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La fascinante historia de uno de los diamantes más grandes del mundo que acabó fraccionado en 22 piezas

Réplica de las piezas en las que se fragmentó el diamante Excelsior. Foto: Getty Creative
Réplica de las piezas en las que se fragmentó el diamante Excelsior. Foto: Getty Creative (DiamondGalaxy via Getty Images)

Soñar con tener un diamante es algo que se nos escapa a la mayoría de los mortales, más si se trata de uno de los de mayor tamaño jamás encontrados, como sucede con el Excelsior. Una pieza única aunque es justo señalar que ya no existe. O no existe como tal, en su forma original. Cantaba la gran Marilyn Monroe que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres. Se olvidó subrayar que solo si te lo puedes permitir y, añado, para quien es propenso al lujo desmedido.

El diamante Excelsior fue considerado el más grande y valioso del mundo hasta que fue relegado por el Cullinan en 1905. Este último, también conocido como la estrella de África, sigue ocupando el puesto número uno en el 'ranking': el ser humano nunca se ha topado con un diamante de dimensiones tan vastas como el Cullinan. Fue obsequiado al al rey Eduardo VII de Inglaterra y cortado bajo sus órdenes en 150 piezas perfectas. En la actualidad, las nueve más grandes pertenecen a la corona real británica y engalanan diferentes joyas icónicas de su propiedad, como el Cetro de la Cruz o la Corona del imperio, que se conserva en el Museo de la Torre de Londres..

Volviendo a la piedra preciosa que nos atañe fue descubierta el 30 de junio de 1893 en la mina sudafricana de Jagersfontein, por un trabajador que, consciente o no de lo que tenía entre manos, se lo entregó directamente al gerente del yacimiento. Este en agradecimiento le agasajó con un caballo y unas 500 libras esterlinas, la divisa de la Unión Sudafricana desde su creación bajo dominio británico. Una cantidad nada despreciable para un ‘proletario’ de poca monta, pero una cifra miserable teniendo en cuenta su valor real en el mercado. La gran pieza pronto llamó la atención por su color blanco azulado y sus 995,2 quilates (un quilate equivale a 0,2 gramos). Fue trasladado inmediatamente a las oficinas de la Messrs Wernher, Beit and Company, en Londres, perteneciente al sindicato de compra de diamantes. Su paso por la capital inglesa pasó desapercibido, intencionalmente o no es todo un misterio. Tanto es así que ningún periódico de renombre de la época se hizo eco del hallazgo y posterior desembarco en la isla. La compañía aseguró la piedra preciosa por 16.250 libras, aunque su intención inicial era fijar esa cantidad en 40.000.

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Por motivos que todavía se desconocen, el Excelsior nunca encontró comprador. En 1895, la mina de Jagersfontein vio emerger otro diamante de dimensiones descomunales, el Reitz, aunque menos imponente que el primero. De “solo” 650,8 quilates, el renombrado Diamante del Jubileo, obsequiado a la Reina Victoria con motivo de la celebración de su 16º aniversario de reinado, eclipsó al Excelsior. Se cree que el motivo de este desplazamiento tiene que ver con sus dimensiones y su calidad extraordinaria. Era tal su superioridad que ningún comprador estaba en condiciones de adquirirlo para ningún fin “lógico”. Sea como fuere, la pieza fue trasladada a Ámsterdam, a la Royal Asscher Diamond Company, donde en 1903 fue desmembrada en 22 piezas. De acuerdo con varias fuentes, la decisión de cortar la piedra no fue avalada por todos los entendidos en la materia, entre ellos el responsable del sindicato de diamantes De Beers quien aseguró que se trataba de “la mayor tragedia en la historia moderna de los diamantes famosos”.

Las gemas Excelsior se vendieron por separado, aunque el destino de alguna de ellas es, a día de hoy, uno de los misterios más extendidos de la historia de las piedras preciosas. Se sabe que varios diamantes fueron adquiridos por la prestigiosa Tiffany & Co. para engalanar varias de sus joyas más exclusivas. El Excelsior I, la pieza resultante más grande después de cortar el original, estuvo en manos de una familia estadounidense hasta que Laurence Graff, fundador de Graff Diamonds, lo compró. El diamante reapareció en mayo de 1996 en una subasta, donde fue adquirido por el presidente de la Joyería Mouawad, el multimillonario libanes Robert Mouawad, por la astronómica cifra de 2,6 millones de dólares.

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