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Esto es lo que ocurre cuando 'Ted Lasso' y el mundo de las criptomonedas se unen

Preston Johnson, uno de los propietarios del Crawley Town FC, en un día de jornada en el Broadfield Stadium en Crawley, Inglaterra, a unos 48 kilómetros al sur de Londres, el 15 de octubre de 2022.  (Tom Jamieson/The New York Times).
Preston Johnson, uno de los propietarios del Crawley Town FC, en un día de jornada en el Broadfield Stadium en Crawley, Inglaterra, a unos 48 kilómetros al sur de Londres, el 15 de octubre de 2022. (Tom Jamieson/The New York Times).

Preston Johnson, un millonario de las criptomonedas de voz suave y barba marrón larga y tupida, se inclinó hacia delante en su asiento, con los puños apretados, para inspeccionar su imperio. No estaba en un megayate ni disfrutando de ninguna de las otras ventajas ostentosas de la riqueza en criptomonedas. El escenario era más humilde: un pequeño estadio de fútbol en una localidad unos 48 kilómetros al sur de Londres, donde el equipo con el peor récord en las ligas profesionales de Inglaterra luchaba por sobrevivir.

En un sábado soleado a mediados de octubre, Johnson, de 35 años, se sentó en un palco sobre la cancha para ver al Crawley Town enfrentarse al visitante Newport County, un club del sur de Gales. Mientras se esforzaba para hacerse escuchar entre gritos de: “¡Patea el maldito balón!”, Johnson explicó que el garabato de colores de arcoíris salpicado en las nuevas camisetas Adidas del Crawley era arte de un “NFT históricamente significativo” (NFT es la sigla en inglés de “token no fungible”, los coleccionables digitales únicos cuya popularidad se disparó el año pasado). Algún día, afirmó, una grabación inmersiva de este tipo de partido de fútbol común y corriente podría atraer espectadores en el metaverso.

En el mundo físico, Crawley tenía problemas más inmediatos: la tabla del marcador estaba dañada. Y con solo una victoria en sus primeros 12 juegos, el equipo estaba en el último lugar de la League Two, la división profesional más baja del fútbol inglés, frente a un posible descenso.

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Esta no era la visión de éxtasis deportivo inspirado en la cadena de bloques que Johnson había esbozado seis meses atrás, cuando él y un grupo de colegas criptoempresarios estadounidenses recaudaron 18 millones de dólares para comprar el Crawley, un club de fútbol que compite tres divisiones por debajo de la insigne Premier League. Con una pizca de alarde típico de la industria de la tecnología, los propietarios se habían comprometido a convertir al humilde Crawley en el “equipo del internet”. Su objetivo fue construir una afición global de entusiastas de las criptomonedas e impulsar al club hacia la grandeza, o al menos ayudarlo a ascender de la cuarta división a la tercera. Johnson presentó el plan de la adquisición futbolística a los socios comerciales como una versión real del positivo y divertido programa de televisión “Ted Lasso”, pero inyectada con “criptococaína”.

Por mero instinto, los aficionados del Crawley desconfiaron de los estadounidenses. Pero Johnson y sus socios inversionistas pronto se ganaron algo de su buena voluntad: durante el verano, recaudaron 4,8 millones de dólares de la venta de una línea de NFT con temática futbolística. Los propietarios utilizaron las ganancias —que superaron unas siete veces los ingresos del club la temporada pasada— para invertir de manera agresiva en el equipo: contrataron analistas de video y reclutaron a un delantero estrella. También redujeron los precios de los abonos de temporada y se comprometieron a involucrar a los aficionados en la toma de decisiones del club, con un estilo de gestión transparente e igualitario que describieron como un reflejo de los principios utópicos de las criptomonedas.

Sin embargo, los resultados en el campo han sido desastrosos: la semana previa al partido contra el Newport, Crawley perdió 3 a 0 contra el Grimsby Town, lo que llevó a Johnson a despedir al entrenador que había contratado durante el verano. “Hemos profesionalizado al club sobremanera”, le explicó Johnson a un conocido que lo acompañó en el palco durante el partido contra el Newport. “Simplemente no hemos podido ganar”.

A medida que las monedas digitales fueron obteniendo gran popularidad el año pasado, los anuncios de criptomonedas se volvieron omnipresentes en el mundo de los deportes. Un comercial de Coinbase fue emitido durante el Supertazón. La casa de cambio de criptomonedas FTX, dirigida por el multimillonario Sam Bankman-Fried, compró los derechos para que el estadio de los Miami Heat lleve el nombre de la compañía. En Europa, una compañía llamada Socios comercializa “tokens de aficionados” centrados en el fútbol, monedas digitales especiales asociadas con equipos como el Barcelona y el Manchester City. Para los críticos, la avalancha de mercadotecnia deportiva de la industria de las criptomonedas parecía una estrategia oportunista para atraer a hombres jóvenes hacia inversiones especulativas; cuando el mercado de las criptomonedas colapsó esta primavera, llevándose unos 2 billones de dólares en valor, muchos de estos operadores principiantes lo perdieron todo.

Johnson insiste en que su proyecto futbolístico es diferente. En lugar de venderles criptomonedas a los aficionados del Crawley, afirmó, el grupo propietario está tratando de vender el Crawley a los aficionados de las criptomonedas, para así generarle nuevas fuentes de ingresos al club. Con un mayor escepticismo sobre la industria a raíz del colapso, el proyecto es un esfuerzo quijotesco para demostrar que la tecnología de las criptomonedas tiene utilidad en el mundo real, como un vehículo para recaudar dinero e involucrar a los aficionados en un proyecto comunitario.

La inversión en el Crawley también es un acto de limpieza de reputación. El gran colapso de las criptomonedas de 2022 fue en parte un error de ambición: las compañías que se habían extralimitado, convencidas de que todo seguiría marchando bien, de repente lo perdieron todo. Los nuevos propietarios del Crawley desean con ansias ser respetados. Quieren demostrar que la élite de los nuevos ricos de la cadena de bloques pueden ser buenos administradores de una institución comunitaria. Pero al igual que el resto de la industria, han visto cómo sus extravagantes ambiciones chocan con la realidad.

Al comienzo de la temporada del Crawley, los entusiastas estadounidenses de las criptomonedas se reunían en las primeras horas del día en Nueva York y California para ver los partidos del equipo. Los eventos se convirtieron en oportunidades poco comunes de generación de contactos para las personas que trabajan en web3, el término general utilizado para definir un internet novedoso basado en la tecnología de la cadena de bloques. Sin embargo, la racha de derrotas del Crawley mitigó parte del entusiasmo. Los aficionados locales comenzaron a quejarse, y los tuits tiernos de los criptoinversionistas (“Sé muy amable con alguien hoy”, exhortó uno de ellos, por ejemplo) fueron recibidos con respuestas de enojo que pedían el despido del entrenador.

Una adquisición inusual

El gran plan para convertir a un pequeño equipo de fútbol inglés en un símbolo de la influencia global de las criptomonedas comenzó a miles de kilómetros de Crawley, en una sucursal de Nobu en Malibú, California. El otoño pasado, Johnson asistió a una cena en el restaurante a la orilla de la playa, donde un grupo de entusiastas de los NFT se había reunido para regodearse en su nueva riqueza. Se sintió como en casa: Johnson, un exanalista de apuestas para ESPN, había hecho una fortuna en criptomonedas, con activos NFT que totalizaron hasta 18 millones de dólares cuando el mercado alcanzó su punto máximo el año pasado.

En la cena, Eben Smith, un colega criptoempresario, se le acercó y le propuso una colaboración: un equipo deportivo para la criptocomunidad.

Durante los siguientes meses, Johnson y Smith reunieron a un grupo de unos 35 impulsores de criptomonedas, incluidos Gary Vaynerchuk, empresario de NFT y Daryl Morey, un entusiasta de la cadena de bloques que también es presidente de operaciones de baloncesto de los Sixers de Filadelfia. Establecieron una entidad comercial, a la cual llamaron WAGMI United. El nombre está inspirado en las siglas en inglés del grito de guerra: “Todos lo lograremos”, popular en los círculos de las criptomonedas.

Crawley, una ciudad industrial grande ubicada cerca del Aeropuerto de Londres Gatwick, no es una potencia atlética; en una entrevista, un miembro del proyecto WAGMI describió la localidad como “el Newark, Nueva Jersey, de Inglaterra”. Pero el club local estaba disponible a un precio relativamente asequible de entre 4 y 5 millones de libras, más o menos un tercio de lo que WAGMI había recaudado.

La adquisición por parte de criptoempresarios le ha generado un nivel inusual de atención al Crawley, lo que ha dejado a los jugadores y al personal algo desconcertados. Al principio de la temporada, un equipo de filmación de documentales comenzó a seguir a la plantilla para recopilar imágenes tras bastidores. Pero las cámaras desaparecieron tras unos días, y el equipo de filmación no ha vuelto desde entonces. “No estábamos seguros de si habían revisado el material de las grabaciones y habían dicho: ‘Esto es una basura’”, afirmó Tom Nichols, uno de los delanteros del Crawley.

El Broadfield Stadium, sede del club, no se parece en nada a las enormes arenas de la Premier League: se ven árboles detrás de las gradas, que rara vez están llenas, y muchos de los patrocinadores del club son locales, como una empresa de gestión de residuos cuyo logotipo está esparcido bajo el palco donde se suelen sentar los propietarios. Antes de los partidos, los aficionados se reúnen en un bar deportivo al lado del estadio para beber cerveza y recordar los fugaces momentos de gloria del club, como su valiente derrota 1 por 0 contra el Manchester United en 2011. “Eso es lo que buscas”, afirmó Scott Anscomb, un fanático del Crawley de 49 años, de pie frente al bar un fin de semana reciente. “Esto se trata de sueños y recuerdos”.

Los fanáticos de toda la vida afirman estar impresionados con la transparencia y la accesibilidad de los “criptopropietarios”. Johnson vive en el sur de California, pero ha viajado seis veces a Crawley en 2022; en agosto, días después del nacimiento de su hija, voló para ayudar al club a fichar nuevos jugadores. “Es agradable: vas a los juegos, y puedes saludarlo y conversar”, afirmó Carol Bates, una aficionada que asiste tanto a los partidos locales como a los de visitante.

La vara estaba baja. WAGMI le compró el club a un magnate acerero turco que rara vez interactuaba con los aficionados. Un propietario anterior, Mohammed Azwar Majeed, fue encarcelado por fraude fiscal. Quizás con esos antecedentes en mente, a algunos aficionados les preocupa que los criptoinversionistas extranjeros desaparezcan tan rápido como llegaron. “Mi temor es que estos tipos se aburran de esto”, afirmó Peter Frake, quien dirige una empresa de seguridad local que solía patrocinar las camisetas del equipo.

Pero, sobre todo, los aficionados tienen sus reservas de que Johnson, Smith y sus colaboradores tengan suficiente experticia futbolística como para construir un equipo exitoso. La decisión más importante que toma cualquier propietario es contratar a un entrenador. Cuando los dueños compraron el equipo, el entrenador del Crawley era John Yems, un veterano de las ligas menores que pronto fue despedido, luego de que los jugadores lo acusaran de racismo. Para remplazar a Yems, WAGMI contrató a Kevin Betsy, un entrenador de juveniles en el Arsenal que nunca antes había dirigido un equipo en las divisiones inferiores.

La contratación fue catastrófica. Betsy intentó desplegar un estilo de fútbol hábil y preciso que resultó incompatible para las divisiones menores. Fue despedido a principios de octubre tras una racha de cinco derrotas consecutivas.

Blockchain Jorge

En una noche reciente en Broadfield, el capitán del Crawley, George Francomb, se sentó en las gradas con Hunter Orrell, uno de los nuevos propietarios del club. Orrell, un operador de criptomonedas estadounidense de 28 años, tiene una página de TikTok dedicada al Crawley, lo cual lo ha convertido en una especie de celebridad entre los aficionados que rondan los 14 años, quienes hacen fila para pedirle selfis. Pero Francomb no estaba interesado en hablar sobre TikTok ni conversar sobre la colonia preferida de Orrell, un objeto de fascinación entre un segmento de la juventud local. Quería hablar sobre los NFT.

En la comunidad insular del fútbol de las divisiones menores, Francomb es conocido como un profesional experimentado y versátil, con la capacidad de jugar en múltiples posiciones. En Twitter, sin embargo, opera bajo el seudónimo de “Blockchain Jorge”, con el que publica memes sobre la industria de las criptomonedas y proporciona consejos de operaciones a sus 143 seguidores. Es tal vez uno de los pocos jugadores en la división que tiene una opinión informada sobre la compleja actualización del software criptográfico conocida como Merge. A veces, explicó en una entrevista, le preguntan si comprende a cabalidad los riesgos de las criptomonedas. “Comprendo los riesgos de mantener mi dinero en libras esterlinas”, afirmó. “Eso es lo que suelo responder”.

La fascinación de Francomb por las criptomonedas precede a la adquisición por parte de WAGMI. Pero incluso desde que el Crawley se convirtió en una marca de criptomonedas, sus esfuerzos por hacer “criptoproselitismo” en los vestidores han tenido resultados mixtos. Nichols, el delantero del equipo, dijo que en una oportunidad gastó aproximadamente 600 dólares en un NFT que mostraba una caricatura de un mono con una banda deportiva blanca en la cabeza. El valor de la imagen al final se desplomó a unos 20 dólares. “Esa fue una recomendación de George”, recordó con una mueca.

Francomb encontró más receptividad en Orrell, quien dirige Futureproof, una firma de criptoinversiones. Mientras sus compañeros de equipo salían a la cancha del Broadfield para un partido a mitad de semana contra el equipo juvenil del Aston Villa, Francomb le pasó su teléfono a Orrell para mostrarle una colección de NFT, antes de detallar el historial de precios de Rangas, una línea de criptocoleccionables cuyo valor se había disparado recientemente. Orrell escuchó con educación, y luego le compartió algunos conocimientos de su propia carrera como operador.

“Mi operación NFT más rentable: estaba en calzoncillos cuando la compré”, afirmó Orrell. “Estaba en la ducha, y luego salí y compré algunas cosas”.

Francomb y Orrell han estado muy involucrados en la “criptoficación” del Crawley. Durante el verano, el equipo reveló una nueva camiseta con el “garabato cromático”, un diseño con los colores del arcoíris que aparece en una popular colección de NFT. “Ese garabato significa mucho para mí”, afirmó Orrell. Francomb organizó personalmente y por separado otra promoción de criptomonedas: conectó a Johnson con un amigo que administra la plataforma de criptomonedas XCAD Network, y en poco tiempo el logotipo de XCAD comenzó a estar en la manga de las camisetas del Crawley,

Pero las iniciativas cripto más ambiciosas del club giraron en torno a la venta del NFT. Cualquiera que haya comprado un NFT del Crawley tiene derecho a votar sobre ciertas decisiones del club; una votación reciente ayudó a determinar las prioridades del equipo en el mercado de fichajes. Johnson también se ha comprometido a otorgarles a los poseedores de abonos de temporada y propietarios de NFT la oportunidad de sacarlo con votos del liderazgo del Crawley si el club no asciende a una división superior para 2024. (Es posible que Francomb no sea elegible para participar en ese referendo; no adquirió ningún NFT del Crawley. “No tenía mucho ETH de sobra”, afirmó, usando la abreviatura de una popular criptomoneda. “Dejaron fuera a su propio capitán con esos precios”).

‘No huele mal’

El partido contra el Newport County comenzó tras una semana tumultuosa en Broadfield. Unos días antes, Johnson había viajado a Inglaterra para tener conversaciones personales e individuales con los jugadores; Betsy fue despedido de inmediato y Lewis Young, un popular entrenador asistente, intervino como su remplazo temporal. Había mucho en juego: otra derrota dejaría al Crawley peligrosamente a la deriva en el fondo de la tabla de posiciones.

Cuando un cabezazo de refilón puso al Crawley arriba 2 a 0 poco después del medio tiempo, Johnson saltó de su asiento con las manos en alto, en celebración. El equipo concretó la victoria y Johnson corrió hacia la cancha, donde abrazó a Nichols y a Francomb. Luego revisó su teléfono y suspiró con frustración: debido a los resultados de otros partidos, el Crawley seguía en la zona de descenso, en riesgo de ser degradado a una división aún más baja.

Pero el estado de ánimo en el estadio había mejorado. En el estacionamiento, Johnson posó para una fotografía junto a un par de niños con camisetas del Crawley, mientras una mujer que los cuidaba hacía la captura. “Acérquense a él”, les ordenó, gesticulando de forma frenética. “No huele mal”.

Como analista de apuestas en ESPN, Johnson a veces se sentía como una “semicelebridad” en Las Vegas, donde los espectadores del canal lo saludaban y llamaban “Sports Cheetah”, su seudónimo en línea. Por estos días, Johnson es una semicelebridad en Crawley. “Queremos que tengas éxito”, le dijo un aficionado fuera del estadio.

Johnson sonrió. Sigue comprometido a convertir a un club de fútbol inglés desconocido en el equipo del internet, junto con una red global de acaudalados patrocinadores de criptomonedas. Pero, mientras el aficionado le daba una palmada en el hombro en señal de apoyo, Johnson quedó impresionado por la muestra de amabilidad, especialmente notoria tras meses de abusos en Twitter. Todos en Crawley, afirmó, eran mucho más agradables en persona.

© 2022 The New York Times Company