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El futuro es verde, muy conectado y comienza ahora

La inversión temática pone de relieve esta afirmación. Las vías de inversión alineadas con las megatendencias se basan inherentemente en visiones de futuro. Pero lo que hace que la inversión temática sea mucho más atractiva es que existen algunas megatendencias que ya están en marcha. Los inversores de temáticas, por lo tanto, sólo necesitan observar la dirección de la corriente y nadar con la marea.

Pero, por supuesto, el momento importa. En el mercado bajista de 2022 ha creado un punto de entrada atractivo para los inversores a largo plazo. Además, el sector de la inversión ahora ofrece a los inversores más exigentes formas de acceder a activos temáticos diferenciados alineados con megatendencias únicas.

Para los inversores, esto significa más opciones entre las que elegir, y en este momento hay dos asuntos que parecen especialmente interesantes.

El futuro es verde: la inevitable transición energética

Tras dieciocho meses de intensas disputas, EE. UU. ha aprobado un paquete económico de 700 mil millones de dólares que muchos consideran un paso monumental para abordar el cambio climático. El proyecto de ley incluye 369 mil millones de dólares para la acción climática, incluyendo créditos fiscales para que los hogares compren vehículos eléctricos, soporte para las energías renovables y para la investigación sobre la captura de carbono, la energía de hidrógeno y los reactores nucleares a pequeña escala.

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La creación de un sector energético sostenible y eficiente requerirá de una gran inversión en todas las formas de energía limpia, incluidas las energías renovables, el hidrógeno, los biocombustibles, la energía hidráulica e incluso la nuclear.

Recientemente, el Parlamento Europeo ha decidido clasificar la inversión futura en gas natural y, más notablemente, la energía nuclear como ambientalmente sostenible (bajo ciertas condiciones) en un cambio fundamental que reconoce la necesidad de un enfoque que incluya “todo lo anterior” para eliminar los combustibles fósiles.

Fruta madura

El sector de la energía representa alrededor de las tres cuartas partes de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, siendo el transporte por carretera el que representa la mayor parte con un 11,9%. Por lo tanto, tiene sentido comenzar donde se puede lograr el mayor progreso y generar el impacto de máximo alcance.

Según el informe Long Term Electric Vehicle (EV) Outlook 2022 de Bloomberg New Energy Finance, a partir de ahora y hasta el año 2050, el mercado de vehículos eléctricos (Ves) tiene la oportunidad de generar 82 billones de dólares en un escenario neto cero. Esto se debe no sólo a los vehículos, sino también al conjunto de industrias que los rodea, que incluyen la tecnología de baterías, las materias primas, la infraestructura de carga y de reciclaje, por nombrar algunas. Dado que las ventas de vehículos eléctricos ya están en una trayectoria exponencial (ver Gráfico 1), estas previsiones parecen plausibles.

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Sin medias tintas

La electrificación del transporte por carretera podría generar un aumento del 27% de la demanda de electricidad para 2050. Por lo tanto, es crucial que la energía eléctrica en sí también sea limpia.

Dentro de las energías renovables, la energía eólica marina está de moda en este momento, y por una buena razón. Según Wood Mackenzie, se espera que casi 1 billón de dólares fluya hacia el mercado eólico marino durante la próxima década, dada su escalabilidad.

Pero más energía renovable también requerirá más almacenamiento de energía. La tecnología de las baterías vuelve a entrar en juego. Las baterías de iones de litio, eficaces para el almacenamiento de menor duración, se complementarán con las tecnologías emergentes de almacenamiento de mayor duración. Esto garantizará que el suministro de energía no sólo sea confiable durante unas pocas horas, sino que pueda alargarse durante días y semanas.

El futuro está muy conectado: la transición digital en curso

Según Statista, la cantidad de dispositivos conectados al Internet de las cosas (IoT) en todo el mundo aumentó de 8.600 millones en 2019 a 11.300 millones en 2021, y probablemente alcance los 29.400 millones en 2030. El mundo está cada vez más conectado.

No hay mal que por bien no venga

El mundo ha pasado rápidamente del alquiler de casetes y DVDs a los servicios de streaming basados ​​en la nube que utilizan la inteligencia artificial para ofrecer una experiencia personalizada. La transmisión de video no sólo ocupa nuestras pantallas de televisión.

También domina el uso de nuestro teléfono móvil. Según Ericsson, el tráfico global de datos móviles ha aumentado de 10,9 exabytes (EB) en 2017 a 90,4 EB en 2022, y se espera que alcance los 282,8 EB para 2027, siendo el video el principal impulsor de este atracón de datos (consulte el Gráfico 2 a continuación).

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Gartner prevé que en 2022 el gasto de los usuarios finales de la nube pública crecerá un 20,4% hasta los 494.700 millones de dólares, frente a los 410 mil millones de dólares de 2021. Esta cifra alcanzará casi los  600 mil millones de dólares en 2023. Ahora, para los usuarios finales sentados en sus hogares transmitiendo contenido, películas y programas de televisión, todo puede estar en la “nube”.

Pero para YouTube, Netflix y Spotify, estos datos deben almacenarse físicamente en algún lugar. La explosión en el uso de datos requerirá más centros de datos y velocidades de Internet cada vez mayores. Para los inversores que ven el cloud computing como una megatendencia, la oportunidad no solamente está en el software, sino también en los activos inmobiliarios que proporcionan la infraestructura necesaria.

Esta megatendencia no es opcional

Si una empresa se apresura a pasarse a la nube y recopila todos los datos de usuario necesarios para mejorar su servicio, pero luego lo estropea todo al ser víctima de un ataque cibernético, el resultado podría ser catastrófico. Más conectividad significa más puntos de vulnerabilidad para que los sujetos nefarios exploten. Cybersecurity Ventures espera que los costes anuales globales del ciber delito alcancen los 10,5 billones de dólares para 2025, frente a los 3 billones de dólares en 2015.

Como consumidor de cualquier producto o servicio, la ciberseguridad es algo de lo que nunca se quiere oír hablar. Si todo está en orden, no pasa nada. Pero eso sólo es posible si las empresas se aseguran de que existan sistemas de protección sólidos. La ciberseguridad, por tanto, es una megatendencia que no es opcional, sino obligatoria. Es lo que hace que un mundo conectado sea sosteniblemente posible.

Pero: ¿y los riesgos?

Sí, una mayor posición restrictiva de los bancos centrales podría generar mayores turbulencias. De todos modos, la política monetaria no debería alterar la dirección de viaje. Por lo tanto,  hay que estar al tanto de las cifras de inflación y la respuesta de los bancos centrales.

La desglobalización también puede plantear un desafío, especialmente en la transición energética que depende de ciertas materias primas. Las cadenas de suministro se extienden por todo el mundo y un esfuerzo coordinado para abordar el cambio climático sería más fructífero que uno fragmentado.

Conclusión

Los protagonistas cambiarán, los antagonistas cambiarán y habrá giros inesperados. Y para cada inversor, la trama puede complicarse de manera algo diferente. Pero las historias están en marcha. Y ahora es un momento excelente para que los inversores no sólo observen que el mundo se está volviendo más verde y conectado, sino que ayuden a impulsar el cambio que quieren ver.