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El negocio de los eructos: los científicos detectan ganancias en las emisiones de las vacas

Adam Satariano
Ganado desayunando en la granja Brades en Lancaster, Inglaterra, el 6 de marzo de 2020. (Andrew Testa/The New York Times)

LANCASTER, Inglaterra — Peaches, una vaca Jersey color café con blanco que pesa 544 kilogramos, estaba siguiendo a Edward Towers de manera amistosa por un establo una mañana soleada de marzo cuando el animal de 6 años metió sus pezuñas delanteras en la tierra.

Towers, un granjero de 28 años cuya familia es propietaria de Brades Farm, cerca del escarpado Distrito de los Lagos del Reino Unido, le dio un delicado manotazo a Peaches para que siguiera adelante. Pero ella no se movió. Lleno de lodo tras pasar toda la mañana pastoreando cientos de vacas para una sesión de ordeño, Towers recargó todo su peso en la amplia parte trasera de Peaches, hasta que la vaca finalmente atravesó un portón de metal donde su cabeza quedaría inmóvil para poder realizarle un examen.

Deepashree Kand, una científica que estudia la nutrición animal, se acercó con un dispositivo casi del tamaño de un lector de código de barras de supermercado. Mientras se escuchaba “Changes” de David Bowie en un radio, Kand apuntó a la fosa nasal de la vaca con un láser verde y esperó a que Peaches eructara.

El metano emitido por las vacas, una preocupación

El empleador de Kand, una compañía suiza llamada Mootral, está analizando si una dieta alterada puede hacer que el ganado eructe y despida en sus flatulencias menos metano, uno de los gases de efecto invernadero más nocivos, además de uno de los principales factores causantes del cambio climático. Si fueran un país, las vacas serían el sexto emisor más grande del mundo, por encima de Brasil, Japón y Alemania, de acuerdo con datos recopilados por Rhodium Group, una firma de investigación.

Es un problema muy conocido que ha tenido pocas soluciones prometedoras. Sin embargo, en los últimos cinco años, algunas compañías y científicos han estado acercándose a lo que sería un avance ecológico y financiero: un producto comestible que cambiaría la química digestiva de las vacas y reduciría sus emisiones de metano.

Varias compañías están probando un compuesto a base de hierba marina, y una firma neerlandesa, DSM, está haciendo pruebas con un suplemento químico que ha dado resultados prometedores. Mootral es una de las compañías que más ha avanzado en este ámbito. Al mezclar compuestos a base de ajo, cítricos y otros aditivos en un comprimido que se combina con la dieta normal de la vaca, la empresa emergente ha sorprendido a los científicos con una reducción importante y constante de las emisiones tóxicas de animales como Peaches.

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Un dispositivo que utiliza un láser mide el eructo de metano de Peaches, la vaca de la granja Brades en Lancaster, Inglaterra, el 6 de marzo de 2020. El empleador de Kand, una compañía suiza llamada Mootral, está estudiando si una dieta alterada puede hacer que las flatulencias del ganado emitan menos metano, uno de los gases de efecto invernadero más dañinos y uno de los principales contribuyentes al cambio climático. (Andrew Testa / The New York Times)

En Brades Farm, Kand sostenía firmemente su láser. Los cambios en el haz de luz medirían el metano en los eructos de Peaches, que producía una vez cada cuatro minutos aproximadamente. Poco después, hubo una sutil flexión en el cuello de la vaca, y el dispositivo de Kand emitió algunas lecturas: de 32 a 38 partes por millón.

“Eso es bueno”, dijo Kand. “Una reducción de casi el 30 por ciento”.

La reducción coincidía con los hallazgos de varios estudios arbitrados del suplemento alimenticio de Mootral. Se están llevando a cabo pruebas adicionales en Estados Unidos y Europa. El producto se está probando en granjas de leche y carne, incluyendo una granja neerlandesa que usa McDonald’s para estudiar nuevas técnicas en su cadena de suministro. El capitalista de riesgo Chris Sacca, quien se convirtió en multimillonario apostándole de manera temprana a Uber y Twitter, ha invertido en este proyecto.

Aún hay muchas preguntas acerca de la viabilidad. Mootral debe demostrar que sus productos funcionan con distintas razas de vacas en diferentes climas. Ha tenido éxito en zonas con clima templado, como el norte de Europa, pero ahora está llevando a cabo experimentos en lugares más cálidos.

Lo más urgente es que la compañía encuentre su lugar en la economía del coronavirus. Una ronda de inversiones que estaba programada para terminar en marzo se vino abajo debido a la crisis. El modelo de negocios de la empresa emergente depende de convencer a las compañías de ganado y lácteos, que por lo general son conservadoras, de que recibirán créditos que pueden vender en el mercado impredecible y en gran medida sin regulaciones de la compensación de carbono por usar lo que básicamente es simeticona para vacas.

Sin embargo, si Mootral o uno de sus competidores pueden soportar los desafíos de la era del coronavirus y mantenerse a escala, el resultado podría ser una de las maneras más veloces y sencillas de reducir una gran fuente de emisiones de gas de efecto invernadero.

“Para ser honesto, es algo que jamás esperé”, dijo Gerhard Breves, investigador en materia de ganado desde hace tiempo en Alemania quien también realizó una de las primeras pruebas independientes del producto de Mootral y ahora es miembro no remunerado de su junta consultiva.

‘Una amenaza existencial’

Las vacas son un milagro digestivo. Dentro de su estómago se encuentra un entorno libre de oxígeno con una temperatura estable, similar a los tanques de fermentación utilizados para fabricar cerveza. Los microbios descomponen y fermentan materiales como la celulosa, el almidón y los azúcares. Las vacas pueden comer casi cualquier cosa —pasto, paja, tallos de maíz, colza— y convertirla en energía para producir leche y carne.

“Podrían vivir comiendo madera”, dijo el director de Ciencias en Mootral, Oliver Riede, un biólogo molecular que comenzó su carrera estudiando vacunas y el manejo de infecciones.

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Daniel Neef en el laboratorio de investigación principal de Mootral en Abergavenny, Gales, el 5 de marzo de 2020. El trabajo se realiza en un ambiente libre de oxígeno que replica el estómago de una vaca. (Andrew Testa / The New York Times)

No obstante, así como una rebanada de pizza a la medianoche puede tener un costo gaseoso, el sistema digestivo de las vacas tiene una manera de contraatacar. El metano es un subproducto principal de las enzimas que ayudan a desintegrar los alimentos. El gas no puede convertirse en energía, así que, cuando se acumula, la vaca debe eructar, lo cual envía pequeñas nubes de contaminación a la atmósfera. (También se libera una pequeña cantidad a través de las flatulencias). Hasta el doce por ciento de la ingesta energética de una vaca proveniente de los alimentos se pierde de esa manera.

Hay alrededor de 1400 millones de bovinos en todo el mundo, y cada uno emite el equivalente de 1,5 a 2,5 toneladas métricas de dióxido de carbono cada año, aproximadamente la mitad de las emisiones de un auto estadounidense promedio.

Conforme la conciencia sobre el impacto medioambiental del ganado ha llegado a la cultura dominante, gracias a campañas mediáticas convincentes difundidas por ambientalistas y documentales de Netflix, las industrias cárnicas y lácteas han sentido los efectos. Las ventas de leches alternativas y sustitutos de carne han aumentado. El vegetarianismo y el veganismo se han propagado.

“Esta es una amenaza existencial”, comentó Joe Towers, hermano mayor de Edward Towers, quien también trabaja en Brades Farm. “Los granjeros quieren mejorar y demostrar que no son los villanos de la historia”.

‘¿Quieres olerlo? Huele a pedo’

El principal laboratorio de investigación de Mootral está en el fondo de un valle frondoso, en una antigua región de extracción de carbón de Gales. El trabajo de la compañía con las vacas data de 2010, cuando un grupo de investigadores participó en una iniciativa de investigación de la Unión Europea para explorar maneras de reducir el metano del ganado.

El equipo, que trabaja para una compañía llamada Neem Biotech, había estudiado las propiedades antimicrobianas del ajo en los humanos. En las pruebas de laboratorio, los científicos hallaron que también reducía el metano en las vacas gracias a la alicina, el mismo compuesto de olor fuerte que se produce cuando se corta el diente de un ajo con un cuchillo. No obstante, la empresa era pequeña y no veía una justificación económica para el hallazgo, así que el trabajo no pasó de ahí.

En 2012, Neem fue vendida a una compañía de ciencias biológicas, Zaluvida, que desarrollaba suplementos dietéticos y para alergias de venta libre. Un producto, derivado de compuestos encontrados en los nopales, le daba a la gente la sensación de estar llenos. Otros ayudaban con la digestión.

Pienso desarrollado por Mootra, una compañía que está estudiando si una dieta alterada puede hacer que el ganado emita menos metano, uno de los gases de efecto invernadero más dañinos y principal contribuyente al cambio climático. (Andrew Testa / The New York Times)

Thomas Hafner, fundador de Zaluvida, adquirió Neem con la intención de desarrollar medicamentos para personas, pero durante una revisión de investigaciones previas, un colega halló el trabajo en torno al metano en un archivo de computadora llamado “Mootral”. Explicaba cómo la alicina interactuaba con microbios dentro del estómago de una vaca.

La alicina es volátil, y el equipo en un principio tuvo problemas para idear una mezcla uniforme que funcionara con todos los integrantes de un hato de ganado. En el laboratorio, los investigadores utilizaron bacterias del estómago de ovejas —miembros, al igual que las vacas, de la familia de los rumiantes— para saber cómo cambiarían los niveles de metano con ciertas combinaciones.

Aún están ajustando la fórmula. Cada tantas semanas, Daniel Neef, bioquímico, viaja a una carnicería cercana en Gales para comprar un estómago de oveja recién sacrificada. Lo abre para extraer una bola húmeda y enredada de pasto y otros piensos. Filtra la sustancia con una estopilla para extraer un líquido que pone en jarras para leche de vidrio, lo cual da como resultado un líquido que parece una bebida vegetal verde que vendería Whole Foods.

“¿Quieren olerlo?”, preguntó Neef un día en el laboratorio de Mootral mientras abría la tapa. “Huele a pedo”.

El jugo estaba lleno de montones de distintos tipos de bacterias, que interactúan de maneras que no entendemos por completo. En un momento dado, los científicos de Mootral mejoraron los resultados añadiendo pequeñas cantidades de cítricos de naranjas españolas. Los nuevos aditivos como la hierba marina y otros tipos de ajos se están poniendo a prueba.

Los beneficios del aliento a ajo

Mootral arrienda tierras de cultivo en las provincias chinas de Gansu y Shandong, donde jornaleros recogen el ajo, para después embolsarlo y almacenarlo. Se pela, se seca y se muele hasta obtener un polvo fino en una planta china antes de ser enviado en tren a Alemania y transportado en camión a Gales, donde se mezcla con otros extractos alimenticios. La empresa instaló recientemente una ducha en la planta para que el personal no tenga que volver a casa apestando a ajo.

En 2017, Mootral tuvo la suficiente seguridad en su trabajo como para pedir a científicos externos que realizaran sus propias pruebas. Ese año, investigadores de Dinamarca y Alemania publicaron hallazgos que indicaban que la compañía había reducido las emisiones de metano de las vacas en más de un 50 por ciento en simulaciones de laboratorio. En las primeras pruebas de Mootral con vacas lecheras en Brades, una granja en pleno funcionamiento, las emisiones de metano se redujeron un 38 por ciento. Un estudio de California halló una reducción de casi el 20 por ciento en el ganado para carne.

Deepashree Kand, una científica que estudia la nutrición animal, mide los niveles de metano en los eructos de las vacas en la granja Brades en Lancaster, Inglaterra, el 6 de marzo de 2020. (Andrew Testa/The New York Times)

Hay dieciséis pruebas y estudios programados para cuando se levanten los paros laborales causados por el coronavirus, incluyendo en la Universidad Purdue y en la Universidad de California, campus Davis, dijo Hafner. Los gobiernos suizo e irlandés están financiando la investigación de Mootral. En una de las técnicas de prueba, la vaca se coloca dentro de una carpa —parecida a las que albergan a los jugadores profesionales de fútbol cuando se lesionan— que está equipada con sensores de detección de metano.

Ha habido resultados inesperados. Los investigadores han mostrado un aumento en la producción de leche, posiblemente debido a que las vacas que gastan menos energía expulsando metano producen más lácteos. Los granjeros de Brades dijeron que las moscas no molestaban tanto a sus vacas, quizás como resultado del aliento a ajo.

“Yo era escéptico cuando empezamos”, dijo Breves, director del Instituto Fisiológico de la Universidad Veterinaria de Hannover, que ha pasado tres décadas estudiando la biología y las emisiones del ganado. “No recuerdo ningún otro compuesto que haya tenido un efecto tan pronunciado y significativo sin ningún efecto negativo”.

Muchos científicos necesitan más pruebas para quedar convencidos. Hanne Hansen, que realizó una de las primeras pruebas de laboratorio en Mootral y es profesora adjunta del departamento de veterinaria y ciencias animales de la Universidad de Copenhague, dijo que se necesitaban más investigaciones publicadas para probar que el aditivo alimenticio funcionaría en diferentes razas y en varios climas. Gran parte de la investigación, dijo, se ha realizado en laboratorios que solo simulan la química de una vaca. Mootral tampoco se ha probado en vacas de grandes granjas industriales, como las de Estados Unidos, que son conocidos focos de emisiones de metano.

“Lo que sucede en el laboratorio no es siempre lo que sucede en la vida real”, dijo Hansen. “Mootral tiene potencial, pero necesitamos ver más pruebas”.

Recaudación de fondos durante una pandemia

Hafner, que es alemán y tiene un carácter reservado que parece más apto para una sala de juntas que para un establo, se muestra más optimista respecto a las posibilidades de Mootral. Si la economía mundial se abre en los próximos meses, espera que unas 300.000 vacas estén tomando sus suplementos para el próximo año, y 7,5 millones para 2024.

Sin embargo, es realista sobre los desafíos. En marzo, los acuerdos con varios inversionistas se pusieron en pausa cuando la propagación del coronavirus empezó a aumentar. Un grupo se había comprometido a invertir 6,5 millones de euros (alrededor de 7 millones de dólares) y otro 6,5 millones de euros si se cumplían ciertos objetivos científicos.

“¿Eso nos ha puesto en un aprieto? Por supuesto”, dijo Hafner hace poco por teléfono desde Austria, donde tiene una casa y pasó parte de marzo y abril recuperándose de lo que un médico le diagnosticó como coronavirus. (No se hizo la prueba). Después de haber invertido más de 20 millones de dólares de su propio dinero en el negocio, añadió: “Tenemos un plan para sobrellevar la tormenta y superar esta dificultad”.

Con el tiempo, el plan de Mootral es vender su aditivo alimenticio por casi 50 euros al año por vaca. Hafner, cuyo primer trabajo después de abandonar sus estudios universitarios fue en Burger King, dijo que añadiría solo unos pocos centavos al costo de la carne o los lácteos. Calcula que las tiendas de comestibles, las cadenas de restaurantes y las grandes empresas de leche y ganado estarán dispuestas a asumir el costo porque están bajo una presión cada vez mayor de atraer a clientes de mentalidad ecológica y satisfacer los mandatos de sustentabilidad de los inversionistas y los gobiernos. Si Hafner alcanza su objetivo para 2024, tendrá ingresos anuales de 375 millones de euros.

La estrategia de participar en un programa televisivo de citas

En el Reino Unido, la granja Brades ya ha pasado por momentos difíciles. Hace cinco años, casi cerró después de que los precios de la leche se desplomaron. Los documentales que detallaban el daño ambiental de la ganadería, como “Cowspiracy”, producido por Leonardo DiCaprio, no ayudaron. En determinado momento, los hermanos Towers se desesperaron tanto que, con tal de llamar la atención, Eduardo concursó en un programa de citas: “Amor en el campo”.

“No vendimos leche”, dijo Edward Towers sobre la experiencia, “pero he estado con mi novia durante tres años”.

Mootral era un recurso vital. Al promocionar las menores emisiones de metano de sus vacas, la granja Brades ha encontrado un nicho en el mercado con la venta de leche ecológica a cafeterías y baristas artesanales de todo el Reino Unido, en botellas que tienen una etiqueta que dice: “Menos eructos de metano”.

En marzo, detrás del granero donde las vacas comen y descansan, el olor a ajo se desprende de montones de pienso Mootral. Dos veces al día, se mezcla con pasto, maíz, forraje y colza. El aditivo representa alrededor del uno por ciento de los 34 a 50 kilos de alimento que come una vaca al día.

“Alimentar a 400 vacas con esto no va a cambiar el mundo, pero poner el ejemplo y ser el primero puede hacer una gran diferencia”, concluyó Towers. “Eso es lo genial de nuestra pequeña granja”.

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This article originally appeared in The New York Times.

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