PBI y he planteado la necesidad de que ese presupuesto que mandamos, con 0,9% de déficit, se sancione con 1% de superávit, y que ese superávit surja del tratamiento de recortes de beneficios presupuestarios y tributarios que venía sancionando año tras año el Congreso", dijo Massa. Los fabricantes de electrónicos de Río Grande habrán tomado nota y ya estarán preparando el contrataque. 

La señal más fuerte para el mercado financiero Massa la dio cuando los bonos soberanos impulsaban el riesgo país a un nuevo peldaño. "Vamos a estudiar mecanismos de premio y anticipación de pagos en algunos bonos argentinos, a los efectos de garantizar que recuperemos profundidad y confianza en el mercado soberano", anticipó. En la city también tomaron debida nota, y habrá que ver si en la semana actúan en consecuencia. 

Massa redondeó su mensaje a los "lobos de Sarmiento y 25 de mayo" con una frase que sonó a música en sus oídos: "Vamos a intentar que el Estado, de aquí al 10 de diciembre, que es cuando termina esta etapa, y obviamente desde el 10 de diciembre en adelante, tenga mayores signos de austeridad, porque es muy importante". Austeridad. Cualquier parecido con lo que reclama "la derecha", no es casualidad. ¿Qué dirá Cristina Kirchner?

Massa también cuestiona parte de los beneficios tributarios para sectores empresariales que hacen del lobby permanente una razón de vida
Massa también cuestiona parte de los beneficios tributarios para sectores empresariales que hacen del lobby permanente una razón de vida

Massa  cuestiona parte de los beneficios tributarios para sectores empresariales que hacen del lobby permanente una razón de vida

El golpe final para gobernarlos a todos

"Un anillo para gobernarlos a todos", se leía en el anillo de Sauron, el temible personaje de la saga de Tolkien que muchos conocimos gracias a "El señor de los anillos". En algo de eso está también pensando Massa, quien tal vez no sea un político tan brillante pero, lo admiten hasta sus rivales, "nunca hay que darlo por muerto". 

Queda menos de un mes para la segunda vuelta. El ministro de Economía sabe que está en el centro del ring y que su principal rival recibió un golpe muy duro, que lo dejó sentido, y lo obligó a recalcular rápidamente, por ejemplo pidiendo hacer "tabula rasa" y abrirle la puerta a Patricia Bullrich y a todos los que antes denostaba. Porque de lo que ahora se trata -repite Javier Milei- es de "terminar con el kirchnerismo". 

Pero ¿y si Massa profundiza su estrategia de parecerse cada vez menos al kirchnerismo? Ni Cristina, ni Máximo, ni nadie que huela a La Cámpora, estuvieron en el cuidado acto en el que asumió su triunfo la noche del domingo. Sólo la familia de él (con Malena a la cabeza), y la de Agustín Rossi, quien a esta altura no debe poder creer lo cerca que le toca estar de la Vicepresidencia, casi de casualidad.

Los cálculos de los hombres que rodean a Massa, y le proporcionan materia prima para sus audaces planes, como Guillermo Michel, el poderoso entrerriano jefe de la Aduana que podría ocupar un rol clave en un eventual gobierno del líder del Frente Renovador, tienen la vista puesta en una fecha clave: lunes 13 de noviembre de 2023. Faltarán seis días para el balotaje, y el INDEC conducido por Marco Lavagna -otro al que le espera un destino importante si el tigrense llega al Sillón de Rivadavia-, anunciará el índice de inflación. 

Si los cálculos semanales de Rubinstein no fallan y el costo de vida estaría en retroceso, el ministro-candidato habrá conseguido para cuando se haga ese anuncio oficial la que considera su llave final para entrar al reino de los elegidos. El IPC de octubre caería a un dígito, tras haberse mantenido por encima del 12% durante dos meses consecutivos. 

"También demostré que puedo con la inflación", podrá decir con el pecho inflado el ministro que desde hace meses parece más el presidente real de la Argentina. Habrá que ver si con eso le termina de alcanzar para convencer al 14% del electorado que le falta, y que esta vez no se le escapa su destino más codiciado.