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Los gigantes petroleros de Occidente reducen producción: el peligro de depender en exceso del petróleo extranjero

·7  min de lectura
Una bomba de varilla en Stanton, Texas, el 21 de febrero de 2021. Las empresas estadounidenses han sido cautelosas al frenar la exploración y la producción, ya que les preocupa que una descarga nueva de petróleo en el mercado derrumbe los precios y sus ganancias. (Brandon Thibodeaux/The New York Times).
Una bomba de varilla en Stanton, Texas, el 21 de febrero de 2021. Las empresas estadounidenses han sido cautelosas al frenar la exploración y la producción, ya que les preocupa que una descarga nueva de petróleo en el mercado derrumbe los precios y sus ganancias. (Brandon Thibodeaux/The New York Times).

HOUSTON — Después de años de bombear más petróleo y gas, los gigantes energéticos de Occidente como BP, Royal Dutch Shell, Exxon Mobil y Chevron están ralentizando su producción mientras cambian a las energías renovables o reducen costos después del golpe que les propinó la pandemia.

Sin embargo, eso no significa que el mundo vaya a tener menos petróleo, porque las empresas petroleras de Estados en el Medio Oriente, el norte de África y Latinoamérica están aprovechando los recortes de las empresas petroleras propiedad de inversionistas para aumentar su producción.

Este enorme giro podría revertir la tendencia de una década: el aumento en la producción de petróleo y gas que convirtió a Estados Unidos en un exportador neto de petróleo, gasolina, gas natural y otros productos del petróleo, y hacer que el país se vuelva más dependiente de la OPEP, líderes autoritarios y naciones con inestabilidad política.

La iniciativa de los gobiernos de aumentar la producción de petróleo y gas implica que podrían pasar décadas antes de que disminuyan los suministros mundiales de combustibles fósiles a menos que haya una caída drástica en la demanda de esos combustibles.

El presidente Joe Biden en esencia ha aceptado la idea de que Estados Unidos dependerá más del petróleo extranjero, al menos durante los próximos años. Su gobierno ha recurrido a la OPEP y sus aliados para estimular la producción con el fin de bajar los precios crecientes del petróleo y la gasolina, aunque busca limitar el crecimiento de la producción de petróleo y gas en tierras y aguas federales.

Dos prioridades difíciles de cumplir

La estrategia del gobierno es el resultado de las dos prioridades en conflicto: Biden quiere que el mundo se aleje de los combustibles fósiles y a la vez proteger a los estadounidenses de un salto en los precios de la energía. A corto plazo, es difícil lograr ambas metas porque la mayoría de la gente no puede remplazar con facilidad los autos de motor de combustión interna, las estufas de gas ni otros productos basados en los combustibles fósiles con versiones que funcionen con electricidad generada en turbinas de viento, paneles solares y otras fuentes renovables de energía.

Las petroleras de Occidente también están bajo presión de los inversionistas y los activistas ambientalistas que están exigiendo una transición rápida a las energías limpias. Algunos productores estadounidenses han declarado que están reacios a invertir más porque temen que los precios del petróleo vuelvan a caer o porque los bancos y los inversionistas están menos dispuestos a financiar sus operaciones. Como resultado, algunos están vendiendo partes de sus imperios de combustible fósil o simplemente están gastando menos en nuevos yacimientos de petróleo y gas.

Esto ha creado una gran oportunidad para las empresas petroleras propiedad de los Estados que no tienen tanta presión para reducir emisiones, aunque algunas también están invirtiendo en energías renovables. De hecho, sus amos políticos a menudo quieren que estas petroleras aumenten la producción para reducir la deuda, financiar programas gubernamentales y crear empleos.

OPEC (Organization of the Petroleum Exporting Countries) organization logo and miniature models of an oil derrick pump and oil barrels are pictured in this illustration photo taken in Kyiv on 14 August, 2021. (Photo by STR/NurPhoto via Getty Images)
Depender en exceso del petróleo extranjero puede ser problemático porque puede limitar las opciones de los formuladores de política de Estados Unidos cuando se disparen los precios de la energía, lo cual obligaría en la práctica a los presidentes a rogarle a la OPEP que produzca más petróleo. Y les da una mayor influencia a los países productores de petróleo sobre Estados Unidos.(Photo by STR/NurPhoto via Getty Images)

Aumento de producción

Saudi Aramco, el principal productor de petróleo en el mundo, ha anunciado que planea aumentar al menos 1 millón de barriles al día a la capacidad de producción de petróleo para llegar a 13 millones en 2030. Este año, Aramco aumentó 8000 millones de dólares a su inversión en exploración y producción, para alcanzar un total de 35.000 millones de dólares.

“Estamos capitalizando la oportunidad”, les comentó hace poco el director ejecutivo de Aramco, Amin Nasser, a analistas financieros. “Por supuesto que estamos intentando beneficiarnos de la falta de inversiones por parte de los actores importantes en el mercado”.

Las empresas petroleras estatales en Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Irak, Libia, Argentina, Colombia y Brasil también están planeando aumentar la producción. Según los expertos en energía, si los precios del petróleo y el gas natural permanecen altos o aumentan, más naciones productoras de petróleo se sentirán tentadas a incrementar el suministro.

Vulnerabilidad a la vista

En 2040, la participación en el mercado mundial del petróleo de las 23 naciones que pertenecen a la OPEP Plus, un grupo que dominan las empresas petroleras de algunos Estados de la OPEP y países aliados como Rusia y México, crecerá de un 55 por ciento a un 75 por ciento, según Michael Lynch, presidente de Strategic Energy and Economic Research en Amherst, Massachusetts, y asesor ocasional de la OPEP.

Si ese pronóstico se cumple, Estados Unidos y Europa podrían volverse más vulnerables a la agitación política de esos países y a los caprichos de sus gobernantes. Algunos líderes y analistas europeos han argüido desde hace tiempo que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, utiliza las inmensas reservas de gas natural de su país como garrote, una queja que se volvió a mencionar hace poco debido a que los precios del gas europeo han alcanzado máximos históricos.

Otros productores de gas y petróleo como Irak, Libia y Nigeria son inestables y su producción puede aumentar o caer con rapidez según quién esté en el poder y quién intente hacerse del poder.

“Con la adopción de una estrategia para producir menos petróleo, las empresas petroleras de Occidente les cederán el control del suministro a empresas nacionales de petróleo en países que podrían ser socios comerciales menos confiables y tener regulaciones ambientales más débiles”, comentó Lynch.

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Depender de la OPEP

Depender en exceso del petróleo extranjero puede ser problemático porque puede limitar las opciones de los formuladores de política de Estados Unidos cuando se disparen los precios de la energía, lo cual obligaría en la práctica a los presidentes a rogarle a la OPEP que produzca más petróleo. Y les da una mayor influencia a los países productores de petróleo sobre Estados Unidos.

“Ahora que las empresas estadounidenses de esquisto no responderán con inversiones frente a los precios más altos por razones económicas, dependemos de la OPEP, ya sea que esté dispuesta a liberar la producción de reservas o no”, comentó David Goldwyn, un alto funcionario de energía en el Departamento de Estado del gobierno de Obama. Goldwyn comparó el momento actual con el de 2000, cuando el secretario de Energía, Bill Richardson, “le dio la vuelta al mundo para pedirles a los países de la OPEP que liberaran la capacidad de reserva a fin de aligerar la presión de los precios”.

Esta vez, las empresas energéticas propiedad del Estado no solo buscan producir más petróleo en sus territorios, sino que muchas se están expandiendo al extranjero.

En meses recientes, Qatar Energy invirtió en varios yacimientos costeros de África, mientras que la empresa nacional de gas de Rumania le compró un bloque de producción costero a Exxon Mobil. Según los expertos en energía, si las empresas occidentales siguen vendiendo reservas contaminantes como arenas bituminosas de Canadá, se puede esperar que las empresas estatales intervengan.

“Hay muchas frutas maduras que pueden recoger las empresas nacionales”, comentó Raoul Le Blanc, un analista petrolero en IHS Markit, una firma de consultoría e investigación. “Es una oportunidad inmensa para que se conviertan en actores internacionales”.

© 2021 The New York Times Company

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