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La moda del glamping, ecología y turismo de lujo, adquiere nuevos bríos en tiempos de Covid-19

Ivette Leyva
·6  min de lectura
Picture of tents in camp during the sunset
El glamping, una modalidad de alojamiento en la naturaleza para gustos exquisitos. Foto: Getty.

Lejos de los hoteles y los resorts de lujo, en medio de la espesura de un bosque, se erigen unas pocas cabañas de madera clara. Afuera se escucha el movimiento de las ramas de los árboles con el viento y el canto de las aves; adentro la comodidad, la iluminación y las condiciones son las mejores que se puedan imaginar.

Es el glamping, una modalidad de alojamiento turístico que se ha instaurado en varios puntos de Europa y Estados Unidos en los últimos años y para deleite de los gustos más exquisitos.

Concebido como un hermanamiento entre los términos “glamour” y “camping”, el glamping fue acuñado por primera vez en Estados Unidos en 2005, cuando varios emprendedores idearon salirse del concepto clásico de camping rústico y básico, para empezar a ofertar un entorno más trabajado y servicios de mucha más calidad.

Ya antes de la actual pandemia, el glamping era una tendencia de viaje que iba en aumento, sobre la que los expertos pronosticaron que se convertiría en una industria de mil millones de dólares para 2024.

En estos últimos tiempos, la preocupación masiva por las actividades en sitios cerrados y la cancelación del turismo tradicional han hecho que el glamping experimente un incremento de la atención y que las agencias que lo gestionan constaten un aumento en la demanda.

"Estamos viendo mucho interés de los grupos pequeños con todo lo que ha sucedido", dijo a The Washington Post recientemente Josh Lesnick, presidente y director de operaciones de Collective Retreats, una compañía de glamping de lujo con ubicaciones en Nueva York, Colorado, Texas y Montana. "Estamos viendo una tremenda presión en torno a bodas y fugas porque todo el mercado de bodas se ha visto afectado".

A lo largo y ancho de este enorme país, los turistas más exquisitos que, a la vez, se consideran reales amantes y protectores de la naturaleza, pueden alojarse en Camp Comfort, en Texas, que consta de cuatro habitaciones y dos cabañas, un patio de fogatas comunitarias y un salón social con mesas y sillas, así como una cafetería.

En Waterbury, en Vermont, ubicado sobre 86 acres aislados en las Montañas Verdes, el Moose Meadow Lodge ofrece la experiencia de pernoctar en una cabaña estilo Adirondack por excelencia, con cuatro habitaciones de lujo y hasta una casa construida encima de un árbol. A partir de este punto se puede hacer esquí, senderismo, ciclismo, caza y pesca.

Luego en Wyoming, exactamente en Jackson Hole, encontramos el Fireside Resort, un lodge de lujo con 25 cabañas, cocina propia, terraza privada amueblada y estufa. En los alrededores los turistas pueden hacer rafting y equitación en verano, así como esquí y snowboard en invierno.

Pero, como decíamos, el glamping también llegó a cruzar el Atlántico. De acuerdo con un reporte del diario español La Vanguardia, estos fotogénicos establecimientos pueden estar localizados en las proximidades de una playa semisalvaje, en el interior de un bosque de coníferas e incluso a varios pies de altura, en lo alto de un frondoso árbol.

Especialmente en España, un territorio dominado por varios tipos de climas, este tipo de instalaciones se han convertido en “una alternativa sostenible para reencontrarse con la naturaleza”.

“Nosotros ponemos el bosque. La historia la decides tú”, es el eslogan que define la actividad de Basoa Suites, una red de cabañas ubicadas en el Valle de Ultzama, en Navarra, a varios kilómetros de la ciudad de Pamplona.

Construidas a base de roble, castaño y alerce, las seis cabañas que componen este hotel rural de lujo se convierten en el emplazamiento ideal para respirar aire puro, emprender interesantes caminatas por la naturaleza y descansar del lado más intenso del mundo urbano.

“Para nosotros es más una experiencia que un alojamiento en sentido estricto”, asegura Leire Iribarren, la responsable del hotel. Además de propiciar un entorno acogedor para los visitantes, su objetivo es preservar el medio ambiente.

No muy lejos de ahí, pero en el País Vasco, varios emprendedores han construido el hotel Cabañas en los árboles, completamente comprometido con el respeto del entorno y la promoción del turismo responsable.

Según el reportaje, hasta las flores frescas que decoran las habitaciones y las cestas con las que le alcanzan el desayuno a los huéspedes forman parte de una filosofía ecológica y un cuidado estricto de lo natural.

En una playa de la costa catalana encontramos El Garrofer. Esta especie de camping de lujo enclavado en la localidad de Sitges, de cara al Mediterráneo, exhibe ya sea unas cabañas estilo Domo, con techo transparente, como otra llamada Osa Menor, de forma triangular, varios lofts privados y discretos o una tienda tipo safari Orión, con capacidad para seis personas.

Además, está Otro Mundo, un ecocamping instalado en la Sierra del Segura, en Albacete. Luego de una noche con todo el confort que sea posible, los huéspedes pueden aprovechar el paisaje para hacer senderismo y barranquismo, además de visitar las pinturas rupestres que han pervivido desde hace siglos en la región.

Por último, en el Solsonès, al pie de los Pirineos, quedan los únicos cuatro alojamientos que constituyen el proyecto Forest Days Glamping, un sitio ideal para descansar y meditar sobre nuestra pequeñez con respecto a la naturaleza y nuestro deber de protegerla a toda hora.

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