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Se aferró al poder y no entró en razón cuando se hizo evidente la debacle total de su compañía

Sam Bankman-Fried ofrece unas palabras en la conferencia Crypto Bahamas en Nasáu, el 27 de abril de 2022. (Erika P. Rodriguez/The New York Times)
Sam Bankman-Fried ofrece unas palabras en la conferencia Crypto Bahamas en Nasáu, el 27 de abril de 2022. (Erika P. Rodriguez/The New York Times)

Cuando la casa de cambio de criptomonedas FTX se declaró en quiebra el 11 de noviembre, el fundador de la empresa, Sam Bankman-Fried, anunció la noticia en un mensaje contrito de Twitter.

El problema fue que su intento de calmar la situación contradijo lo que acababa de ocurrir dentro de la compañía. Conforme sucedía la crisis, un grupo de abogados y ejecutivos de FTX tomaron medidas para despojar a Bankman-Fried de su autoridad e instaron a los altos líderes de la empresa a prepararse para la bancarrota. Durante varios días, Bankman-Fried ignoró sus advertencias y se aferró al poder, al parecer convencido de que rescataría a la firma, pese a la evidencia creciente que apuntaba a lo contrario.

“Las transacciones deben detenerse de inmediato”, escribió Ryne Miller, un abogado destacado de FTX, en un correo electrónico del 10 de noviembre dirigido a Bankman-Fried y a otros miembros del personal. “Por el momento, el equipo fundador no está en una posición de cooperación”.

Al final, Bankman-Fried cedió, dimitió como director ejecutivo de FTX y autorizó que la empresa se declarara en quiebra. Decenas de páginas de correos electrónicos y mensajes de texto internos de la compañía obtenidos por The New York Times ofrecen un vistazo detallado de esos últimos días caóticos, en los que se intercambiaron montones de mensajes entre funcionarios de FTX que parecían sentirse cada vez más frustrados con el fundador de 30 años.

En todo momento, Bankman-Fried parecía delirar sobre las posibilidades de supervivencia de FTX, pues insistía en que podía encontrar una forma de mantener a la empresa en marcha, según muestran los documentos. Un día antes de la declaración de bancarrota, les dijo a los empleados que estaba tratando de recaudar nuevos fondos y, apenas la semana pasada, declaró que se arrepentía de haber autorizado la solicitud de quiebra.

Los mensajes que revisó el Times y las entrevistas con personas enteradas del asunto muestran que un grupo pequeño de abogados y ejecutivos tuvo muchas dificultades para hacer a Bankman-Fried entrar en razón; incluso apelaron a su padre cuando presentaron sus argumentos insistentes. Mientras Bankman-Fried se apresuraba a conseguir inversionistas, Miller envió un mensaje de texto a los altos miembros del personal en el que describía la posibilidad de éxito de una recaudación de fondos como “0% probable”.

El tira y afloja continuó hasta las primeras horas del 11 de noviembre, cuando Miller envió una serie de mensajes que exhortaban a Bankman-Fried a firmar los papeles para que la compañía pudiera declararse en bancarrota.

“Por favor, firma este documento”, escribió a las 2:29 a. m.

El peor momento

La implosión de FTX ha detonado una de las peores turbulencias en la historia de las criptomonedas. Hasta este mes, Bankman-Fried era considerado una de las pocas figuras de confianza en una industria poco responsable y regulada. Construyó un imperio comercial, invirtió en firmas de criptomonedas más pequeñas y participó en cabildeos agresivos en Washington.

Ahora, sus acciones están devastando a la industria. Cientos de miles de clientes depositaron sus fondos en FTX, que ofrecía un mercado donde la gente podía comprar y vender monedas digitales; la casa de cambio les debe a sus acreedores un estimado de 8000 millones de dólares. Además, desde la implosión, varias firmas importantes de criptomonedas con vínculos cercanos a FTX han sentido una enorme presión financiera, a medida que aumentan los temores de que este colapso pueda provocar el fracaso de otras empresas. El lunes, el criptoprestamista BlockFi se declaró en quiebra, y entre las causas citó las repercusiones de la desintegración de FTX.

Sam Bankman-Fried, director ejecutivo de FTX, durante un panel en la conferencia Crypto Bahamas en Nasáu, el 27 de abril de 2022. (Erika P. Rodriguez/The New York Times)
Sam Bankman-Fried, director ejecutivo de FTX, durante un panel en la conferencia Crypto Bahamas en Nasáu, el 27 de abril de 2022. (Erika P. Rodriguez/The New York Times)

Las implicaciones legales apenas están comenzando a tomar forma. Los fiscales del Departamento de Justicia están investigando el declive de FTX, con un enfoque especial en si la casa de cambio infringió la ley al otorgar en préstamo el dinero de sus clientes al fondo de cobertura Alameda Research, del cual Bankman-Fried también es fundador y propietario. En el tribunal para la declaración de quiebra, el nuevo director ejecutivo de FTX ha propinado críticas duras contra la administración de la empresa por parte de Bankman-Fried, pues la llamó un “completo fracaso de control corporativo”.

Cuando se le contactó por teléfono el domingo por la noche, Bankman-Fried se rehusó a dar comentarios sobre los mensajes que los altos directivos intercambiaron en los días previos a la declaración de quiebra. Pero afirmó que, incluso después del colapso de FTX, había encontrado “numerosos actores” dispuestos a invertir fondos. No quiso nombrar a ninguno de los posibles inversionistas.

Miller y un vocero de FTX se negaron a ofrecer comentarios.

Sin remedio

La crisis inició el 8 de noviembre, cuando Bankman-Fried anunció que una retirada de depósitos en FTX lo había obligado a venderle la empresa a uno de sus mayores rivales, Binance. Durante un día más o menos, este acuerdo planteó la posibilidad de que FTX tal vez lograría sobrevivir como parte de una casa de cambio gigante dirigida por Binance. Pero, tras revisar los registros contables de FTX, Binance se retiró del acuerdo, y citó problemas con la “debida diligencia corporativa”.

“Sam, lo siento”, escribió el fundador de Binance, Changpeng Zhao, en un mensaje de texto a Bankman-Fried. “Pero no podremos continuar con este acuerdo. Hay demasiados problemas. CZ”.

Ante el veloz desplome de FTX, Miller trató de tomar el control de la situación. Como exabogado de la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos, Miller había fungido como consejero general de la rama estadounidense de FTX desde agosto de 2021. Si bien nunca perteneció al círculo principal de asesores de Bankman-Fried en las Bahamas, donde se ubican las oficinas centrales de FTX, había acompañado al joven ejecutivo en reuniones con reguladores en Washington.

En las primeras etapas de la crisis, Caroline Ellison, la directora ejecutiva de Alameda, escribió en un chat grupal con Miller que estaba “un poco preocupada de que todos vayan a renunciar/tomar vacaciones”, y agregó un emoticono de una carita sonriente con una gota de sudor. Miller respondió el 9 de noviembre que FTX necesitaba “un gerente profesional facultado con la autoridad de tomar decisiones”.

Esa misma tarde, Miller le pidió a Bankman-Fried y a otros dos ejecutivos que detuvieran las operaciones en las plataformas de FTX.

“¿Quién puede desactivar los sitios web?”, preguntó en un chat de grupo a las 4:41 p. m.

Dos minutos después, obtuvo una respuesta de Constance Wang, directora de operaciones de FTX y una de las principales socias de Bankman-Fried.

“Ryne, te quiero, pero no quiero rendirme todavía”, escribió.

Miller y otros ejecutivos de FTX también instaron a Bankman-Fried a ceder algo del control de su imperio comercial. En un momento dado, Zach Dexter, un ejecutivo que trabajó en la división estadounidense de FTX, le pidió a Bankman-Fried que les delegara a él y a Miller las operaciones en Estados Unidos. En una conversación en el sistema de mensajería Slack, Bankman-Fried en un inicio pareció esquivar la pregunta de Dexter. En lugar de responder, le envió unas propuestas de frases para un banner publicitario en el sitio web estadounidense de FTX.

Al poco tiempo, otros funcionarios de FTX se sumaron a la iniciativa y exhortaron a Bankman-Fried a ceder un poco de control.

(VIDEO) ¿Se puede comparar a FTX con Enron?

Sin embargo, Bankman-Fried parecía convencido de que podía salvar a FTX. En un mensaje del 10 de noviembre dirigido a los empleados, anunció que esperaba asegurar nuevo financiamiento por parte del criptoempresario Justin Sun. FTX tenía “mucho en teoría o en potencia para la recaudación”, escribió.

Tras bambalinas, escalaba la presión para nombrar a un nuevo ejecutivo que liderara la casa de cambio. La noche del 9 de noviembre, Andrew Dietderich, un abogado en Sullivan & Cromwell, les envió a los ejecutivos de FTX el currículo de John Jay Ray III, un experto en reestructuración corporativa que había encabezado la evolución de Enron tras el colapso de la firma energética a raíz de un escándalo de contabilidad en 2001.

“Sam, este es un excelente candidato y espero de todo corazón que firmes esto esta noche”, escribió Dexter en un correo electrónico enviado el 10 de noviembre por la noche. “Cuanto antes esté John en el puesto, más pronto se pueden resolver los problemas de la empresa que requieren avances urgentes”.

A esto le siguió un aluvión de correos electrónicos. En un mensaje enviado a las 3:38 a. m. del 11 de noviembre, Miller preguntó si había alguna noticia sobre la decisión de Bankman-Fried.

“Estoy charlando con Sam”, respondió Ken Ziman, un abogado del despacho Paul Weiss que representaba a Bankman-Fried.

Diez minutos más tarde, Ziman confirmó que Bankman-Fried había firmado el documento con el que autorizaba que Ray tomara el mando de FTX. La empresa se declaró en quiebra unas horas después.

Bankman-Fried también se sintió frustrado. Pese a haber cedido el control de FTX, siguió comunicándose con posibles inversionistas esperando recaudar financiamiento para la firma. La semana pasada, en una carta dirigida a sus excolegas, dijo que lamentaba haberse declarado en quiebra, pues aseguró que “surgió un posible interés en otorgar miles de millones de dólares en financiamiento unos ochos minutos después de que firmé los documentos del Capítulo 11”.

No presentó pruebas que respaldaran esa afirmación, y en todo caso, ya no llevaba las riendas de FTX. En la mañana del 11 de noviembre, Miller no tardó en enfatizar ese hecho, y solicitó que se eliminaran los datos de la antigua administración de la firma en su sitio web.

“¿Alguien puede acceder a FTX.com y a FTX US y eliminar las fotos y las bios de las personas que aparecen en la sección ‘Conócenos’?”, preguntó en un chat grupal con otros ejecutivos.

© 2022 The New York Times Company

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