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La falta de la ayuda monetaria de la pandemia está llevando al sector del cuidado de niños al borde del abismo

Una guardería en Nueva York, el 12 de febrero de 2021. (Naima Green/The New York Times)
Una guardería en Nueva York, el 12 de febrero de 2021. (Naima Green/The New York Times)

Desde hace mucho tiempo, tener una guardería ha sido un problema matemático muy difícil: muchos proveedores apenas logran funcionar, pero muchos padres no pueden permitirse pagar más.

Durante la pandemia, hubo un alivio temporal. El gobierno federal gastó 24.000 millones de dólares para mantener a la industria a flote. Muchos proveedores recibían miles de dólares al mes, dependiendo de su tamaño, los cuales utilizaban para pagar gastos, el mayor de los cuales eran los salarios.

Pero ese financiamiento, que comenzó en abril de 2021, expiró en septiembre. Cinco meses después, el negocio es más precario que nunca.

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Además del fin de los cheques mensuales, los costos de los proveedores han aumentado junto con la inflación: para alimentos, suministros, así como seguros de responsabilidad civil y propiedad. El aumento de los salarios en los servicios de alimentación y el comercio minorista ha dificultado la contratación de cuidadores infantiles, uno de los empleos peor pagados del país.

De igual modo, el uso que hacen las familias de los servicios de guardería ha cambiado, lo que dificulta a los proveedores mantener el número necesario de trabajadores y obtener ingresos estables. Ahora, algunos padres recurren a los servicios de guardería de manera menos sistemática porque trabajan más a menudo desde casa o encontraron otras alternativas, como el cuidado de los niños por familiares o niñeras, durante la pandemia.

El resultado es un sector al borde del abismo, según muestran los nuevos datos.

En una encuesta que dio a conocer el domingo la Asociación Nacional para la Educación Infantil (NAEYC, por su sigla en inglés), más de la mitad de los 3815 propietarios o directores de guarderías afirmaron que estaban inscribiendo a menos niños de los que tenían autorizados. Esto se debía sobre todo a la escasez de personal: no podían permitirse pagar más a los trabajadores porque los padres no podían pagar más.

La mitad de los proveedores dijeron que habían aumentado el precio de la colegiatura. De un grupo más amplio de más de 10.000 trabajadores de guarderías encuestados, el 55 por ciento dijo que conocía al menos un programa en su comunidad que había cerrado desde el vencimiento de los fondos federales.

Muchos padres sufren el estrés del aumento de los costos y la reducción de la disponibilidad. Según una encuesta reciente de Care.com, gastan en promedio una cuarta parte de sus ingresos en guarderías (según el Departamento de Salud y Servicios Humanos, para que las guarderías sean asequibles, no deben costar más del 7 por ciento de los ingresos familiares). La mayoría dijeron que la colegiatura había aumentado y las listas de espera habían crecido desde la expiración de los fondos federales.

Algunos hicieron uso de sus ahorros o han conseguido más empleos para pagar por el cuidado de los menores. Otros les pidieron a familiares o amigos que cuidaran de sus hijos o redujeron sus horas de trabajo para hacerlo ellos mismos.

“A medida que desaparecen estos fondos, los programas que apenas se mantenían están a punto de ser insostenibles”, afirmó Elizabeth Ananat, economista del Barnard College.

El gobierno de Biden le pidió al Congreso 16.000 millones de dólares para un año de financiamiento adicional del cuidado infantil y un grupo de senadores demócratas estuvo a favor, aunque es poco probable que obtenga la aprobación republicana necesaria para su aprobación.

Mientras tanto, algunos estados, incluidos unos cuantos gobernados por republicanos, han invertido fondos estatales para compensar la pérdida de fondos federales. Por ejemplo, Vermont gastará 125 millones de dólares al año en grandes ampliaciones de los requisitos para acceder a subsidios destinados a familias de bajos ingresos y Kentucky gastó 50 millones de dólares en subvenciones después de la expiración de los fondos federales.

Eso no es suficiente, según Sondra Goldschein, directora ejecutiva del comité de acción política de Campaign for a Family Friendly Economy, que está gastando 40 millones de dólares para respaldar al presidente Joe Biden y a los candidatos demócratas que apoyan el cuidado infantil. “Queremos que el cuidado infantil se considere una infraestructura permanente y que se realicen inversiones sustanciales y sostenidas en el sector a nivel federal”, afirmó.

Subsidiar el cuidado infantil para la mayoría de los proveedores, como hizo el gobierno durante la pandemia, o para la mayoría de las familias, como no pudo hacer el gobierno de Biden en su proyecto de ley de gasto social, es políticamente improbable. Los republicanos no apoyaron las políticas familiares del proyecto de ley, las cuales incluían el cuidado infantil ampliamente subvencionado y el preescolar universal.

Pero ambos partidos han apoyado otras ideas. Una de ellas es aumentar el financiamiento de la subvención global que ayuda a las familias de bajos ingresos a pagar el cuidado infantil. Esta recibió 15.000 millones de dólares adicionales durante la pandemia, pero expiran este otoño y, antes de esa extensión, solo atendía al 14 por ciento de las familias que cumplían los requisitos. Otra medida consiste en conceder a las empresas exenciones fiscales u otros incentivos para que ayuden a sus empleados a pagar los gastos de guardería.

Las políticas dirigidas a las familias de bajos ingresos y centradas en cómo el cuidado de niños beneficia a los empleadores tienen más probabilidades de obtener un acuerdo bipartidista, declaró Patrick Murray, vicepresidente de asuntos gubernamentales de KinderCare, una cadena de 2300 centros de cuidado infantil, que trabajó en la subvención en bloque como asesor político del exsenador republicano de Tennessee, Lamar Alexander.

Este año ha sido el más desafiante de los últimos treinta años para Rebecca Davis, quien dirige un centro de cuidado infantil en Arkansas desde su hogar en la región de Little Rock.

Solía cuidar a niños a partir de las 6 semanas de nacidos hasta su ingreso al preescolar, pero desde la pandemia, la rotación ha sido mayor. Los impuestos de la subvención de la pandemia están por vencer.

Sin embargo, no puede aumentar las colegiaturas: “Es un círculo vicioso: me encantaría poder dar a mis empleados un estipendio o un aumento de su salario por hora, pero no puedo porque el costo de todo ha subido y los padres no pueden pagar”.

Después de los gastos —nóminas, servicios públicos, pagos de la hipoteca, alimentos y suministros— el sueldo neto de Davis suele rondar los 2 dólares la hora.

“No te ganas la vida cuidando niños”, afirma. “¿Por qué lo hago? Porque me encanta hacer la diferencia en la vida de un niño”.

c.2024 The New York Times Company