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Las viviendas frente al agua comienzan a depreciarse y sólo hay un culpable

En el sector inmobiliario, pocas frases son tan valiosas como “frente al agua”. Desde hace mucho tiempo, las propiedades con vistas a lagos, ríos, o el mar han sido las más cotizadas en buena parte del mundo.

Pero eso ha comenzado a cambiar, al menos en Estados Unidos y, como buen recordatorio, tenemos al huracán Michael amenazando varios estados en la costa del Golfo de México.

Vivienda frente al mar en Estados Unidos. (AP Photo/Elaine Thompson)

En 2005, un estudio de la web Zillow determinó que el valor promedio de las propiedades frente al mar era un 64% mayor que el valor promedio de todas las casas. En la cima de la burbuja de viviendas unifamiliares en marzo de 2007, esa cifra alcanzó el 143%.

Sin embargo, a partir de ese momento las cosas comenzaron a cambiar gradualmente. En 2014, ya las viviendas frente al agua valían poco más del 50% de las viviendas en general. Y esa correlación sigue descendiendo. El responsable es claro: el cambio climático.

Esto se deben, sin duda, a huracanes tormentas como Michael, Katrina (2005), Florence (2018) y Harvey (2017) que ilustran el impacto en la vida real del cambio climático.

Las casas construidas sobre bancos de arena, y en islotes como los Outer Banks de Carolina del Norte -devastadas por Florence- son especialmente vulnerables.

Previsiones de las aseguradoras

El Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, un grupo de defensa del medio ambiente, descubrió recientemente que el programa de seguro contra inundaciones de FEMA había pagado 5.500 millones de dólares desde 1978 hasta 2015 para reparar y reconstruir más de 30.000 propiedades que se habían inundado más de una vez. Las reclamaciones por esas residencias y negocios se presentaron un promedio de cinco veces… por cada una.

El informe del grupo estimó que la cantidad de “propiedades de pérdida repetitiva severa” podría aumentar a 820.000 si el nivel del mar costero aumentara tres pies para fines de siglo.

Áreas costeras desde Maine, Boston, Filadelfia y hasta Miami están experimentando niveles cada vez más altos de agua y frecuentes penetraciones costeras, que incluso sin tormentas tropicales, dañan las propiedades.

Los desarrolladores de bienes raíces conocen los riesgos, pero en un negocio dominado por la demanda, mientras la gente siga pagando altos precios por propiedades cerca del agua, se seguirán construyendo.

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