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La vuelta de los vuelos supersónicos comerciales, muy cerca de hacerse realidad

Pablo Scarpellini. Los Angeles

En una era tecnológica en la que todo parece factible, ha entrado en ese menú de progreso futurista la opción de reducir de forma considerable el tiempo de vuelo entre dos puntos. Durante 27 años fue posible gracias a una maravilla mecánica como el Concorde, capaz de cubrir la distancia entre París y Nueva York en tan solo 3 horas y media, pero terminó siendo carne de hangar por ser un lujo económicamente insostenible.

Ahora existe una compañía estadounidense que se ha propuesto cubrir ese vacío. Se llama Boom, una “start up” con sede en Colorado que lleva tiempo en el proceso de construir aviones supersónicos más rápidos que el propio Concorde y por una cuarta parte del precio. Volaría a más de 2.300 kilómetros por hora, es decir, 2,6 veces más rápido que cualquier otra aerolínea comercial.

Uno de los modelos de avión supersónico que está desarrollando Boom. Foto: cortesía de la compañía Boom.

Su objetivo es revolucionar la industria de la aviación con aparatos de tres motores —para reducir el ruido del despegue— y una cabina para 55 pasajeros capaz de volar entre Londres y Nueva York en 3,4 horas. O hacer un Los Angeles-Sydney en 6 horas, el sueño de millones de pasajeros que en muchas ocasiones no viajan por la paliza de pasar horas y horas metidos en un avión.

Semejante ambición ya tiene fecha: 2023. Y la apuesta va mucho más allá de la simple utopía. De momento cinco aerolíneas ya han realizado pedidos, 76 aviones en total. Virgin es la única que ha reconocido que está en esa lista, parte de una vieja ambición de su fundador, Sir Richard Branson, que aún conserva una maqueta del Concorde en su despacho.

Proyecto ambicioso

“Las aerolíneas están emocionadas frente a algo nuevo y diferente que ofrecer a sus pasajeros y nosotros estamos emocionados por el hecho de que grandes aerolíneas compartan nuestra visión de un futuro de viajes supersónicos más rápidos y accesibles”, indicó Blake Scholl, presidente de Boom, en una conferencia aeronaútica en París el pasado mes de junio.

School dice que su proyecto se basa en importantes inversiones de capital y en “decenas de millones de dólares” depositados por las aerolíneas que ya han reservado uno de sus aparatos. Cada uno de ellos costará unos 200 millones de dólares, trabajando junto a General Electric (GE), Honeywell (HON), Tencate y Stratasys (SSYS) en su construcción.

Eli Dourado, portavoz de Boom, explica a Yahoo Finanzas que la iniciativa surgió de la mente de Scholl. “Es un piloto y un ávido viajero que nunca consiguió volar en el Concorde”.

La intención de Scholl es revolucionar la industria, aunque es consciente de que todavía debe pasar mucho tiempo hasta que se produzcan aviones en masa para abaratar los costes y hacer posible vuelos supersónicos a precios populares. Con el tamaño de nave en el que están trabajando actualmente, “el avión de Boom será viable para cubrir unas 500 rutas, capaz de lograr grandes economías escala”, apunta Dourado.

Varios empleados trabajan en el túnel del viento con una maqueta de uno de los aviones supersónicos que está desarrollando Boom. Foto: cortesía de la compañía Boom.

Precio de los billetes

De momento los pasajes costarán unos 5.000 dólares frente a los 20.000 que suponía un asiento en un vuelo del Concorde. Boom quiere que la experiencia para sus pasajeros sea igual o mejor que la de aquellos maravillosos aparatos.

Su opción es moderna, elegante y lujosa. Cada asiento tiene acceso a ventana y pasillo, con una pantalla táctil moderna para disfrutar de entretenimiento y lo necesario para trabajar o relajarse abordo de sus aparatos. No habrá, eso sí, ni asientos con cama de primera clase, ni duchas o bares a los que están acostumbrados los altos ejecutivos.

Volarán a 60.000 pies de altura, muy por encima de los vuelos comerciales tradicionales donde apenas se sienten las turbulencias, y con la misma seguridad que los vuelos actuales. Romper la barrera del sonido no supondrá un problema puesto que ni se escucha ni se siente. De hecho, recuerdan que en el Concorde ese hito se celebraba con una copa de champán. De lo contrario, el pasajero ni se enteraba.

Los modelos de avión supersónico que está desarrollando Boom. Foto: cortesía de la compañía Boom.

Falta de evolución en el sector

Boom se está presentando al mundo como una reacción a una suerte de estancamiento en los vuelos supersónicos. “En los últimos 40 años no solamente hemos fracasado en generar un mayor progreso en una aumentar la velocidad, sino que hemos perdido capacidad supersónica”, asegura la empresa como parte de su filosofía, argumentando que este paso atrás ha llevado a muchos a quedarse en casa por no poder permitirse tiempos tan prolongados de vuelo.

Alejandro Galioto, dueño de una compañía de seguros de aviación con sede en Los Angeles, True-Course Aviation, coincide. “El tema de los vuelos supersónicos es algo que debería haber vuelto hace mucho tiempo. Teníamos la tecnología pero no tenía sentido económico”, asegura.

Galioto tilda la pérdida del Concorde de “un día triste para la aviación” y cree que “murió” por falta de demanda. “A la gente lo que le importa hoy en día es viajar con su familia a Europa, no el tiempo que tarde en llegar. Pero la propuesta de Boom me parece increíble porque va a llenar un nicho de mercado”.

Para el Wall Street Journal, sin embargo, se trata de un proyecto incierto puesto que deberá enfrentar numerosas trabas por parte de los reguladores aéreos en términos de seguridad.

Al final, las órdenes de las aerolíneas puede que pesen más que los trámites burocráticos y que los aviones supersónicos para pasajeros vuelvan a ser una realidad.

@pscarpe