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¿Usted ‘da cantaleta’ a sus empleado? Si es jefe vea por qué ya no funciona

El regaño no es la vía para corregir los errores de los empleados. Foto: Freepik.
El regaño no es la vía para corregir los errores de los empleados. Foto: Freepik.

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Llamar a los empleados a darles la ‘cantaleta’ es una práctica que se considera ya desgastada y que no funciona con las actuales generaciones de jóvenes.

A estas alturas parece casi un hecho científico que la cantaleta no sirve para nada. De hecho, “cantaleta” es un término casi despectivo. Según la RAE, la definición original de “cantaleta” es “Ruido y confusión de voces e instrumentos con que se hacía burla de alguien”, así que llamar “Cantaleta” a los regaños de alguien evidentemente crea una imagen negativa en la mente.

Sin duda, si pregunta por ahí si la cantaleta sirve para algo, la respuesta en la mayoría de los casos será “no”. Entonces, ¿por qué hay gente que le “echa cantaleta” a sus empleados? ¡Es bastante común de hecho! Claro, un empleado rara vez volteará los ojos o chasqueará la lengua con rebeldía como un hijo adolescente… De manera que si quiere saber si está echando cantaleta inútil, debe evaluar usted mismo la manera en la que reprende.

¿Qué convierte a una reprimenda en cantaleta?

O en otras palabras, ¿qué hace que un regaño a los empleados se vuelva “cansón”? Primero que todo cabe aclarar que las reprimendas no son necesariamente malas o buenas con los empleados. Dependiendo de cómo se haga, se pueden lograr grandes cambios en las personas. Puede hacer que se den cuenta de un error que han estado cometiendo toda su vida, o puede hacer que se den cuenta de que no les caes tan bien como pensaban, y que su empresa no es la indicada para ellos.

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“Si al reprender a alguien lo denigras o humillas, si lo insultas, o si actúas con enojo hacia la persona que reprimes (Sí, el enojo siempre es contraproducente), lo único que ganarás serán puestos vacíos en tu empresa.

Por otro lado, si te pones a contar anécdotas que difícilmente vienen al caso, te lamentas de tu propia suerte, o si no haces más que enfocarte demasiado en los problemas sin pedir soluciones, la gente dejará de ponerte atención, descartará todo lo que digas (por más que tengas razón) como “cantaleta”, y no te hará caso.” Comenta Jairo Pinilla, director de Performia Colombia.

Esto le debe pagar una empresa a un trabajador al renunciar
El regaño es una forma de dañar el clima laboral de la empresa. Foto: tomada de istockphoto.com – Sakorn Sukkasemsakorn

Empleados ¿Por qué no funciona la cantaleta?

La razón detrás de esto es un principio de la vida muy sencillo: el autodeterminismo. A las personas les gusta decidir lo que hacen o no hacen, y en algunos casos es casi un impulso irracional. El niño que insiste en comer barro después de que se le regañe lo hace precisamente para demostrar que él tiene el control.

Por supuesto, si obtiene el respeto de alguien, esa persona también puede decidir autodeterminadamente que va a escucharlo, y esto es a lo que debería aspirar. Pero si está comentándole un problema a alguien que no está de acuerdo con su posición es posible que, consciente o inconcientemente, esta persona vuelva a cometer el mismo error solo para demostrar que él tiene control sobre sus acciones, no usted.

¿Entonces cómo asegurarse de que se resuelva el problema?

Si quiere que sus colaboradores lo tomen en serio cuando se les pida mejores resultados, o señale las fallas en su trabajo que están poniendo en riesgo a su empresa, hay un par de normas que suelen funcionar muy bien.

1 – Si tiende a ponerse emocional, evite abordar cualquier problema mientras lo está. Apártese del problema, salga a dar un paseo o simplemente enciérrese en su oficina (o en el baño, incluso) por el tiempo que sea necesario hasta que puedas pensar sin apretar los puños. El enojo solo produce malentendidos y más enojo.

2 – Busque acuerdos. La sensación de cantaleta viene de un regaño con el que la persona no está de acuerdo. Pregunta si la persona cree que lo que hizo está bien, pregunta por su opinión y su punto de vista. No solo le restriegue la suya en la cara.

Quién sabe, tal vez descubra que hay una gran falla en la maquinaria de la que no sabías que causó el problema. ¡Siempre escuche y busque acuerdo!

3 – No le de vueltas al asunto. Naturalmente, nadie disfruta que le recalquen una y otra vez sus errores con explicaciones e historietas. Si hay un problema, pregúntale al que lo causó si entienda cuál es. Si dice que sí, no le explique porqué es un problema, lo grave que es, porqué debería tener cuidado o lo degradada que está la juventud de hoy en día.

Si la persona no entiende, explícaselo brevemente, hasta que la otra persona dé señal de captar el asunto, e inmediatamente enfócate en algo mejor: pídele soluciones. (Por supuesto, si la persona no entiende lo que está mal en algo que hizo evidentemente mal, puede que sea hora de conseguir otra persona)

4 – Las soluciones son lo que vale. No se centre en el problema. Si las propuestas que dan no funcionan bien, o no solucionan todo, pida que las cambien un poco, o compleméntelas si es necesario. Pero no gire alrededor de los daños y dificultades. Sé sencillo: “¿Entiendes? De acuerdo. ¿Qué vas a hacer al respecto?”.

Cultive una cultura de soluciones y tendrá mucho menos trabajo en sus hombros, mucho mayor eficiencia en su empresa, y muchísimo más respeto de sus subordinados.

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