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Greg Glassman, el hombre que se hizo rico con el crossfit y lo perdió todo con un tuit

Greg Glassman, fundador de CrossFit. Foto: Youtube CrossFit
Greg Glassman, fundador de CrossFit. Foto: Youtube CrossFit (Youtube: CrossFit)

Greg Glassman no es un recién llegado a las primeras filas del emprendimiento mundial, como tampoco lo es el imperio que ha fraguado. De su mente prodigiosa surgió la idea de un nuevo y revolucionario método de entrenamiento que, no solo practican miles de personas alrededor del planeta, sino que se ha convertido en una marca multimillonaria que reporta cientos de miles de dólares al año. Hablamos del crossfit.

Glassman nació en San Diego, California, en 1956, aunque se crio en un suburbio de Los Ángeles. Durante su infancia y adolescencia sufrió de problemas de movilidad por una polio no diagnosticada cuando apenas tenía 10 meses de vida que le obligó a llevar un andador y pasar por diferentes centros de rehabilitación para recuperarse. Este episodio traumático en su vida fue el punto de partida para que, con apenas 16 años, desarrollara en el garaje de su casa una serie de entrenamientos de alta intensidad para estimular el movimiento y el desarrollo de los músculos y articulaciones. En otras palabras: para consolidar las bases de lo que, para su sorpresa, se convertiría en uno de los negocios del ‘fitness’ más rentables de los últimos tiempos.

Pronto abrió su primer gimnasio en Santa Cruz, California. Greg tenía apenas 18 años y acababa de dejar la universidad. Ahí comenzó a implementar sus conocimientos en diferentes tipologías de personas y necesidades físicas propias para ejercitarse. Su método era tan exigente y completo que empezó a usarse en la preparación física de policías, marinos, bomberos y militares estadounidenses. La gran acogida que experimentó el crossfit por parte de estos sectores y diferentes deportistas fue el detonante para la fundación de una marca propia: CrossFit Inc. La empresa, que estableció mano a mano con la que por aquel entonces era su mujer, Lauren Jenai, fue adquiriendo un éxito sin precedentes a partir de 2005, cuando se extendió a Seattle y el resto es historia.

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A día de hoy ningún gimnasio puede emplear el nombre ni las técnicas de entrenamiento que se le asocian al crossfit sin pagar su correspondiente cuota que le acredita como franquicia. En 2020, el número de ‘box’ (como se llaman los recintos donde se practica) alcanzaba los 15.000 en todo el mundo. Se estima que el negocio que fundó Greg Glassman genera 150 millones de dólares al año. Un tercio de estas ganancias provienen exclusivamente de la venta de licencias a nuevos boxes afiliados.

Pero ¿qué tiene esta disciplina para haber convencido a tantas personas? Básicamente, que permite adaptar todos los movimientos al nivel físico de cada participante. El crossfit combina movimientos de diferentes disciplinas, entre ellos la halterofilia, la gimnasia y el entrenamiento funcional. Una clase normal de crossfit se divide en tres partes bien definidas: calentamiento, técnica o fuerza y el WOD. Esto último se corresponde con ‘work of the day’, que en castellano significa ‘trabajo del día’. Consiste en completar un programa de ejercidos de alta intensidad y sus correspondientes repeticiones en un tiempo determinado, normalmente, corto.

El crossfit combina movimientos de la halterofilia, la gimnasia y el entrenamiento funcional. Foto: Getty Creative
El crossfit combina movimientos de la halterofilia, la gimnasia y el entrenamiento funcional. Foto: Getty Creative (MoMo Productions via Getty Images)

El idílico mundo del multimillonario ‘fit’ estalló por los aires en 2020. Nada es para siempre, dice el refrán... Aunque no tendría por qué haber sido así si el empresario se hubiera guardado para sí mismo sus opiniones no pedidas y su evidente racismo. Dos décadas después de fundar su lucrativo negocio, Greg Glassman se vio obligado a dimitir de su cargo como presidente tras publicar un polémico tuit de apenas dos palabras: “It’s Floyd-19”. Dos palabras con las que daba a entender que la mayor pandemia de aquel año no había sido el Covid-19, sino la lucha de la comunidad negra por el reconocimiento de sus derechos. Sus palabras coincidieron, además, con la ola antirracista que se extendía imparable por Estados Unidos tras el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía.

Su escueto mensaje generó la ira de cientos de usuarios en redes y más de un centenar de gimnasios cancelaron su afiliación. La renuncia de Greg Glassman no fue suficiente para calmar los ánimos y, apenas unos días después, vendió CrossFit Inc. a Eric Roza, otro emprendedor, este de Silicon Valley, y atleta profesional de su método. De algún modo, el delfín destronó al maestro que ya no publica absolutamente nada en Twitter.

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