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Algunos feligreses LGBTQ conservan religión que los repudia

EEUU-LGBTQ-FIDELIDAD A LA RELIGIÓN (AP)
EEUU-LGBTQ-FIDELIDAD A LA RELIGIÓN (AP)

Cuando estudiantes homosexuales demandaron a la Universidad Yeshiva por discriminación en la primavera de 2021, los críticos no tardaron en cuestionar los motivos por los que estudiantes de la comunidad LGBTQ optarían en primer lugar por elegir una universidad judía ortodoxa.

Pero para muchos miembros judíos ortodoxos LGBTQ, al igual que con feligreses de otros credos, su identidad religiosa es tan no negociable como su identidad de género.

“Muchas personas se preguntan: ¿por qué una persona homosexual sigue siendo ortodoxa? Es como decir: hay conflicto en tu familia, ¿por qué no te vas?”, preguntó Rachael Fried, integrante y directora ejecutiva de Juventud Judía Homosexual (JQY, por sus iniciales en inglés), una organización sin fines de lucro que apoya a jóvenes judíos ortodoxos homosexuales, en declaraciones a Religion News Service.

En iglesias, sinagogas y mezquitas, al igual que en las familias, con frecuencia se mencionan las enseñanzas y textos religiosos para rechazar a los miembros LGBTQ, y muchos creyentes homosexuales sienten que no tienen otra opción más que distanciarse. Muchos terminan rechazando la religión en su totalidad; otros encuentran un sentido en comunidades religiosas que los aceptan.

Pero algunos feligreses de la comunidad LGBTQ están reconciliando partes de sí mismos que sus doctrinas religiosas consideran incompatibles, y siguen participando en su religión incluso cuando oficialmente se considera que están violando las leyes divinas o han sido vetados de ocupar puestos de liderazgo religioso.

En el caso de Madeline Marlett, fueron los jesuitas quienes le enseñaron que era posible ser una mujer trans católica.

Mientras crecía en una devota familia católica de 10 miembros en Texas, Marlett contó que todas las noches le pedía a Dios que a la mañana siguiente despertara con un cuerpo distinto. Años después, cuando estudiaba en la Universidad de la Santa Cruz, una institución jesuita en Worcester, Massachusetts, el trastorno dismórfico corporal seguía latente.

“Tenía la esperanza de que esto de ser trans desapareciera, pero a través de (la universidd) de la Santa Cruz, los jesuitas me mostraron una esencia distinta del catolicismo. Era más sobre ‘Dios es amor’ y menos sobre ‘estas son las reglas’", comentó Marlett, quien actualmente tiene 25 años y vive en Boston.

Fue en una clase llamada “Entendiendo a Jesús” donde Marlett dijo que por primera vez se encontró con la idea de un Cristo radical que atendía a los marginados.

“Eso se convirtió en mi barómetro en un momento en que estaba desentrañando lo que creía. ¿Esta norma es amorosa? Eso fue lo que me ayudó a reconstruir mi idea de la religión para incluirme a mí y a las personas a mi alrededor”, manifestó.

Después de graduarse se integró a Dignity USA, una organización católica defensora de la comunidad LGBTQ, cambió su nombre oficial y se comenzó a presentar como Madeline.

Jodi O'Brien, profesora de sociología en la Universidad de Seattle, dijo que muchos cristianos LGBTQ han tenido el momento “de revelación” que tuvo Marlett cuando se encontró con historias de Jesús en las que él atendía a los marginados.

“Se reescribieron a sí mismos en el guion del cristianismo”, comentó O'Brien. “En lugar de ser los pecadores, o los marginados, fueron los que personificaron de mejor forma el amor de Cristo”.

Para algunos, la búsqueda de una versión de su fe que los acepte significa dejar atrás la religión institucional. Para Randall Thacker, un mormón y expresidente de Affirmation, una organización global que brinda apoyo a la comunidad LGBTQ que pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la clave fue separar a Dios de la Iglesia.

“Diría que acojo mi religión, pero no acepto del todo a la institución”, comentó. “Eso es muy difícil en este tipo de fe, en donde todo gira en torno (a la Iglesia)". A lo largo de los años, Thacker ha aprendido a atesorar las doctrinas que ama y, al mismo tiempo, a deshacerse de las enseñanzas perjudiciales, algo que le permite tener una fe que “siento como si fuera parte de mi ADN”.

Jordan Jamil Ahmed, de 31 años, tiene una postura similar.

“Pienso que, a menudo, la religión organizada, no solo en el islam, es con frecuencia una manera de expresar poder político sobre la gente, mientras que para mí la idea de la fe es más innata o intuitiva”.

Ahmed es un musulmán chií que creció en una familia multirracial y multiétnica en la región central de Ohio. Después de años de luchar con su identidad homosexual y musulmana, Ahmed se unió a Queer Muslims of Boston (Musulmanes Homosexuales de Boston) en 2020 y a la larga se puso en contacto con Union Square Halaqa, un grupo de musulmanes marginados que se reúnen para estudiar el islam.

“El halaqa es el primer lugar en donde he llegado realmente a comprender de manera conjunta mi homosexualidad y el hecho de que soy musulmán”, dijo Ahmed.

Ahmed cree que la expansión de lo divino no se puede limitar al binario masculino-femenino. Esta visión más amplia de la espiritualidad también les ha permitido experimentar a Dios, señalan, en todo desde la oración hasta las cartas del tarot o en el baile en clubes gays.

Pero la fluidez espiritual y de genero de Ahmed le ha significado el exilio de algunos lugares musulmanes.

“Definitivamente he construido mi comunidad fuera de las instituciones tradicionales. En realidad no hay mezquitas en las que me sienta a gusto”, indicó.

Tyler Lefevor, asesor y psicólogo, ha hallado que los feligreses homosexales pueden enfrentar exclusión dentro y fuera de los contextos religiosos. En un estudio publicado este año por la Asociación Estadounidense de Psicología, Lefevor y su coautor encontraron que más de la mitad de los mormones LGBTQ que contestaron una encuesta señalaron que carecían de pertenencia en su comunidad religiosa, su comunidad LGBTQ+, o en ambas.

La lucha por pertenecer es lo que lleva a los creyentes LGBTQ a crear espacios religiosos explícitamente homosexuales como Affirmation, JQY o Dignity USA, comentó Lefevor.

“Muchas de estas comunidades brindan algunas de las herramientas teológicas que las personas religiosas homosexuales necesitan para permanecer dentro de estas congregaciones conservadoras. Son un grupo de personas que entiende lo que es tener que dar explicaciones constantes a las personas en ambos bandos”, agregó.

A menudo estos grupos van más allá de la teología. Durante el conflicto jurídico con Yeshiva, JQY intervino para financiar Pride Alliance, el club de estudiantes en Yeshiva, luego de que la universidad se rehusó a hacerlo. También organiza un centro de donativos semanales en Times Square, en donde los jóvenes LGBTQ reciben pizza gratis, se entrevistan con trabajadores sociales y tienen noches de juegos.

Su participación envalentonó a Sergio Guzmán, quien pertenece a la oficina de Dignity USA en el Valle de San Fernando, a adoptar lo que dice es una posición de: “por ningún motivo voy a ir” en contra de la fe católica que ama.

Después de años de oscilar entre alejarse de la Iglesia y acercarse a ella, Henry Abuto, un homosexual cristiano célibe, se encontró con la comunidad Side B (Lado B), una amplia red de cristianos que aceptan su identidad homosexual pero creen que Dios diseñó las relaciones sexuales para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Abuto, quien acude a una iglesia aconfesional en Fort Worth, Texas, eligió el celibato hace ocho años como la mejor forma de ser fiel a sí mismo y a su fe. Desde entonces, al igual que muchos integrantes de Side B, ha sido llamado pecador por ser homosexual y considerado una persona que se odia a sí misma por elegir el celibato.

En 2018 Abuto se topó con Revoice, un congreso anual de Side B. De repente se vio rodeado por personas cuyos caminos eran similares al suyo. “Sin esa comunidad, mi andar no estaría tan floreciente como lo está”, comentó Abuto, quien ahora es miembro del personal de Revoice.

No todas las personas pueden reconciliar su fe y su homosexualidad. Un estudio del Centro Pew de Investigación en 2013 halló que casi la mitad (48%) de las personas LGBTQ no tienen una afiliación religiosa, una cifra que supera en más del doble la proporción entre el público en general (20%). Y una tercera parte de los miembros de la comunidad LGBTQ que profesan una religión reportaron tener un conflicto entre su orientación sexual o identidad de género y sus creencias religiosas.

Eric Rodriguez, profesor adjunto de psicología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York que ha estudiado los temas de identidad LGBTQ durante décadas, dijo que los feligreses LGBTQ pueden rechazar su identidad religiosa, intentar erradicar o suprimir su identidad homosexual, separar ambas identidades o integrarlas.

“A quienes les fue mejor fue aquellos que dijeron haberlas integrado, o aquellos que se identificaron como seglares”, dijo. “Eso es sin importar si se está hablando de alguien con antecedentes cristianos, judíos o islámicos”.

La amplia gama de actitudes con respecto a la inclusión de las personas LGBTQ complica el tema de la pertenencia, incluso cuando una religión tiene reglas de no inclusión. En el catecismo católico, los actos homosexuales son llamados “intrínsecamente desordenados”, pero el Centro Pew de Investigación encontró en 2019 que el 61% de los católicos dijeron estar a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Dos años antes, el organismo reportó que el 52% de los musulmanes estadounidenses indicaron que la sociedad debería aceptar la homosexualidad.

“Los tipos con las túnicas y sombreros graciosos son los que tienen el problema”, dijo Guzmán.

Jeff Chu, autor de “Does Jesus Really Love Me?: A Gay Christian’s Pilgrimage in Search of God in America” (¿Jesús realmente me ama?: el peregrinaje de un cristiano gay en búsqueda de Dios en Estados Unidos"), dijo que las etiquetas de ratificación o rechazo son sumamente simplistas. Chu se casó con su esposo en la Iglesia Reformada en América (RCA, por sus siglas en inglés), de la que es un anciano ordenado, pero su proceso de ordenación, que para la mayoría de las personas tarda tres años, se ha prolongado durante seis debido al debate de esa Iglesia sobre la inclusión de las personas LGBTQ.

“Decir que es una ‘Iglesia no inclusiva’ no le hace justicia a lo que sucede en realidad, la cual es el hecho de que somos individuos, parejas y congregaciones que estamos haciendo frente a un montón de cuestiones políticas y sociales complicadas”, señaló.

Natalie Drew, una mujer trans, no esperaba llegar a una congregación de la Iglesia Cristiana Reformada (CRC, por sus siglas en inglés). La CRC, prima cercana de la RCA, incluyó en sus normas su oposición a las relaciones sexuales homosexuales a nivel confesional hace unos meses. Pero Drew no elige una Iglesia con base en si es inclusiva o no.

“No quiero pertenecer sólo porque tienen una postura oficial. Quiero sentir que pertenezco porque la gente allí me trata como si realmente fuese su familiar. Podría haber sucedido en muchos sitios. Simplemente sucedió en la Iglesia Cristiana Reformada”, comentó Drew.

En vista de la oposición confesional a las relaciones sexuales entre gays, la Iglesia de Drew, al igual que muchas otras, está reconsiderando el futuro de éstas dentro de la CRC. Drew dijo que no forma parte de esas conversaciones ni le interesa. Le encanta el compromiso de la Iglesia con los credos antiguos y con su trabajo por la justicia social, y lo que importa a final de cuentas es que ella, su esposa y sus hijos son bienvenidos.

“Para todas las personas LGBTQIA que tienen dificultades en estos momentos, hay iglesias por allí (para ustedes)”, comentó. “No tienen por qué renunciar a su fe para ser quienes son”.

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Este contenido está escrito y producido por Religion News Service y es distribuido por The Associated Press. RNS y la AP están asociadas en cierto contenido noticioso sobre religión. RNS es el único responsable de este despacho.