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La Ley de Chips va más allá de los chips: una mirada a su contenido

Parte de un semiconductor en una fábrica de Intel en Chandler, Arizona, el 18 de noviembre de 2021. (Philip Cheung/The New York Times)
Parte de un semiconductor en una fábrica de Intel en Chandler, Arizona, el 18 de noviembre de 2021. (Philip Cheung/The New York Times)

El 28 de febrero, el gobierno de Joe Biden develó las reglas de su programa “Chips para Estados Unidos” que busca fortalecer la investigación y fabricación de semiconductores en Estados Unidos, con lo cual inicia una nueva avalancha de financiamiento federal en el sector.

El Departamento de Comercio tiene 50.000 millones de dólares para repartir bajo la modalidad de financiamiento directo, préstamos federales y garantías de préstamos. Es una de las mayores inversiones federales en una sola industria en décadas y enfatiza la profunda preocupación de Washington por la dependencia que tiene Estados Unidos de los chips extranjeros.

Debido al enorme costo de construir instalaciones de semiconductores muy avanzados, el financiamiento podría llegar rápido y la competencia por el dinero ha sido intensa.

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A continuación, una mirada a la Ley de Chips y Ciencia, sus objetivos y su funcionamiento.

Financiamiento de la producción e investigación de chips

La mayor parte del dinero —39.000 millones de dólares— se destinará al financiamiento de la construcción y ampliación de instalaciones de fabricación. Otros 11.000 millones se distribuirán este mismo año para respaldar la investigación de nuevas tecnologías de chips.

Una fábrica de Intel en construcción en Chandler, Arizona, el 17 de noviembre de 2021. (Philip Cheung/The New York Times)
Una fábrica de Intel en construcción en Chandler, Arizona, el 17 de noviembre de 2021. (Philip Cheung/The New York Times)

Es probable que gran parte del dinero para la fabricación llegue a unas pocas empresas que producen los semiconductores más avanzados del mundo —entre ellas Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC), Samsung Electronics, Micron Technology y, tal vez en el futuro, Intel— para ayudarles a construir instalaciones en Estados Unidos.

Una parte irá a los fabricantes de chips más antiguos que siguen siendo esenciales para los automóviles, los electrodomésticos y las armas, así como a proveedores de materias primas para la industria y las empresas que empacan los chips dentro de sus productos finales.

Aunque algunos críticos han cuestionado la sensatez de otorgar subsidios a una industria rentable, los ejecutivos de las empresas de semiconductores arguyen que tienen pocos incentivos para invertir en Estados Unidos, debido a los costos más altos de los trabajadores y de mantener el funcionamiento de una fábrica.

El gobierno no tiene planes para financiar proyectos enteros. Según funcionarios del gobierno de Biden, planean ofrecer subsidios de entre el cinco y el 15 por ciento de los gastos de capital de una empresa para un proyecto, sin que el financiamiento supere el 35 por ciento del costo. Las empresas también pueden solicitar un crédito fiscal que les reembolse el 25 por ciento de la construcción del proyecto.

Limitar la dependencia del extranjero

Gina Raimondo, secretaria de Comercio, describe el programa como una de las iniciativas de seguridad nacional más importantes.

Aunque Estados Unidos sigue siendo líder en el diseño de chips, la mayor parte de la fabricación se ha enviado al extranjero. En la actualidad, más del 90 por ciento de los chips con tecnología más avanzada, cruciales para el ejército y la economía estadounidenses, se producen en Taiwán. Esto ha provocado preocupación por la vulnerabilidad del suministro, debido a la agresividad de China hacia Taiwán y la posibilidad de una invasión militar a la isla.

Al mismo tiempo, China ha aumentado su participación en el mercado de los chips menos avanzados que siguen siendo críticos para los automóviles, aparatos electrónicos y otros productos. Estados Unidos fabrica el 12 por ciento de los chips, aunque ninguno de los más avanzados del mundo.

La escasez de chips durante la pandemia obligó a las fábricas a interrumpir el trabajo y puso de manifiesto de un modo tangible cuán vulnerable es la cadena de suministro a las interrupciones. En solo tres ocasiones del año pasado, los trabajadores de las fábricas de Ford Motor en Míchigan e Indiana trabajaron una semana completa debido a la escasez de chips, mencionó Raimondo en un discurso en la Universidad de Georgetown la semana pasada. Esto sirvió para crear una escasez de automóviles y elevar su precio, lo cual avivó la inflación.

Según el Departamento de Comercio, el programa también les brindará una fuente nacional de los chips más avanzados del mundo al Departamento de Defensa y a la comunidad de seguridad nacional.

Construcción de centros de chips

Según Raimondo, la meta es construir al menos dos centros de fabricación en Estados Unidos a fin de producir los tipos más avanzados de chips lógicos, así como instalaciones para otros tipos de chips y complejas redes de suministro para respaldarlos.

Los funcionarios del Departamento de Comercio se han negado a especular sobre dónde podrían estar ubicadas estas instalaciones, bajo el argumento de que deben revisar las solicitudes. Sin embargo, los fabricantes de chips ya han anunciado miles de millones de dólares en planes de nuevas inversiones en todo Estados Unidos.

TSMC, empresa que produce la mayoría de los chips más avanzados del mundo, ha estado muy ocupada expandiéndose en Arizona, mientras que Samsung, la segunda empresa productora, está creciendo en Texas. Micron, la cual fabrica chips de memoria avanzados, ha anunciado grandes planes de expansión en Nueva York. E Intel, un gigante tecnológico estadounidense que está realizando grandes inversiones para tener una ventaja tecnológica, ha comenzado a construir un “megasitio” en Ohio.

No obstante, hay escepticismo en torno a lo que puede hacer el programa. Por ejemplo, un estudio de 2020 encontró que una inversión de 50.000 millones de dólares en el sector tan solo aumentaría hasta un 14 por ciento la participación de Estados Unidos en el mercado.

Proteger los fondos de los contribuyentes

El gobierno de Biden está arriesgando mucho para demostrar que esta incursión en la política industrial puede funcionar. Los críticos arguyeron que el gobierno federal tal vez no sea el mejor juez de ganadores y perdedores. Si el gobierno se equivoca, podría enfrentar críticas intensas.

El Departamento de Comercio señaló que iba a examinar de cerca a las empresas que solicitaran financiamiento, para intentar garantizar que no se les diera más dinero de los contribuyentes del necesario.

En una decisión que podría molestar a algunas empresas, el departamento afirmó que los proyectos que reciban subsidios tendrían que compartir una parte de las ganancias imprevistas, a fin de garantizar que las empresas den proyecciones financieras exactas y no exageren los costos para obtener mayores subsidios.

El Departamento de Comercio también mencionó que iba a repartir el financiamiento con el tiempo conforme las empresas alcanzaran los hitos de los proyectos y que iba a dar preferencia a las que se comprometieran a abstenerse de recomprar acciones, lo cual suele enriquecer a los accionistas y a los ejecutivos de las empresas al aumentar el precio de las acciones de una empresa.

Las empresas también tienen prohibido realizar nuevas inversiones de alta tecnología en China u otros “países de interés” durante al menos una década, para hacer lo posible por garantizar que el dinero de los contribuyentes no se destine a financiar nuevas operaciones en China.

Sin embargo, según los analistas, está por ver cuán difícil será hacer cumplir estas disposiciones. Las finanzas de las empresas pueden ser opacas y, cuando una empresa ahorra un dólar en Estados Unidos, tal vez decida invertirlo en otro lugar.

c.2023 The New York Times Company